Rodeado del PBI argentino para dar otra señal

Política

El Gobierno montó una puesta en escena que incluyó a los titulares de la Sociedad Rural, la UIA, y la CAC, entre otros. Los gobernadores dijeron presente por videoconferencia.

La puesta en escena que organizó ayer el Gobierno en Olivos excedió por lejos la que se podría suponer para un festejo del 9 de julio. La pandemia y la tecnología ayudaron a Alberto Fernández a ubicar a cada participante del acto en el lugar que se pretendía para dar una señal fuerte en medio de las dudas por un plan económico futuro.

Desde hace al menos dos semanas al gobierno se le colocó en el tope de la agenda, por voluntad estratégica o por inevitable designio del destino, a la economía como preocupación esencial. La sanidad está en paralelo de esta realidad, pero se acumulan más preguntas sobre cómo será el futuro tras la salida de la cuarentena por el virus que la cura de la enfermedad en si misma. El Gobierno no lo reconoce, pero en las reuniones de gabinete económico ese espíritu sobrevuela.

Por eso la estudiada puesta de ayer que apeló no solo a darle centralidad a la economía sino también a poner cada sector en el lugar necesario para enviar la señal. Es ese mensaje, acompañado de un plan que aún no termina de tener forma, lo que le reclaman a Alberto F. desde la industria de todos los tamaños en el país hasta los bonistas con los que negocia en Nueva York.

El escenario de Olivos estuvo marcado ayer por la presencia de un Presidente acompañado, sin pretensión alguna de monopolizar el protagonismo. En ese sentido desde el vamos podría decirse que Cristina de Kirchner nunca hubiera armado un acto como el que ayer montó el Gobierno. Y esa fue la primera lectura: universalidad en las relaciones del Presidente, manteniendo cercanía con todos los sectores de la economía real.

Los gobernadores, sustento político esencial de Alberto Fernandez dentro del acuerdo de Gobierno, le dieron marco por Zoom sin distinciones; desde el PJ santafesino, al cordobés, desde su gran amigo el porteño “Horacio” hasta el radical jujeño Gerardo Morales. Solo Alberto Rodríguez Saá estuvo ausente, gracias a una coincidencia de agendas.

En el escenario real apareció el “PBI argentino” y aquí viene la novedad máxima está puesta sui géneris para un gobierno kirchnerista. Sentaron allí a los representantes de todos los sectores de la economía, los mismos que luego tuvieron un aparte con el Presidente para el típico chocolate con dulces varios. A ellos les prometió no cometer “locuras” con la deuda y “acordar una renegociación exitosa”. Si había un tema sobre que pretendían preguntarle era ese. Sobre el resto de los posibles planes del Gobierno para la economía hubo propuestas y planteos puntuales de cada uno de los presentes, pero todos los presentes son conscientes que algunos puntos de esa agenda de debates son lo suficientemente urticantes como para no estropear una mañana de festejo del 9 de Julio.

El Gobierno así logró lo que quería. A la derecha del Presidente y en primera fila sentaron a Miguel Pelegrina de la SRA (al que conflictos para discutir con el Gobierno no le faltan, a su lado Miguel Acevedo de la UIA, Eduardo Eurnekián de la CAC, Néstor Szczech de la Cámara de la Construcción, y lo siguieron rodeando en escena Carolina Castro de la UIA, Javier Bolzico de la Asociación de Bancos Argentinos, Adelmo Gabbi de la Bolsa de Comercio y en una punta pero junto a ellos Héctor Daer de la CGT. Todo el G 6, más una parte del sindicalismo argentino, una novedad fotográfica nunca vista en actos de este tipo, al menos por el protagonismo de escena, a diferencia de otros tiempos.

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