19 de septiembre 2005 - 00:00

Justificó Cristina pujas con la prensa: defiende intereses, dijo

Cristina de Kirchner, elviernes en Washington,donde improvisó ante 110seminaristas sobre lasrelaciones entre el gobiernoy el periodismo. Ideasapresuradas, algo deconfusión, pero reveló clavesde por qué el gobierno sepelea con la prensa.
Cristina de Kirchner, el viernes en Washington, donde improvisó ante 110 seminaristas sobre las relaciones entre el gobierno y el periodismo. Ideas apresuradas, algo de confusión, pero reveló claves de por qué el gobierno se pelea con la prensa.
Washington DC - Los seminaristas que pagaron 800 dólares -más la estadía, porque 110 eran, todos de fuera de Washington- para aprender algo más sobre política y medios, no tienen mucho que agradecerle a Cristina de Kirchner por la disertación que dio el viernes en la George Washington University. Que participase del seminario para gente experimentada en la asesoría de prensa para políticos (la mayoría de los asistentes) una primera dama destacada de un país también muy conocido era un atractivo que merecía más que lugares comunes, algo que pudo evitar la senadora transmitiendo algo más valioso para ese tipo de audiencias, como un testimonio de su experiencia.

La candidata se desplazó en el último día de la visita presidencial hasta Washington (en avión de línea, se ocupó de aclarar después de que usase el año pasado para visitar a Hillary Clinton el Tango 01) y movilizó a los funcionarios argentinos que estaban en esa ciudad, desde los embajadores José Bordón y Rodolfo Gil a Alieto Guadagni, pasando por Teresa González Fernández, de paso por una reunión en la OEA.

Con esa vocación tercermundista por la exhibición del poder circunstancial como si fuera permanente, la comitiva de Cristina pidió 22 credenciales, incluyendo a cuatro profesionales de prensa y hasta al opositor Marcos Aguinis, que está de escritor residente en esta ciudad para escribir un libro y dar un taller de escritura, que naturalmente no asistió. El boato incluyó la exigencia de que se le sirviera no otra agua que la Nestlé de bajo sodio, que los organizadores de la charla se ocuparon de conseguir sin mucha recompensa. Los custodios que la acompañaban aportaron botellas certificadas. «La señora viaja con su propia agua», dijo displicente uno de esos guardianes mientras escrutaba la limpidez de la botella de plástico que le habían puesto en el podio.

La oferta a dar una charla sobre medios y política podía o no rechazarla Cristina porque el seminario era sobre «experiencias exitosas» de gobiernos «que comunican bien». Se ocupó de resaltarlo el director del programa de la Washington University en la presentación que hizo de la senadora: para él el gobierno argentino es ya exitoso, al menos en lo económico, y hay que escuchar a la señora para que diga si es porque comunica bien. Esa era la intención.

Cristina desmintió esta hipótesis. Cree que el gobierno es bueno porque «este presidente», que es su marido, gobierna bien pero no porque comunique bien, dijo, sino porque se hacen cosas buenas. Los comentarios que hizo sobre la prensa, tema que sobrevoló a alturas tan altas que le impidieron detectar problema alguno, no aportaron sino lugares comunes, fácilmente rebatibles, como por ejemplo decir que «la libertad de prensa no es para los periodistas sino para que el público tenga acceso a la información». ¿Podría la senadora, que además maneja la Comisión de Asuntos Constitucionales, explicar cómo se podría asegurar esta segunda libertad sin periodistas libres?

• Simplificaciones

Demasiada simpleza la trasladó a la descripción del sistema político que, dijo, se «articula» (su verbo predilecto) en partidos que son la expresión de intereses y un sistema de comunicación que ella descubre que también responde a intereses. Otra simplif icación: los partidos políticos pueden expresar intereses pero antes de ello, representan al público y sus derechos.

Además, por origen histórico, geográfico o aun de sector social, pueden agregar la defensa de un interés patrimonial (partidos obreristas, o de campesinos, o de comerciantes, etc.).

