26 de noviembre 2000 - 00:00

Funcionarios se resisten a aportar a la caja partidaria

El financiamiento de los partidos políticos es engorroso en tiempos de crisis, cuando la caja chica de los comités depende de los aportes de afiliados con cargos públicos, al menos. Dan cuentas los partidos, de que cada vez son menos los funcionarios que aceptan un descuento de rigor destinado a las arcas políticas.

Por caso las elecciones porteñas, dejaron en rojo a la UCR de la Capital Federal, según da fe su titular Silverio Fernández Gaido, quien no logra recolectar el aporte que se pide a los que ocupan puestos en la gestión del distrito. El faltante en la caja radical, no lo provocaron los gastos de campaña, necesariamente, según comentan, que compartieron con sus socios del Frepaso, sino por la merma en puestos que arrojó el reemplazo de Fernando de la Rúa en el distrito, por una conducción de la Alianza, la de Aníbal Ibarra-Cecilia Felgueras.

Antes de la renovación de autoridades y diputados, la UCR llenaba todas las sillas de la gestión, en cambio ahora sólo 50% en la administración de Ibarra, con la baja además de legisladores porteños, que de 18 pasaron a 12.

A esa crisis de fondos se suma la «indisciplina» (como llaman a la negativa por ceder parte del sueldo) ya nacionalizada de funcionarios: no quieren entregar el aporte que pide la carta orgánica partidaria, lo prometen para el próximo mes y se niegan a que se les descuente por planilla de sueldos, los que lo tienen, mientras que se complica más para los recaudadores en caso de contratados que presentan facturas a fin de mes.

Por eso el tesorero del Comité Capital, Pablo de Zorzi, quien además es director de Bienes del Gobierno de la Ciudad, envió cartas personales a cada legislador, diputado nacional y funcionarios, rogándoles 4% de sus sueldos para la caja política y comenzaron los llantos que repican en los comités de todo el país.

Lamento

«Ya es bastante con el impuestazo que nos aplicó nuestro propio gobierno y ahora esto, en sueldos bajos no se puede pagar directamente», se quejan, reforzando con que sus socios de la coalición «no hacen esto». Sin embargo, si hay un logro adicional que Carlos Chacho Alvarez debe reconocer es el efecto contable positivo: para el Frepaso creció la plaza de contratados y funcionarios, y lejos de lo que cree el radicalismo, el Frente Grande pide 10% de los sueldos para la administración política.

«Tenemos menos legisladores que antes, menos funcionarios, y los mismos gastos, así no se puede mantener el comité»
contrapone al lamento de los pagadores la comisión de finanzas de la UCR porteña, que habrá sufrido más que eso, por ejemplo en la provincia de Córdoba. Aseguran que «sólo en sueldos pagamos $ 15.000, y hay 20 líneas telefónicas, luz y otros gastos», que a fin de mes llegan a $ 40.000. En la contabilidad radical, los aportes que llegan de los funcionarios del Gobierno de la Ciudad (secretarios, directores, adjuntos y demás), suma $ 8.000, el resto lo engrosan con $ 16.000 del reparto que hace el Ministerio del Interior y lo que falta con donaciones o aportes voluntarios «que cada vez son menos», rematan.

La cuentas se topan con la informal administración de los comités barriales, un financiamiento que nadie se anima a reconocer.

Por lo general, diputados o secretarios, piden al plantel de empleados de su despacho
una cuota para esos menesteres de caciques, que suele ser una porción del sueldo que no siempre respeta porcentajes. «Eso está mal, el que designa tiene que tener mucho cuidado porque así hace ostentación compulsiva de poder», recriminan los frentistas sobre esas supuestas prácticas que dicen desconocer, aunque lejos de la carta orgánica del UCR que impone la donación de 4%, el arreglo del chachismo es que en cada caso, se descuenta por planilla de sueldos, pero es más del doble de la cuota que piden en el radicalismo. La UCR, además otorga facilidades para el pago, es decir, da la opción de firmar que la quita se haga por la administración y aparezca descontada de los haberes, o bien que la tome un recaudador que pasa puntualmente por los despachos el día de cobro de sueldos.

Temores

En todos los casos advierten que esa cuota «es voluntaria», aunque se reclame vía nota, que claro, no tendrá sanciones, posteriores aunque se conocen ejemplos al revés. Hubo el caso de un embajador por diez años fuera del país, al que se le descontó puntualmente la cuota, pero al regreso a la Argentina no se le reconoció siquiera la afiliación partidaria. Un temor que asusta a muchos funcionarios nacionales en el momento de abrir la billetera para la política.

La situación, en medio de crisis de financiamiento, no es menor, porque puede crear controvertidos criterios políticos, como las designaciones de extrapartidarios o independientes en los gabinetes.
«Ahí no se puede pedir... aunque lo intentamos». Coinciden en eso radicales y frentistas.

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