21 de octubre 2002 - 00:00

Frenan legisladores asamblea anti-Menem

Diputados y senadores frenaron el plan anti-Menem de Eduardo Duhalde. Delante de Jorge Matzkin y Alfredo Atanasof, los caciques peronistas de ambas alas parlamentarias deslizaron la semana pasada que no había margen para cambiar las reglas de juego de las internas y las presidenciales, al menos en el ámbito que ellos dominan.
 
La variante de una ley de lemas que evite la contienda interna, aunque no se abordó explícitamente en ninguna cita oficial, parece destinada al fracaso: no sólo porque el menemismo la considera inconstitucional sino también porque la UCR nunca digirió la eventual aplicación de ese mecanismo. Ayer, el mismo
Raúl Alfonsín rompió el silencio que adoptó desde que renunció a la banca senatorial y advirtió -a título personal-que su partido «debería abstenerse de participar de comicios que estén basados en la ley de lemas».

El presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales, Juan Manuel Urtubey (PJSalta), explicó que se trata de un sistema de «dudosa constitucionalidad» e insistió en que «la Argentina necesita certidumbre». Hasta el coordinador del Interbloque Federal de partidos provinciales, el demócrata progresista Alberto Natale, apuntó que «no se puede violar la Constitución para resolver cuestiones domésticas con un mecanismo que ya demostró ser injusto». En esa misma línea, Urtubey comentó que, de aprobarse la ley de lemas, «el presidente podría ser elegido con 15% o 20%, lo cual le daría escasa legitimidad».

Hay un detalle fundamental que conspira contra la ley de lemas. Se necesita la mayoría absoluta del Senado y de Diputados para modificar el marco de los comicios. Es decir que deben contarse 37 votos positivos en la Cámara alta y 129, en la baja, cifras imposibles de conseguir sin el concurso de los peronistas de Anillaco, radicales, aristas de Elisa Carrió y fuerzas del interior que suman más de la mitad, al menos, en el primero de esos cuerpos.

Duhalde, en persona, ayer reculó después de varios globos de ensayo lanzados desde su entorno. Inesperadamente, confesó que la ley de lemas es «anticonstitucional y antidemocrática». De todas maneras, no se privó de pedir que el Congreso ratifique «la fecha de las elecciones» y acepte su renuncia. A solas con el senador Jorge Capitanich, que presentó un proyecto de lemas -existe otra versión del disidente porteño Gerardo Conte Grand en Diputados que permitiría, asimismo, sortear las internas-, el Presidente se inclinó por una Asamblea Legislativa que avale su salida anticipada del poder, el 25 de mayo, en lugar del 10 de diciembre, cuando termina el período iniciado por Fernando de la Rúa. «Es inoportuna», replicó el ex jefe de Gabinete con diplomacia.

La idea también generó rechazos en Juan Carlos Maqueda, Eduardo Camaño, Humberto Roggero, José Luis Gioja y Miguel Angel Pichetto, que visitaron al ministro del Interior y al actual jefe de Gabinete el último miércoles en el Salón Gris de la Casa de Gobierno. Duhalde pretendía que, en el plenario de senadores y diputados -el mismo que lo consagró en enero-, se aceptara formalmente la entrega adelantada del mando.

Los legisladores respondieron que sería más conveniente tratar la dimisión del designado con fecha 25 de mayo en cada una de las cámaras por separado; o bien dejar las cosas como están y remitirse al decreto del Ejecutivo que prevé adelantar el traspaso del poder del 10 de diciembre al 25 de mayo.

La Asamblea, por supuesto, hubiera sido boicoteada por el menemismo que, durante el fin de semana, reforzó la táctica para resistir con el cronograma electoral vigente.
Carlos Menem recibió en Anillaco a los diputados riojanos Alejandra Oviedo y Ricardo Quintela y les encomendó que hoy mismo viajen a la Capital Federal para desactivar en el bloque que comanda Roggero cualquier mo-vida duhaldista en el palacio de Entre Ríos y avenida Rivadavia. «Es innecesaria una asamblea», diagnosticaron los legisladores, que veían escondida en esa convocatoria la posibilidad de que el oficialismo trate de prorrogar la salida de Duhalde del poder o, incluso, hacer aprobar una ley de lemas por única vez. Sin olvidar la versión de que el Ejecutivo enviaría al Congreso un documento para pedir que se exceptúe la exigencia de internas abiertas sólo en este turno («esto sólo podría hacerse por ley», alertó Urtubey, hombre de confianza de Juan Carlos Romero y, en consecuencia, socio del menemismo).

Menem
fue contundente ante sus espadas parlamentarias: «Cuanta más incertidumbre haya en materia electoral, más lejos va a estar el arreglo con el Fondo porque el FMI quiere acordar con el próximo gobierno y no con éste».

Oviedo
y Quintela se convirtieron allí en exégetas de Matzkin y señalaron que el ministro los había engañado. «Cuando fuimos a verlo para pedir garantías de las internas abiertas, nos dijo que apelaría cualquier fallo judicial en contra», largaron. «Pero da la impresión de que busca que la Cámara Electoral contradiga a Servini de Cubría, que suspendió las internas abiertas, para salir a decir que los jueces no se ponen de acuerdo y, entonces, hay que suspender todo», concluyeron los diputados durante la charla a solas con el jefe.

Los tres coincidieron en que
«el próximo presidente va a llegar debilitado, según las perspectivas electorales; por eso, la ley de lemas acentuaría este riesgo ya que podría resultar ganador un candidato que obtenga 20% de los votos». La doctrina que considera inconstitucional el sistema -algo que reconoció el caudillo de Lomas de Zamora-los asiste. El ex director del Instituto del Cine y profesor de Derecho Constitucional, José Miguel Onaindia, se acopló a los críticos y sostuvo que «la Constitución, al hablar de segunda vuelta, habla de fórmulas de candidatos más votados y no de partidos más votados».

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