Sin haber superado su crisis conyugal, Elisa Carrió y los socialistas ensayarán esta semana algunos ejercicios de conciliación, de resultado todavía imposible de pronosticar a pesar de que las partes afirman que los vínculos personales «no están deteriorados».
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Por lo pronto, el jueves tienen programado un cortejo mutuo en la comisión de enlace, creada en medio de las primeras rispideces bilaterales y que, entre otros, animan los aristas puros Rafael Romá, Elsa Quiroz y Alberto Piccinini, más los socialistas Rubén Giustiniani, Oscar González, Héctor Bravo y Carlos Nivio. Este grupo de terapia colectiva se formó mucho antes del cimbronazo que provocó la ausencia del PS en la proclamación de la chaqueña como candidata presidencial hace 10 días en el porteño Teatro Coliseo. Precedió, asimismo, la rabieta que se agarró Carrió apenas se enteró de que había comenzado a circular un proyecto de Giustiniani que despenaliza algunos casos de aborto y que ya ganó adhesiones de varios lilistas, radicales y peronistas. Los socialistas se defienden admitiendo que 90% de sus simpatizantes profesan el culto católico y, por lo tanto, la iniciativa no afecta cuestiones confesionales. No obstante, Lilita advirtió que «no lo piensa votar».
Cuando se reúna la comisión de enlace, los delegados de Alfredo Bravo buscarán una señal favorable que los devuelva a la convivencia, aún en presencia del «conflictivo» Giustiniani: los lilistas todavía deben responder si aceptan la demanda del PS de compartir una coalición política permanente, donde estos últimos tengan paridad de voz y voto con el ARI en órganos bipartidarios.
Los socialistas prefieren esta modalidad a la de mantener una simple alianza de corte electoral. Si se vieran forzados a seguir en esta clase de frente (el mal menor, si se lo compara con el divorcio que perjudicará en la caza de sufragios a ambas parcelas en disputa), ya amenazan con ampliar el espectro y salirse de la órbita de Carrió con nuevos socios del centroizquierda.
Hasta ahora ella se manejó a gusto y piacere con su círculo íntimo, práctica que ya sufrieron los herederos de Alfredo Palacios durante la frustrada existencia del Frepaso. En ese caso, era Carlos Chacho Alvarez quien los mortificaba con anuncios por diarios, sobre los cuales nunca consultaba a sus socios de entonces. Desilusionados por Chacho y frustrados por haberle demandado en vano que se diera organicidad al Frepaso primero y a la Alianza con la UCR después, los socialistas se plantaron en cuanto vieron que la jefa espiritual del ARI promocionaba las bases programáticas y anunciaba que las presentaría en el Coliseo, sin haberlas discutido previamente con aquéllos. A imagen y semejanza de un Alvarez con falda y crucifijo al pecho.
Hace dos semanas, el Partido Socialista había acercado al ARI una serie de reclamos que incluían la redacción en conjunto del programa de gobierno y la discusión -en términos similares de equilibrio doméstico-de la fórmula presidencial y el resto de las boletas electorales. Esta parte del petitorio recibió una contestación afirmativa de los lilistas. Pero quedó pendiente el tercer punto, referido precisamente a galvanizar el acuerdo para las urnas y transformarlo en una coalición larga duración, similar a la que funcionó en Italia, Chile y, más recientemente, en Brasil con Lula. Por ahora, el ARI y el PS -más el PI como partícipe más que minoritario-están inscriptos en tribunales electorales como una alianza de carácter transitorio. Depende de las negociaciones de esta semana que no se transforme en una ruptura definitiva.
Dejá tu comentario