11 de agosto 2005 - 00:00

Kirchner insinúa que no buscará la reelección

Néstor Kirchner retomó uno de los temas que cree le sirven para ganar adhesiones: prometió no eternizarse como presidente y jugueteó con la idea de que en 2007 puede no ir a la reelección. En tres pasajes de un discurso que dio en Berisso, junto a Cristina Fernández y Felipe Solá, el Presidente alardeó de que no quiere eternizarse en el cargo, criticó a los que no se quieren ir (todo el arco político criollo, no sólo los Duhalde) y habló de un final de mandato en 2007, algo que es cierto en lo técnico pero con aire de despedida. Por la noche, en un segundo acto en River Plate, redobló las críticas a Eduardo Duhalde, a Carlos Menem y a Luis Patti pero ya no habló de reelección (o no). ¿Teme que le tomen la palabra como él hace ahora con Duhalde y su promesa incumplida de no salir más de su casa?

Néstor y Alicia Kirchner presidieron anoche un acto en el microestadio de River Plate con jóvenes y no tan jóvenes que enarbolaron banderas de todo color, desde las peronistas clásicas hasta otras con el retrato típico del Che Guevara.
Néstor y Alicia Kirchner presidieron anoche un acto en el microestadio de River Plate con jóvenes y no tan jóvenes que enarbolaron banderas de todo color, desde las peronistas clásicas hasta otras con el retrato típico del Che Guevara.
Rercurso de campaña o prematura profecía política, Néstor Kirchner coqueteó con la ira de ayer que cuando finalice su mandato en diciembre de 2007 no buscará la reelección como presidente. «No vine a eternizarme» ni a « vivir toda mi vida como presidente», dijo.

Lo hizo ayer al mediodía en Berisso, en medio de su pulseada con Eduardo Duhalde, para condimentar la tórrida y estruendosa campaña del peronismo bonaerense. En tres ocasiones, con más o menos precisión, hizo referencia a que en 2007 no intentaría repetir como presidente.

«No vine a vivir toda la vida de Presidente»,
dijo en un tramo; «cuando esté terminando mi mandato en 2007», agregó 10 minutos después y, sobre el final, lo hizo por tercera vez: «No vine a eternizarme ni a quedarme por los años» como primer mandatario. No fueron referencias antojadizas: asomaron para reforzar el clima de batalla definitiva que Kirchner quiere darle a su riña con Duhalde y que, citando a su esposa Cristina Fernández, catalogó como un « final de época».

Se habrá relamido la oposición que lo escuchó por TV prometer que no irá a reelección.En el futuro, si no cumple, podrán reprocharle que él se ofendió cuando Duhalde ignoró la promesa de dejar la política para retomar su antigua pasión de martillero.

Los comentarios tuvieron un tono apocalíptico desacoplado del clima festivo que reinaba en Berisso.

• Ovaciones

Había otros motivos para explicar las sonrisas: entre Kirchner y Felipe Solá, el intendente Enrique «Quique» Slezack embolsó más de 80 millones de pesos en obras y subsidios.

Cada cifra, siempre con más de cinco ceros, que pronunciaba el locutor despertaba ovaciones que sólo empardó el actor
Lito Cruz, casi un embajador berissense, que al subir al escenario arrancó el aplauso más estridente del mediodía.

Una hora y media tuvieron que esperar las 4.000 personas que coparon el Polideportivo Municipal -no hubo micros o los camuflaron muy bien- que, respetando la doctrina Albistur, prescindió de simbología peronista. (No ocurrió lo mismo por la noche en otro acto en River organizado por el ex duhaldista Mariano Cascallares.) Sin embargo, entre gorjeos -una anguina lo asaltó al amanecer-,
Kirchner remitió a sus años de militante «de la JP» para reforzar su pertenencia peronista. Fue oportuno: en Berisso, en 50 años, el peronismo no perdió una elección.

Quizá,
Kirchner entibie el «vino de la costa», made in Berisso -muy áspero pero dulzón- que le regaló Slezack para combatir una anguina que, por ósmosis, también afectó a Solá. Cristina, como obsequio, se llevó dulces de la zona.

Hasta ahí la miel. En los discursos todas fueron lanzas. Slezack se ensañó con los
Juzwa, Elsa y Néstor, hiperduhaldista que lo combaten; Solá se abalanzó contra el duhaldismo -«se terminó el tiempo del caudillismo»- y Kirchner repartió castigos a discreción: desde los Duhalde (a quienes volvió a criticar por la noche) hasta López Murphy.

Detrás del trío orador, intendentes -
Julio Pereyra, Sergio Villordo, Julio Alak, Alejandro Granados, entre otros-, ministros y legisladores se enrojecían las manos con aplausos furiosos cuando Kirchner prometía que «nada ni nadie» lo hará «retroceder».

«Yo voy por el cambio
-señaló-. Si me caigo en el camino, me caigo con la bandera levantada».

Casi sobre el cierre, hizo la primera y única referencia a su esposa-candidata, presente en el acto. «Me lo dice Cristina cuando se levanta a la mañana: 'Aguantá, seguí aguantando, luchá, peleá, no bajés los brazos. Néstor, estamos en un final de época'. Y es así», empezó la despedida.

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