Giro: se trabó aprobación del pacto político en el Congreso
La aprobación de las leyes clave que el gobierno comprometió en el acuerdo de Olivos se volvió a trabar ayer en el Congreso. Menemistas y radicales se opusieron a la redacción de la ley de acefalía y condicionaron el apoyo al nuevo cronograma electoral. Argumentaron que el proyecto de acefalía virtualmente excluye a Carlos Menem de la carrera presidencial, porque pone nuevamente en discusión si ha pasado o no el mandato de cuatro años que el ex presidente debe esperar para poder ser candidato otra vez. Los temas económicos pendientes en el Congreso terminaron de complicar al gobierno. A última hora de ayer, se sumó el malestar de senadores y diputados por el anuncio del gobierno de un seguro veto a la ley que reglamenta las exenciones al CER y la oposición a que se modifique el régimen de pago de deudas con bonos. Anoche se levantó la sesión en el Senado sin tratar la ley de acefalía.
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El ministro del Interior, alertado de las desavenencias propias y extrañas, hizo lo imposible para soslayar los inconvenientes oficiales en ambas márgenes del Parlamento. Pasadas las 22, los senadores pasaron a un cuarto intermedio hasta este mediodía, mientras a los diputados se les caía una excusa a la que se habían abrazado como un náufrago a una astilla. Si bien descontaba números de oficialistas y radicales para aprobar el proyecto, el gobierno no quería quedar expuesto en el Senado a una fractura que le complique las extraordinarias y las leyes clave que prometieron al Fondo. El menemismo senatorial se levantó en armas contra el dictamen de Asuntos Constitucionales porque sospechan que ahí anida una proscripción camuflada contra Menem. El texto establece que en caso de dimisión del primer mandatario la elección recaerá en gobernador de provincia o un legislador nacional, siempre en el marco de una Asamblea Legislativa, tal cual reza la letra vigente. Pero en el supuesto de que haya un presidente electo será este último quien cubra la vacante.
De esta forma, quedaría salvado el interregno que dejará Eduardo Duhalde entre el 25 de mayo -fecha de la renuncia- y el 10 de diciembre cuando se cumpla el período que dejó interruptus Fernando de la Rúa. A los delegados del peronismo de Anillaco, les preocupa que no se deje establecido que el período inconcluso bien podría considerarse concluido al 25 de mayo. De lo contrario, Menem no podría presentarse como candidato o, por lo menos, sería pasible de impugnaciones en Tribunales, ya que sólo puede volver a la presidencia si media un período presidencial completo a manos de otro jefe de Estado, de acuerdo con la cláusula constitucional. Y esta circunstancia sólo se cumpliría el 10 de diciembre, si no se especifica lo contrario.
• Ruptura
Mientras se juramentaban a ir por la cabeza de Cristina Fernández de Kirchner y amagaban con la ruptura del bloque oficialista (ver nota aparte), Eduardo Menem insistía en que no resultaba necesario tocar el régimen de acefalía para cubrir la renuncia duhaldista. El riojano sostiene que bien podría considerarse terminada la función correspondiente a la Alianza el 25 mayo, de manera tal que el presidente electo pudiera asumir sus funciones hasta la misma fecha de 2007, sin necesidad de modificar el marco legal ni afectar la Constitución.
El renovador salteño Ricardo Gómez Diez sostenía en los pasillos que su proyecto hubiera significado una alternativa frente a estas discrepancias. Ahí quedaba establecido que el 25 de mayo -con fecha cierta- asumía como provisorio el designado y, a partir del 10 de diciembre (también con el día establecido), se iniciaba el período de 4 años. Obviamente, el artículo aparecía como un hecho excepcional y confeccionado a medida de las urgencias institucionales. En el dictamen de Asuntos Constitucionales -aunque se tuvieron en consideración todas las iniciativas, incluso la del precursor Pablo Walter (Fuerza Republicana)-, se priorizó la propuesta del radical Carlos Maestro.
La polémica se había trasladado a la otra ala del Congreso, donde los defensores de la fórmula Menem-Romero se mantenían atrincherados a la espera de qué sucedía con el tema en la Cámara Alta. Aprovecharon la rebelión para recordar que no estaban dispuestos a convertir en ley el cronograma electoral que figura como proyecto vedette en Diputados en las horas finales de las ordinarias.



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