13 de abril 2006 - 00:00

En secreto, vuelven a hablar con Uruguay

Enredado en palabras, el conflicto con Uruguay por las plantas de celulosa pasó al ámbito secreto, donde los funcionarios de los dos países siguen conversando. Tienen reproches que hacerse, pero coinciden, en Buenos Aires y en Montevideo, en que la interrupción de los pasos fronterizos es el elemento que impide reanudar cualquier negociación de superficie. El gobierno argentino insiste en que el último informe del Banco Mundial lo beneficia porque le reclama más información sobre los procedimientos para evitar la contaminación, pero especialmente porque no desembolsó aún los créditos a las empresas. Si esto produce efectos en la ecuación financiera de los emprendimientos, la posición de Uruguay se resentirá más. En ese marco, Kirchner debe decidir este fin de semana -que pasará en El Calafate- cuándo convocará al Consejo del Mercosur a pedido de Uruguay para discutir los cortes. No puede negarse por reglamento, pero la posición es difícil, porque el rol hoy de la Argentina, consintiendo un virtual bloqueo al vecino país, lo puede exponer a sanciones.

Los vecinos de la localidad entrerriana de Colón, en el momento de cortar el acceso hacia la ciudad uruguaya de Paysandú, con lo cual se agravó la crisis con ese país por las plantas de celulosa de Fray Bentos.
Los vecinos de la localidad entrerriana de Colón, en el momento de cortar el acceso hacia la ciudad uruguaya de Paysandú, con lo cual se agravó la crisis con ese país por las plantas de celulosa de Fray Bentos.
Pese a que las declaraciones de funcionarios argentinos y uruguayos toman día a día más vuelo violento, ambos gobiernos comenzaron a implementar desde ayer un mecanismo clásico y necesario: la diplomacia secreta. Cerca del mediodía, el jefe de Gabinete de Néstor Kirchner, Alberto Fernández, y el secretario de Presidencia, Gonzalo Fernández, retomaron sus contactos suspendidos desde el jueves de la semana pasada; cuando había fracasado la fallida reunión entre ambos presidentes, y volvieron a dialogar para encontrar algún punto de contacto por el conflicto de las papeleras.

Los dos funcionarios saben que la situación está en su peor momento, pero al menos encontraron un punto en común: no puede haber negociaciones si continúan los cortes de rutas en Galeguaychú y Colón. No pudieron ir más allá en el diálogo, ya que desde Uruguay no se reconoce la necesidad de presionar oficialmente ante Botnia por su negativa a suspender por 90 días, y no 10, las obras en la planta de Fray Bentos. No es Uruguay un país en el cual un presidente le indique en su despacho a un empresario qué negocio tiene que hacer, y cómo.

La elección de los dos Fernández para restablecer el diálogo inexistente desde la semana pasada, fue tomada luego de reconocer en las dos orillas que es imposible que sean las cancillerías las que retomen el contacto bilateral formal. Actualmente, todas las negociaciones que los ministerios de Relaciones Exteriores deben comandar están cerradas, a partir de una orden expresa que Kirchner dio al canciller local Jorge Taiana al descubrir que el vocero del conflicto por parte del gobierno de Tabaré Vázquez sería Reinaldo Gargano. El ministro uruguayo es un ex tupamaro que mantuvo muy buenas relaciones con Kirchner y gran parte del gabinete argentino antes de las elecciones que consagraron en 2005 a Vázquez como presidente del país vecino. Se recuerda incluso desde la Argentina que varios integrantes del gabinete local actuaron como puente ante funcionarios de Estados Unidos y de Europa (especialmente España), presentando a Gargano como un hombre en quien se puede confiar. El hecho de que haya sido el ahora ministro de Relaciones Exteriores de Uruguay el encargado de embestir contra la Argentina en sus declaraciones públicas (ayer hizo un verdadero raid por radios argentinas y de su país), provocó uno de los típicos malhumores kirchneristas. Por esto, cualquier tipo de diálogo bilateral, al menos por ahora, deberá evitar a las cancillerías.

  • Diálogo

  • Si bien aún las partes están verdaderamente lejos de cualquier tipo de acuerdo, aunque sea mínimo, los términos del dialogo serían tres:

  • Se insistirá en un posible encuentro entre Kirchner y Vázquez. Desde Buenos Aires se especula con la posibilidad de lograr un cruce en la última semana de mayo, y si avanza el diálogo, en Viena, cuando los dos presidentes viajen a esa ciudad para participar de la cumbre de jefes de gobierno y de Estado de América latina y la Unión Europea. Ese encuentro será lo suficientemente lejano de sus países como para no comprometer a las partes más radicalizadas del conflicto. Lo que aún no está claro, y que dependerá de la mejora de las conversaciones bilaterales de las próximas semanas, es si el encuentro se hará público o no.

  • Ambos países saben que los cortes de rutas son uno de los dos grandes impedimentos para retomar el diálogo. Uruguay está comprometido internamente a no sentarse a la misma mesa de discusión con la Argentina, si los accesos terrestres de Gualeguaychú y Colón se mantienen cerrados. Es así que únicamente sólo con la suspensión de este boicot, podría concretarse una reunión. Si bien no se lo hace públicamente, el gobierno de Kirchner también reconoce que estos cortes son un problema para sostener el diálogo bilateral y que se deberá encontrar algún tipo de convencimiento a los ciudadanosentrerrianos para que exista la posibilidad cierta de levantar los cortes si Uruguay accede a negociar.

  • La segunda condición fundamental es, obviamente, que Botnia acceda a suspender las obras por 90 días y no por 10, tal como anunció la empresa finlandesa. Gonzalo Fernández le aseguró al Fernández argentino que existen contactos entre el gobierno uruguayo y la compañía para que se revea la decisión y se acepte el período de tiempo reclamado desde la Argentina. Además, el funcionario de Tabaré Vázquez afirmó que la empresa deberá aceptar los estudios ambientales requeridos para definir si hay o no contaminación. Alberto Fernández le aclaró a su par uruguayo que ésta también es una condición sine qua non para que haya nuevamente diálogo oficial entre las partes.

    Los dos funcionarios no tocaron otros temas que separan a las partes: los reclamos judiciales cruzados ante La Haya, la negativa de Vázquez a concurrir a la cumbre del Mercosur que debe organizar en julio la Argentina, la paralización de las negociaciones del bloque por el tema papeleras y las declaraciones cruzadas de los funcionarios de los dos países sobre el grado de decisión de los gobiernos sobre la empresa Botnia o los cortes de Entre Ríos. Lo seguro es que mientras el conflicto parece crecer cada jornada, la Argentina y Uruguay decidieron reabrir este canal de diálogo basado en la «diplomacia secreta», un mecanismo en realidad prohibido por las reglas de las Naciones Unidas, retomando una norma mundialmente aceptada desde la creación de la Sociedad de las Naciones en junio de 1919, una vez terminada la Primera Guerra Mundial.
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