3 de noviembre 2004 - 00:00

Gobierno cede con CGT asignaciones familiares

Armando Cavalieri
Armando Cavalieri
Susana Rueda es la preferida de Néstor Kirchner en el universo sindical, Armando Cavalieri es el mimado de Roberto Lavagna. Por eso ayer el informe decisivo que se escuchó en la reunión del Comité Directivo de la CGT lo produjo el secretario general de los empleados de comercio. Fue el resumen de la charla que mantuvo hace una semana con su amigo y ex candidato a presidente: «Lavagna me dijo que se echaba para atrás. Ahora está dispuesto a dar el aumento en las asignaciones familiares y no por una sola vez, como había dicho, sino para siempre. Eso sí, no me habló de montos».

El resto de la conducción sindical tomó nota atentamente. El anuncio no podía ser mejor para Hugo Moyano y José Luis Lingieri. Ellos necesitaban ayer un argumento que despejara cualquier intento de endurecer la política de la CGT hacia el gobierno. Lo consiguieron con el anuncio de Cavalieri: Moyano, Lingieri y Rueda obtuvieron fácilmente una delegación de facultades para negociar con el gabinete nacional la mejora en ese complemento salarial.

¿Cuál era la alternativa? Bastante temeraria si se tiene en cuenta la fortaleza política del gobierno en estos días, sobre todo ante la opinión pública. Se trataba de comenzar a mencionar la idea de una medida de fuerza en el horizonte de marzo. Y, para preparar el ambiente, discutir en el Comité Central Confederal el problema de las asignaciones familiares, cuyo aumento Néstor Kirchner prometió e incumplió por lo menos hasta ahora.

• Propuesta

«No nos embarquemos en ésa, Roberto me dijo que una vez aprobado el presupuesto van a cumplir», dijo Cavalieri para que Moyano asintiera, dando otro sorbo (dos detalles insólitos: uno, que el mercantil coincida con el camionero; otro, que en las reuniones de «mesa chica», que se celebran por la mañana, se toma vino; eso sí, Susana Rueda no es invitada).

El «central confederal» sesionará el jueves que viene, y con la resolución que se adoptó ayer quedó desprovisto de cualquier condimento. Un día antes, los gremialistas tienen previsto un seminario de técnicos laboralistas al cabo del cual quedará redactada de manera definitiva la propuesta que girará la CGT al Congreso para regular el régimen de indemnización por accidentes de trabajo.

En la reunión del círculo más estrecho y decisivo del gremialismo, que se celebró durante la mañana de ayer, se discutió el delicado tema de las relaciones entre las organizaciones sindicales y la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP). Como se informó en este diario, un grupo creciente de sindicatos temió un cambio de trato por parte de Impositiva. Los indicios más tempranos tuvieron que ver con la demora en la asignación de exenciones tributarias con las que se benefician los gremios en su calidad de entidades sin fines de lucro. Varios secretarios generales temieron (y siguen temiendo) que, al volverse más estricta, la DGI estuviera anticipando una conducta más severa con esas organizaciones. «No se trata de que cambien la ley; con buscarte la quinta pata al gato en los balances quedás anulado para la exención de Ganancias», explicó ayer uno de los «gordos», con lenguaje un poco ajeno al tributarismo ortodoxo.

• Preocupación

En este caso, el informe oficial lo produjo José Luis Lingieri, quien llevó esta preocupación a Alberto Abad, el titular de la AFIP. Según Lingieri, Abad brindó una respuesta ambigua, al menos para el pasable sentimiento persecutorio de los gremialistas. «No se pide nada que no deban presentar. ¿Inspecciones? Que yo sepa, no hay nada masivo, que yo sepa», intentó tranquilizar a Lingieri el jefe de los recaudadores. El sindicalista de Obras Sanitarias trasladó la explicación a sus colegas, que en general la dieron por buena pero recomendaron: «Sigamos vigilando porque en cualquier momento se nos meten adentro». Como se ve, la relación con Kirchner no es lo que pinta la moderación y sentido del equilibrio que muestra Moyano, más dialoguista que nunca.

A propósito de este cambio de personalidad, a los sindicalistas reunidos ayer por la tarde en la CGT les llamó la atención el trato que Moyano le da a su colega Rueda: ha pasado de la agresividad a un tono amable y de éste a una especie de sumisión. Sobre todo, desde que advirtió que Rueda habla con el gobierno más que él, últimamente. Sin embargo, esa afabilidad todavía no consiguió que la santafesina retire del Ministerio de Trabajo el recurso de queja interpuesto para que se reconozca el cupo femenino en el Consejo del Salario, la Productividad y el Empleo.

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