22 de septiembre 2005 - 00:00

Intenta el gobierno amigarse con el Papa

Antonio Baseotto y Benedicto XVI
Antonio Baseotto y Benedicto XVI
El gobierno propuso al Vaticano la redacción de un nuevo Concordato, que rija las relaciones entre ambos Estados y corrija el ríspido desacuerdo provocado por el conflicto con el obispo castrense, monseñor Antonio Baseotto. En realidad, un nuevo Concordato -el actual fue firmado el 28 de junio de 1957 por el entonces presidente general Pedro Eugenio Aramburu y su canciller, Alfonso de Laferrere-, además de la reforma de lo acordado en 1986 (con Raúl Alfonsín era canciller Dante Caputo) y el 21 de abril de 1992 (con Carlos Menem era canciller Guido Di Tella), creando la diócesis castrense y ratificando el acuerdo original.

Fue el titular del Palacio San Martín, Rafael Bielsa, quien ayer informó la propuesta hecha y ratificó que para el gobierno argentino, monseñor Antonio Baseotto «ha dejado de ser ordinario militar» pese a que las autoridades de la Iglesia no lo consideran así en cuanto a su condición de obispo diocesano. Baseotto sigue cumpliendo sus funciones pastorales en el medio castrense, aunque no las administrativas.

• La propuesta

Bielsa precisó que le envió una nota a su par en la ciudad del Vaticano, el canciller y arzobispo Giovanni Lajolo, proponiéndole reunir a «un grupo de juristas que redacten un nuevo texto» del tratado. El canciller precisó que realizó la propuesta para que se firme un nuevo tratado entre la Argentina y la Santa Sede, de manera que «no haya nuevas diferencias interpretativas» respecto de este tema.

En realidad el canciller y candidato a diputado por la Capital Federal se refirió a una propuesta «verbal» hecha por el gobierno al Vaticano en junio pasado, hace tres meses, una gestión entre el secretario de Culto, Guillermo Oliveri, y el Nuncio Apostólico, Adriano Bernardini. Esto fue confirmado anoche por el propio Oliveri, quien al ser consultado por este diario dijo que la reforma propuesta abarcaría no sólo lo resuelto en 1992 sino que alcanzaría «el acuerdo firmado en 1957». Agregó este funcionario, que ha manejado el tema con discreción, que «hasta ahora no ha habido ningún avance; y creemos que va a seguir así hasta noviembre». Admitió que el gobierno no tiene intención de agitar un tema potencialmente conflictivo antes de las elecciones, exponiéndose a respuestas no queridas desde los púlpitos. «A fin de año retomaremos el tema», reconoció, agregando que todo se había resumido en una «propuesta verbal, para que se designe una comisión de ambas partes para encontrarle los términos jurídico-políticos adecuados».

«Tenemos una diferencia de interpretación del acuerdo por el cual se crea el ordinariato
(obispado) militar», admitió Bielsa al ser consultado sobre la relación del gobierno de Néstor Kirchner con la Santa Sede. Dijo al respecto que se registra una discusión de tipo «jurídica», por lo que propuso una salida mediante un nuevo Concordato entre ambos países.

El caso es que, según trascendió, la peregrina idea de modificar el tratado entre la Argentina y la Santa Sede partió de la influyente primera dama y candidata a senadora nacional por el Frente para la Victoria bonaerense, Cristina Fernández.

No obstante, el canciller
Bielsa se encargó de aclarar que «mientras tanto, monseñor Baseotto ha dejado de ser ordinario militar», algo que no se discute; lo mismo que su condición de obispo. Kirchner, mediante un decretoque fue cuestionado en su momento por el Vaticano, le quitó el aval del poder político argentino a Baseotto.

• Advertencia

El gobierno encaró más tarde oficiosas negociaciones con la Santa Sede para que se nombre a un nuevo obispo castrense, después que desde Roma llegara una dura advertencia sobre el riesgo que implicaba coartar «la libertad religiosa». Más tarde llegó una nota de la Secretaría de Estado vaticana, ratificando la autoridad del Papa en la designación de los obispos.

Claro que la Iglesia en estoscasos maneja sus propios tiempos. Como cuando Raúl Alfonsín se oponía a la designación de monseñor Antonio Quarracino como arzobispo de Buenos Aires, y recién pudo aterrizar en la curia porteña quien luego sería cardenal en 1990, en pleno gobierno de Carlos Menem.

Baseotto
fue cuestionado por el gobierno luego de que el religioso apelara a una durísima cita bíblica para criticar una postura del ministro de Salud, Ginés González García, sobre el aborto y su eventual despenalización.

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