2 de marzo 2004 - 00:00

Kirchner: "No somos el gobierno del default"

Néstor Kirchner se mostró duro ayer con el FMI y acreedores ante la Asamblea Legislativa. Fue un discurso a medida de la platea que lo escuchaba: ante legisladores que siempre buscan seducir los presidentes. Atacó a los bonistas por haber comprado deuda predefault cobrando altas tasas y dijo que el Fondo debía hacerse responsable por el aumento en la deuda en los últimos 10 años. Pero lo más importante del Presidente ayer fue que dejó claro que su proyecto no es el default y puso a la deuda como problema central del gobierno. Ratificó la estrategia planteada en Dubai, pero se cuidó de no mencionar la quita de 75%. Un elemento clave. Cosechó los aplausos que fue a buscar y pareció endurecer la posición frente a la negociación, mientras lo escuchaba afuera una manifestación en la plaza convocada para apoyarlo. Faltaron, es cierto, anuncios concretos para el futuro, más allá de confirmar que habrá una nueva ley laboral. Desde el principio no pareció ser un acto destinado a difundir programas de gobierno.

Kirchner: No somos el gobierno del default
Néstor Kirchner dedicó casi la totalidad de su discurso ante la Asamblea Legislativa a repasar las medidas que tomó su gobierno desde que asumió hace ocho meses y ratificar la política a futuro en la negociación de la deuda. No fue una pieza oratoria que se destacara por los anuncios, mas allá de ratificar la política de negociación con los tenedores de bonos en default, pero sin mencionar en ningún momento el porcentaje de 75% de quita. Sólo confirmó que el gobierno seguirá en la línea de la propuesta de Dubai.

Pero fue más que curioso, y hasta despertó sonrisas en el recinto, cuando el Presidente dijo que no tenía prensa adicta: «No tengo radios, ni micrófonos, ni diarios. Escriban lo que quieran», dijo poniéndose en la posición de un gobierno atacado por las críticas cuando se sabe que en general la prensa lo ha mimado.

El discurso presidencial comenzó con más de una hora de retraso en relación con lo fijado en el protocolo del acto. Durante todo ese tiempo, los diputados y senadores esperaron caminando por el recinto, no acostumbrados a una demora de ese tipo. Cuando finalmente ingresó a la Asamblea Legislativa, el cansancio por la espera pareció desaparecer y fue recibido con un aplauso y un beso de Daniel Scioli.

Mientras en la calle una no demasiado nutrida multitud lo escuchaba, Kirchner comenzó con un repaso de las medidas que tomó desde que asumió en relación con la distribución de planes sociales, política de obras públicas, mercado laboral y, sobre todo, negociación de la deuda.

En 67 minutos de exposición, ante un recinto colmado de legisladores, funcionarios, gobernadores y otras autoridades nacionales, explicó su concepto de «capitalismo en serio», y advirtió enfáticamente que con su equipo de gobierno «no vinimos a claudicar».

Más allá de los mensajes hacia los tenedores de bonos en default, el G-7 y el FMI, en distintos puntos de su exposición, Kirchner marcó diferencias con anteriores gobiernos, sobre todo con el de Carlos Menem y el de Fernando de la Rúa, pero también con el de Adolfo Rodríguez Saá cuando dijo: «Este no es el gobierno del default». El sanluiseño escuchó desde la banca esta crítica sin inmutarse: es diputado nacional desde el 10 de diciembre. Quizás quiso recordar en ese momento el Presidente lo que su jefe de Gabinete reconoció hace algunos meses: que no se había incorporado al gabinete de Duhalde por no estar de acuerdo con la forma en que se salió de la convertibilidad y cómo se dejó de pagar la deuda.

• Interrupciones

El discurso de Kirchner fue escuchado desde la Plaza de los Dos Congresos por la concentración organizada para respaldar la gestión. Kirchner fue interrumpido en 25 oportunidades por los aplausos de los presentes en el recinto de la Cámara baja, un número alto si se lo compara con el último mensaje de De la Rúa cuando se escucharon aplausos sólo 7 veces.

Las frases que provocaron los mayores aplausos fueron las que marcaron su posición respecto de la reivindicación de la soberanía de Malvinas y sobre el futuro del ALCA, donde señaló que «
no nos sirve cualquier acuerdo de libre comercio».

Mencionó la necesidad de «
derrotar la cultura de la prebenda o del clientelismo», sostuvo que el país « tiene que crecer generando empleo», y, en materia de seguridad, consideró « centrales» el « respeto por los derechos humanos» y « la ruptura de cualquier lazo de complicidad entre sectores dirigenciales, y sectores de la Policía y de la delincuencia».

Aunque se ajustó a lo incluido en las 25 carillas de su discurso,
Kirchner improvisó en un tramo para hacer referencia a la lucha contra el terrorismo internacional y mencionó la apertura dispuesta en los archivos de la SIDE para aportar información a la causa que investiga el atentado contra la AMIA. Sobre el final, volvió a improvisar apuntando a los que lo critican por su posición frente a la deuda, pidió respaldo al pueblo argentino y agradeció su «acompañamiento permanente».

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