Funcionarios se resisten a aportar a la caja partidaria
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Lamento
«Tenemos menos legisladores que antes, menos funcionarios, y los mismos gastos, así no se puede mantener el comité» contrapone al lamento de los pagadores la comisión de finanzas de la UCR porteña, que habrá sufrido más que eso, por ejemplo en la provincia de Córdoba. Aseguran que «sólo en sueldos pagamos $ 15.000, y hay 20 líneas telefónicas, luz y otros gastos», que a fin de mes llegan a $ 40.000. En la contabilidad radical, los aportes que llegan de los funcionarios del Gobierno de la Ciudad (secretarios, directores, adjuntos y demás), suma $ 8.000, el resto lo engrosan con $ 16.000 del reparto que hace el Ministerio del Interior y lo que falta con donaciones o aportes voluntarios «que cada vez son menos», rematan.
La cuentas se topan con la informal administración de los comités barriales, un financiamiento que nadie se anima a reconocer.
Por lo general, diputados o secretarios, piden al plantel de empleados de su despacho una cuota para esos menesteres de caciques, que suele ser una porción del sueldo que no siempre respeta porcentajes. «Eso está mal, el que designa tiene que tener mucho cuidado porque así hace ostentación compulsiva de poder», recriminan los frentistas sobre esas supuestas prácticas que dicen desconocer, aunque lejos de la carta orgánica del UCR que impone la donación de 4%, el arreglo del chachismo es que en cada caso, se descuenta por planilla de sueldos, pero es más del doble de la cuota que piden en el radicalismo. La UCR, además otorga facilidades para el pago, es decir, da la opción de firmar que la quita se haga por la administración y aparezca descontada de los haberes, o bien que la tome un recaudador que pasa puntualmente por los despachos el día de cobro de sueldos.
Temores
En todos los casos advierten que esa cuota «es voluntaria», aunque se reclame vía nota, que claro, no tendrá sanciones, posteriores aunque se conocen ejemplos al revés. Hubo el caso de un embajador por diez años fuera del país, al que se le descontó puntualmente la cuota, pero al regreso a la Argentina no se le reconoció siquiera la afiliación partidaria. Un temor que asusta a muchos funcionarios nacionales en el momento de abrir la billetera para la política.
La situación, en medio de crisis de financiamiento, no es menor, porque puede crear controvertidos criterios políticos, como las designaciones de extrapartidarios o independientes en los gabinetes. «Ahí no se puede pedir... aunque lo intentamos». Coinciden en eso radicales y frentistas.




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