El posible desembarco de Domingo Cavallo en el Banco Central provocó todo tipo de especulaciones en la política porteña, con coincidencias curiosas de belicistas y frepasistas. Para unos será una solución a la encrucijada electoral que afrontan, para los otros un acomodamiento del tablero que, creen, los beneficiará.
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El Frepaso porteño apoyó a Cavallo sin dudar. No es que el frepasismo de la Capital crea ahora en las virtudes del ex ministro de Economía al que Aníbal Ibarra dio dura pelea hace menos de un año cuando le disputó la Jefatura de Gobierno de la Ciudad. La especulación es otra. Nadie querría torturar al jefe de Gobierno porteño con la grabación de su pelea televisiva con el ex ministro adosada a otra posible de su asunción en el Central. En cambio, ve el ibarrismo que la oposición, que en la Ciudad representa el bloque Encuentro (cavallistas, belicistas y peronistas), quedará desmembrada de cara a las elecciones de octubre y podrá alentar el pase a la Alianza -aunque sea en votaciones-de independientes y peronistas que adhieren a Cavallo en esa bancada. Una política de seducciones que ya comenzó el Frepaso sobre sectores de peronistas, los alienta a coincidir que «independientes cavallistas o peronistas sueltos del bloque se sumarían con nosotros». Piensan por ejemplo en Alberto Fernández (ex grupo Bapro) con quien Ariel Schifrin tejió el encuentro entre Ibarra y Néstor Kirchner que terminó irritando a la Alianza de Santa Cruz y algunos diputados nacionales de la Capital.
Después de todo, aceptando con resignación a Cavallo en el gobierno nacional, Ibarra no estaría haciendo más que obedecer a su jefe Carlos Chacho Alvarez, a pesar de mostrarse irritado en una ocasión similar, cuando hace meses se habló de la incorporación del ex ministro de Carlos Menem. Ibarra buscaría un discurso diferenciador, pero no prematuro: el esquema que planifica de refundar su propia Alianza se trasladaría a futuro, en una segunda etapa, posterior a la aceptación y a las elecciones de octubre.
Excusa
«Mucha gente con iniciativa se acercaría a nosotros ante la posibilidad de independizarse de Béliz», confió uno de los operadores políticos más cercanos al jefe de Gobierno porteño.
El belicismo, en cambio, encontraría la excusa para un divorcio con sentencia de las filas del cavallismo. Al menos que Béliz cambie abruptamente de idea, sus acólitos vienen anunciando que «si Cavallo se incorporara al gobierno nacional no se lo podríamos tolerar». La otra posición de Encuentro la marcan los peronistas más cavallistas, que no creen que Cavallo pudiera terminar aceptando la oferta de la Alianza. Por eso se mantienen expectantes ante esos movimientos. Son los peronistas que adhieren a la campaña presidencial de Carlos Ruckauf y consideran a Cavallo «un aliado natural» de esa cruzada.
Contra todos esos pronósticos, salió ayer una porción del radicalismo, enfrentando a sus socios frepasistas desde las filas de Rodolfo Terragno, el legislador Cristian Caram manifestando «total oposición y absoluto desacuerdo» con la incorporación del ex ministro «a cualquier lugar del gobierno nacional, porque no estuvimos 10 años oponiéndonos a Menem y después hicimos la Alianza para terminar de incorporar a Cavallo en el gobierno». También las otras líneas internas del radicalismo de la Capital habían manifestado su desacuerdo con Cavallo en un abultado plenario de emergencia que sucedió a la renuncia de Alvarez a la vicepresidencia de la Nación. Pero ayer, cuando se realizaba la primera de esas sesiones partidarias del año, se alentaba a dejar el tema de lado (ver nota aparte).
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