1 de marzo 2006 - 00:00

Incidentes en cierre del juicio a Ibarra

Otro argentinismo reapareció esta vez en la Legislatura de Buenos Aires; tribunales que tienen que dictar sentencias probadas y racionales pero en el clima del insulto, la amenaza, la manipulación. No son sólo los airados personajes -no todos familiares de víctimas de Cromañón (con dolor comprensible en este caso)- que fueron echados por insultar a Aníbal Ibarra en el cierre del juicio político. También la andanada de mensajes sobre los jueces que vienen de lo alto del poder, quitándole al proceso la única condición para dar justicia, que es que los acusados se puedan defender y que los jueces actúen con alguna serenidad. Quizá la ganen los diputados juzgadores en el lapso que se abrió ayer durante 10 días para dictar sentencia en tan controvertida causa.

Incidentes en cierre del juicio a Ibarra
Lacónico, Aníbal Ibarra terminó anoche su descargo ante la Sala Juzgadora de la Legislatura porteña que dictaminará la semana próxima sobre si merece la destitución por mal desempeño en el caso Cromañón. Las «palabras finales» del jefe de Gobierno (así se llaman en los juicios cuando el acusado las emite) se vieron interrumpidas por un escándalo protagonizado por un centenar de padres y familiares de las víctimas del local bailable, que motivaron que el juez Julio Maier, presidente de Tribunal Superior de Justicia y de la sala de juzgamiento, ordenara el desalojo del recinto. La tarea le llevó a la Policía casi media hora, ante los gritos de «asesino» que le propinaron al jefe de Gobierno suspendido, llantos, insultos y resistencia a retirarse del recinto. El tumulto colmó las áreas libres de la sala, con exceso de asesores que rodearon a Ibarra y al abogado defensor, Julio Strassera, a quien increpó la izquierdista Vilma Ripoll con que «yo tengo familiares de desaparecidos, sépalo».

La furia se desató en el momento en que Ibarra, usando citas, dijo que «nadie es libre si no lo es en su propia casa» y siguió con que «en nuestra propia casa (en alusión a la Legislatura) se intimidó a testigos, se convocaron testigos falsos, se amenazó de muerte a mis dos hijos menores...». En pasajes de su exposición también había sido interrumpido el jefe de Gobierno suspendido, quien inició su improvisada oratoria en un tono diferente del que terminó.

• Doble defensa

Ibarra habló una vez que terminaron los alegatos de la defensa y las réplicas, arrancó defendiendo paradójicamente a su defensor Strassera ante críticas a éste de los fiscales Jorge Enríquez (Unidad Republicana) y Rubén Devoto (izquierda). EL izquierdista reseñó que el abogado «fue fiscal en el juicio a las juntas, pero también fue fiscal de la dictadura». Después, Ibarra comenzó su propia defensa reiterando la idea del «golpe institucional» que cree se ha convertido el juicio político en su contra, lo que también fue utilizado por los abogados en sus alegatos. Consideró el proceso «una cacería» y que comenzó cuando aún no se habían rescatado todas las víctimas la noche del 30 de diciembre. De ese modo replicó a Enríquez, de quien aseguró que en las puertas del local estaba acusando al Gobierno porteño «cuando no se sabía aún lo que había pasado». El suspendido mandatario atacó el procedimiento diciendo que durante las audiencias «no hubo un solo testimonio ni una sola prueba que pudiera acercarse a justificar la destitución de un jefe de Gobierno». Dijo que «hablaron de un supuesto sistema de corrupción» y comenzó a repasar su carrera judicial y política. Recordó cuando se opuso a los indultos a los militares, cuando fue legislador y denunciaba hechos de corrupción, y cuando participó de la comisión en «búsqueda de niños secuestrados durante la dictadura». «Sigo teniendo las mismas convicciones, contra la corrupción y por la vida», dijo el ex fiscal. Ibarra sostuvo que en un juicio político «se habla de delitos o de incapacidad de gobernar» y que el proceso que se lleva en su contra «va a contramano de la sociedad y de lo que dice la Justicia» y que «en la investigación no hay un solo hecho de corrupción». Para Ibarra, «un juicio político tiene que sintonizar con la sociedad o con la Justicia, y entonces si acá sólo sintoniza con los intereses de un sector, es un golpe institucional».

También el suspendido mandatario contestó a las acusaciones sobre el manejo del área de controles argumentando que disolvió la vieja unidad de inspectores que calificó por entonces, en 2003, como «focazo de corrupción». Aseguró que a partir de allí en 2004 hubo menos inspecciones que en 2003, pero se triplicaron las clausuras a locales, las que llegaron a 1.400. «Jamás me imaginé que eso (la disolución del área) desatara tamaña reacción y si no lo hubiera hecho hoy estarían hablando que debería haber disuelto la unidad». En el Salón Eva Perón, que está detrás del estrado, un televisor oficiaba de pantalla para un centenar de asesores y funcionarios del Gobierno porteño -entre ellos, los secretarios Roberto Feletti, Marta Albamonte, Eduardo Epsztein, Roxana Perazza, Gustavo López, la procuradora Alejandra Tadei y la subsecretaria Lia María- que seguían la audiencia como en un microcine. Hasta allí, sin atravesar las puertas que dan al recinto, llegaban los sonidos de bombos y silbatos de la calle, donde grupos de familiares de Cromañón se habían apostado con carteles en contra del mandatario y el «pacto Ibarra-Kirchner». El Salón Eva Perón resultó chico, una vez que Maier desalojó el recinto. Ya no alcanzaron las sillas y los adherentes a Ibarra, ya como en un colectivo a hora pico, permanecieron en absoluto silencio para escuchar cómo el jefe porteño retomaba su discurso, sin público. «Se exacerbó el dolor -dijo en alusión a los llantos, gritos de lamento y hasta desmayos que precedieron sus palabras finales- y es fruto de que lo alentaron morbosamente. Este dolor inmenso que va acompañarnos toda nuestra vida. Creo que lo que esperaba la sociedad era que trabajáramos juntos gobierno y oposiciónpara que no vuelva a suceder». Siguióentonces con que «el cardenal Bergoglio dijo que esta sociedad no había llorado lo suficiente a los muertos en la Ciudad de Buenos Aires y tiene razón», y remarcó que «la sociedad nunca vio con buenos ojos el uso político de la tragedia». «Los muertos y la sociedad se merecían otro debate. Es la deuda que tenemos, que se haga justicia», dijo Ibarra y aseguró que «cualquiera sea el resultado (del juicio), no tengo ánimo de revancha y voy a estar trabajando desde el lugar que sea para alcanzar esos objetivos». Terminó entonces Ibarra con que «nadie nos va a devolver a los que perdieron la vida, pero podemos hacer muchas cosas y el mejor homenaje es acompañar el dolor de los padres comprometiéndonos en serio por la verdad y la justicia. El mejor homenaje es despolitizar la tragedia y la Sala Juzgadora tienen la palabra».

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