Grave: justifican desde gobierno a los agresores

Política

El gobierno seguía ayer ignorando formalmente que una comisaría de la Policía Federal fue ocupada y prácticamente arrasada por un grupo piquetero encabezado por Luis D'Elía en la madrugada del sábado, y ante las cámaras de TV que lo transmitieron en directo (Crónica TV). La actitud de no reprimir por parte del gobierno y ni siquiera enjuiciar a quienes deciden hacer justicia por mano propia pareció ratificada por Néstor Kirchner tras el asesinato del activista piquetero en el barrio de La Boca que originó la toma de la comisaría. Dijo el Presidente desde el avión en viaje a China que «no reprimirá de ninguna manera» la protesta social y tampoco a los piqueteros, según confiaron miembros de la delegación oficial. Pero no sólo es ignorado este hecho grave sino que además fue justificado por Kirchner, quien dijo: «D'Elía ayudó a contener la violencia desatada por el fusilamiento de un dirigente de su sector».

En consonancia, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, apuntó sobre la Policía Federal, también con olvido de la toma de la comisaría, sentando un gravísimo antecedente. Dijo: «Algunos de los miembros de las fuerzas de seguridad dejaron de estar al servicio de la gente y terminaron participando en delitos», como si esto fuera novedoso e involucrando a todas las fuerzas. «Hace mucho tiempo que venimos planteando la necesidad de revisar el funcionamiento de las fuerzas de seguridad», afirmó, aludiendo a un efectivo federal de apellido Mansilla, detenido por el secuestro de Cristian Ramaro. Se trata de un agente de la Policía Federal de apellido Mansilla, numerario de la seccional 33ª, quien fue detenido acusado de participar en el cobro del primer rescate por Ramaro.

No fue la opinión de la oposición nucleada en el interbloque Federal. El demoprogresista Alberto Natale afirmó: «La sociedad está harta del accionar de los piqueteros. El gobierno es complaciente y llega al extremo de oficializar con la presencia de sus ministros a los grupos que le son adictos». Guillermo Alchourón, por su parte, afirmó: «La violencia tiene una esca lada sin límites. La pasividad del gobierno y la Justicia están exasperando a la sociedad moderada y normal. Nos miramos desde adentro y nos miran desde afuera con horror porque todo puede pasar».

La culpa de todo lo que pasa es de las policías, según el gobierno. El jueves, la Federal fue con prepotencia sobrepasada por activistas de izquierda de Quebracho, que decidieron manifestar en la Plaza de las Armas del Ejército, a metros de la Casa de Gobierno. Nadie hizo nada. Es más, el ministro de Defensa, José Pampuro, tuvo que salir a aclarar que cuando habló de que la Argentina «se está convirtiendo en un país violento», sólo se había referido a los hechos ocurridos en el Edificio Libertador, como si en el resto del territorio pudieran no existir con sólo ignorarlos.

Rafael Bielsa
, en cambio, responsable de las relaciones exteriores, afirmó con prolijidad diplomática: «Ante lo que sea exceso debe ser aplicada la ley», en declaraciones desde China. El canciller agregó: «Es imposibleconvivir eternamente con una situaciónde revuelta de esta naturaleza porquela sociedad se desordena».

• Controversia

En cambio y con respecto de las declaraciones de Pampuro, Bielsa no compartió su opinión. Afirmó: «El país tiene focos de violencia, pero lo que no acepto es que nos estemos convirtiendo en un país violento». Y aclaró: «Un país no se convierte en violento, la Argentina tiene historia de violencia, nos hemos matado los unos a los otros durante muchísimo tiempo».

El mismo día de los hechos de Quebracho en Ejército fue dado vuelta y quemado un patrullero de la Policía Bonaerense en La Matanza (Isidro Casanova), mientras su dotación uniformada huía, después de la muerte de un adolescente a la salida de una bailanta. Adjudicada también a la Policía aunque no haya pronunciamiento judicial. ¿ Alguien se pregunta en qué situación queda frente a todo esto el ciudadano común?


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