Habia registrado otros alertas, pero el informe económico de Roberto Frenkel que leyó el lunes por la mañana fue el disparador definitivo: un rato después, Eduardo Duhalde recorría radios advirtiendo de manera persistente sobre el rumbo de la economía.
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Un peligro, no inminente pero visible, en materia económica fue, se arguyó, lo que motivó el regreso del ex presidente para hablar sobre los índices de inflación, la falta de credibilidad del INDEC y la custodia militarizada, pero inefectiva, de Guillermo Moreno sobre los precios.
En teoría, ante un silencio general desde el peronismo, Duhalde se sintió autorizado para desparramar sus advertencias sobre el horizonte económico y que, luego, se desvió hacia otros asuntos como el «doble comando» que, destacó, funciona entre los Kirchner.
Fue, dicen a su lado, una reacción intempestiva, «en caliente», apenas programada y reveló, una vez concluida, una sucesión de errores. «Se movió como un boxeador viejo y pesado, sin reflejos», evaluó, implacable, un dirigente que lo frecuenta seguido.
A horas de la reaparición del ex presidente, ésa era una de las miradas sobre sus palabras y la lluvia de retruques que generó en el gobierno que, afirman, respondió a una expresa orden de Kirchner de salir defender a la Presidente.
En persona, el patagónico le habría pedido a Daniel Scioli que hable a favor de su esposa. El gobernador, que atraviesa un momento distendido con la Casa Rosada, lo hizo sin problemas. Fue, de todos modos, moderado: elogió a Cristina de Kirchner pero no castigó a Duhalde.
Festejo
Ayer, el entorno del ex presidente festejaba las palabras de su jefe y la contraofensiva del gobierno. «Era hora de que alguien diga lo que pasa», era el argumento. En esa lectura faltaba un dato: si Duhalde era mancha venenosa, desde el lunes lo es doblemente.
Otro dato: según el ex gobernador, sus palabras son compartidas por la «gran mayoría del peronismo» a pesar de que haya habido una ráfaga escalonada de voceros cuestionando sus dichos. Un duhaldista se preguntó: «Aparte de Scioli, al que apretaron, ¿algún otro gobernador dijo algo?».
En esencia, se encierra en su grupo reducido: el club donde habitan los Basile, los Arcuri y los Rodríguez Müller. Son, interpretan, pesados del peronismo de Buenos Aires, a pesar de haber perdido en sus distritos, pero parecen moverse sin «un plan».
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