Esta teoría no es inocente porque se inspira en la politología de raíz autoritaria del siglo pasado en la que se crió el peronismo actual que describía el modelo ideal de democracia en una democracia de corporaciones en la cual las ideologías le dejaban paso a la defensa de intereses sectoriales. Esa democracia llamada «orgánica» que se intentó construir en España y en Portugal proponía esta suerte de sistema de democracia de mercado donde se conjugarían los intereses corporativos.

• Capciosa

Esta reducción es capciosa en la exposición de la senadora porque la usa para decir que los medios como sistema han dejado de cumplir el rol que tuvieron en el nacimiento del sistema político para encarnar también intereses comerciales e ideológicos. Esta simplificación lo que hace es justificar la descalificación desde la política del rol de los medios, algo que es parte de la habitualidad del gobierno que ella representa. El corolario sería obvio: en la selva en la cual todos defienden un interés, el sector que ella representa es superior porque representa los intereses del pueblo, de la mayoría, como si los demás partidos, o los medios que quedan equiparados a otro partido, defendiesen canalladas antinacionales y antisociales. Tanto parece creer en esto la senadora que volvió a decir en público: «En la Argentina ha habido economistas que han defendido las recetas que tanto daño le han causado al país y que están en contra de los intereses nacionales». En la charla que dio en The New School había dicho que ante esas posiciones «el gobierno debe ser inflexible porque enfrentar esas ideas -quizás las que aplicó su partido en la década de los años '90- es una política de Estado». La charla la comenzó con una declaración de modestia pero con destinatario: «Cuando se anunció mi presencia aquí -dijo-, un diario o un periodista dijo que yo iba a dar una clase de periodismo, pero no vine a eso, no soy experta en medios, no es mi profesión, soy abogada y política». Como todos quienes improvisan dijo que el problema se dividía en tres (siempre todo se divide en tres tesis, hipótesis, opiniones, soluciones, etc.) y por supuesto, le salieron cuatro... Jugueteó con las palabras «sistema de representación» frente a «sistema de comunicación» y se cansó de relacionarlos en conflicto y en armonía desde Mariano Moreno, pasando por Bartolomé Mitre (fundador, dijo, de uno de los diarios más importantes, pero mortificó a «La Nación» al llamarlo « general», por militar, ya que en esa casa se prefiere al Mitre historiador y abogado).

Por cierto que descubrió la importancia en esa relación entre los dos sistemas de la radio y de la TV, a la que atribuyó una magia única, informar en el instante y reducir un debate que antes llevaba meses en un parlamento a una definición en dos minutos. No aportó ninguna percepción sobre la cualidad del fenómeno;
sólo se dijo sorprendida por la magia de la TV que es la inmediatez. De ahí pasó a quejarse, obviamente, de la guerra del rating y de los animadores que quieren hacer pelear a los políticos en una relación, claro, «a veces perversa», se quejó.
Sin mucha información, elogió el hecho de que algunos diarios de este país adelantasen preferencias electorales. «Acá 'The New York Times' y el 'Washington Post' dicen: preferimos a éste u otro candidato, ésta es la línea editorial y lo vamos a apoyar», cuando en realidad ese pronunciamiento se hace horas antes de los comicios y no como anuncio de que se dará información sesgada en beneficio de alguno de los candidatos.

• Protestas

Sobre el final de la charla, los organizadores vieron que la senadora miraba el reloj y anunciaron que no habría preguntas. Un par de seminaristas saltaron enojados y recordaron que no se había cumplido el horario previsto -dolían los 800 dólares pagados y Cristina debía aún 15 minutos de exposición-. «Por favor, gritó un ecuatoriano enojado, no se ha cumplido el tiempoestipulado para la exposición.» Cristina debió acceder a responder a tres preguntas por escrito, con lo cual demoró más, algo que aprovechó para más autoelogio («soy como soy, así le gusto al Presidente, no soy esposa de nadie, soy senadora antes que él presidente -pero no antes de que fuera gobernador, a raíz de lo cual pudo recién ella ser senadora, a decir verdad-). Se calificó como de «pensamiento progresista».

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