Nilda Garré quebró ayer el silencio que se había impuesto en la difusión del espionaje naval en Chubut y prometió «actuar con toda severidad» ante hechos que calificó de «muy graves». Luego, a mediodía, recibió en su despacho del edificio Libertador al titular de la Armada, Jorge Godoy. A puertas cerradas la ministra dio instrucciones al marino para conjurar lo antes posible la crisis surgida en el seno de la inteligencia por la denuncia de un suboficial arrepentido que prestaba servicios en la base Aeronaval Almirante Zar. Godoy ofreció una solución con doble significado -político y profesional-, la designación del vicealmirante Enrique Salvador Olmedo, actual director general de Personal Naval, en reemplazo del relevado contraalmirante Pablo Rossi, ex director de Inteligencia de la fuerza. Olmedo reúne dos condiciones clave, sintoniza con uno de los pilares del poder kirchnerista: el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, y es conocida en la filas de la marina su mano dura a la hora de poner orden. Con un agregado menos importante pero eficaz en la percepción castrense: Olmedo es del cuerpo de infanteríade marina, especialidadque tradicionalmente viene impregnada de un aura de rigor castrense, desprendimiento criollo del modelo norteamericano.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Tampoco es profesional de inteligencia, condición que lo hace insospechable a la lupa del poder.
El conocimiento de Olmedo del universo kirchnerista se remonta a su pasaje por el comando de la fuerza de infantería de marina que tenía asiento en la ciudad de Río Gallegos. En aquellos tiempos Néstor Kirchner era gobernador de Santa Cruz y Julio De Vido uno de los funcionarios de la administración provincial. La caída del vicealmirante Eduardo Avilés, ex comandante de Operaciones Navales, que ató su suerte al destino del ex jefe naval Joaquín Stella, sindicado hoy como el principal protagonista del espionaje ilegal, abrió la puerta a nuevas designaciones y por estas horas se piensa en el contraalmirante Enrique Moujan para sucederlo en el cargo. ¿Cierta indocilidad de Avilés desconocida hasta ahora? ¿Tironeos con la conducción de Godoy por su enfoque autocrítico de la lucha antiguerrillera?
Incógnitas difíciles de despejar al calor de la mediatización del caso por su proximidad con el 30º aniversario del golpe militar.
Dejá tu comentario