19 de diciembre 2007 - 00:00

Hace cien años, los dos países casi en guerra

El discurso de Cristina de Kirchner y el clima en el cual se realizó la Cumbre de Presidentes del Mercosur, pusieron en evidencia la existencia de una fuerte tensión en las relaciones bilaterales entre Uruguay y la Argentina.

Exactamente un siglo atrás, en 1907, tiene lugar el conflicto bilateral más grave entre Uruguay y la Argentina, en el siglo y medio que va de la organización nacional hasta hoy.

El presidente argentino era José Figueroa Alcorta y su ministro de Relaciones Exteriores, Estanislao Zeballos, una recia y brillante personalidad tanto intelectual como política y un enfático defensor de los derechos territoriales argentinos.

En agosto de dicho año, con el argumento de reglamentar la pesca, el gobierno uruguayo extiende su jurisdicción sobre la mitad del Río de la Plata.

La pretensión es rechazada por el gobierno argentino, que despliega buques de su escuadra frente a la costa uruguaya. Se producen incidentes, en los cuales se hunde el buque uruguayo Constitución, cuya tripulación es salvada y detenida por buques de la Marina argentina.

La posición de Zeballos, sostenía que el Río de la Plata era propio, en base a los antecedentes de 1810, argumentando que Uruguay tenía costa seca sin dominio sobre el río y esgrimiendo la teoría del uti possidetis iuris.

El conflicto escala y la cancillería argentina considera que detrás de la actitud uruguaya se encuentra la diplomacia brasileña, hábilmente conducida por el Barón de Río Branco, la cual era percibida por Zeballos, en muy buena sintonía con los EE.UU.

Los factores personales, entonces como hoy, jugaban un papel importante. Es que a fines del siglo XIX, Zeballos y Río Branco, en representación de sus respectivos países, habían presentado la causa de sus nacionales respecto a la disputa por los territorios de las misiones ante el presidente Cleveland de los EE.UU., elegido como árbitro.

Este optó por la posición brasileña, otorgándole el territorio en disputa. Esta derrota había dejado en Zeballos animadversión hacia su colega brasileño y el sentimiento de que entre Washington y Rio de Janeiro existían intereses comunes contrarios a la Argentina.

El conflicto escaló regionalmente, ya que Brasil intervino a favor del Uruguay.

En una reunión de gabinete,el 10 de junio de 1908, Zeballos amenazó a Brasil con movilizar las reservas militares si no se establecía el equilibrio naval entre los dos países, dado que Brasil había encargado en Gran Bretaña más acorazados -el arma más importante del momento-.

La cancillería brasileña rechazó el ultimátum, en la Argentina la oposición criticó la actitud belicosa de Zeballos, mientras que el ex presidente Julio A. Roca, de regreso de un viaje a Europa, paraba en el puerto brasileño de Santos, entrevistándose con Río Branco en un gesto de confraternidad que se diferenciaba del gobierno argentino, buscando contener el conflicto.

La crisis política obligó a Zeballos a renunciar doce días después. El nuevo canciller argentino, Victorino de la Plaza, buscó calmar el conflicto por la carrera armamentista entre la Argentina y Brasil, precipitada por el conflicto con Uruguay, pero continuó por ambas partes.

Recién dos años después se pudieron restablecer las buenas relaciones con ambos países.

  • Firma

    Con Uruguay, el 5 de enerode 1910, se firma el protocolo Sáenz Peña-Ramírez, que supera el conflicto estableciendo un modus vivendi. Con Brasil, ese mismo año, el presidente electo Roque Sáenz Peña envía en misión confidencial a su amigo Ramón J. Cárcano a Río de Janeiro, quien reuniéndose con el Barón de Río Branco, establecen un compromiso para suspender la compra de nuevos barcos y establecer un acuerdo de equilibrio naval entre los dos países, como el que en 1902 habían firmado la Argentina y Chile.

    Este grave conflicto argentinouruguayo del cual se está cumpliendo el Centenario, permite reflexionar sobre lo que hoy está sucediendo entre los dos países por las papeleras.

    Las crisis suelen escalar por error de cálculo y las posiciones intransigentes -influidas por recelos personales- pueden terminar incidiendo en la política exterior, como sucedió entonces. Los conflictos binacionales se pueden regionalizar, y los incidentes de fuerza, como el que tuvo lugar con el hundimiento del barco uruguayo Constitución agravan los conflictos.

    Comparado con el de ayer, el de hoy es un conflicto todavía de menor envergadura. Evitar que se profundice es la tarea a realizar por delante.

    (*) Director del Centro de Estudios Nueva Mayoría.
  • Dejá tu comentario

    Te puede interesar