Lejos, perdida en la memoria, quedó la fotografía de Néstor Kirchner junto a Lula da Silva, navegando en el Sur, escoltados por Víctor De Gennaro. Eran los primeros tiempos del patagónico como presidente, y el gremialista, protegido por el brasileño, circundaba Olivos.
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Aquella sintonía hoy es cenizas: en setiembre, la CTA elige jefe, y la Casa Rosada planea enfrentar -y según sus cálculos, puede derrotar- al bloque que comanda De Gennaro, que en el último tiempo se volcó hacia un perfil marcadamente opositor al gobierno.
Existe, quizá, cierto desprecio de Kirchner por el líder de la central paralela. Alguna vez lo imaginó como un puntal del esquema del kirchnerismo y hasta lo tentó para que sea candidato del Frente para la Victoria en la provincia de Buenos Aires en octubre pasado.
Ahora, el ceteísta tiene la cara pintada: asesorado por el economista Claudio Lozano y limitado por el PC y el PS -que lo empujan hacia una postura ferozmente opositora-, De Gennaro se alejó de Kirchner y se ubicó a una distancia que parece casi irreversible.
Queda, como único puente, Edgardo Depetri, diputado nacional por Buenos Aires, que viene del Sur -donde se vinculó a los Kirchner- y antiguo socio de De Gennaro. Como un bígamo de la política, Depetri zigzaguea entre el Presidente y el ceteísta, en busca de un pacto entre ambos.
El gremialista, que domina una porción de ATE, rema en la arena. Kirchner le trasmitió tiempo atrás su posición. «Andá vos como candidato, vamos a elecciones y ganamos. Y listo: ahí se terminó», prepoteó el santacruceño al sindicalista ausente.
De Gennaro, a su vez, hace flamear una amenaza: asegura que no quiere seguir siendo secretario general de la CTA y que este año entrega esa butaca. Sin De Gennaro, esa central se embarcaría irremediablemente hacia una disputa brutal y, quizás, a una fractura.
Le guste o no a Kirchner, el líder que alguna vez soñó con emular el PT lulista en la Argentina (de más está decir que fracasó) es el principal -sino el único- garante de la unidad de la CTA. Eso huele, a priori, a mal dato. Pero, ¿le interesa a Kirchner la CTA?
Profecía
Los kirchneristas que habitan las oficinas de la avenida Independencia advierten que, aun crítica, esa central es un polo político que podría tener mayor cercanía con el gobierno. «Es un hecho que, en algún momento, la CGT va a jugar en contra de Kirchner», profetizan.
En esencia, el concubinato entre Kirchner y el camionero Hugo Moyano -que, por caso, frenó el reconocimiento oficial a la CTA- es el elemento que más daña la alternativa de una cercanía entre la CTA y la Casa Rosada. No lo quiere De Gennaro ni lo quiere la CGT.
Con el calendario en marcha, el kirchnerismo comienza a hacer números para la batalla que viene. Algunos detalles para tener en consideración:
Kirchner pidió ir por la CTA. Entre lo que aglutinan Depetri, Luis D'Elía con su FTV y un tercer sector integrado por grupos dispersos, el kirchnerismo tendría número como para vencer al ala crítica que encabeza De Gennaro, se alimenta de las visiones que construye Lozano, y riegan el socialismo y el comunismo. Aporta, además, Pablo Micheli, de ATE.
Pero como antecedente, el congreso realizado en Mar del Plata, en marzo, supuso que se estaba cerca de la unidad. En esa cumbre se creó una doble secretaría adjunta debajo de la Secretaría General pensada para que, con De Gennaro en ese cargo, luego se ceda un adjunto para los pro Kirchner y otro para los anti-Kirchner.
Ese esquema, nunca del todo consolidado, ahora flaquea no sólo por lo que sugiere Kirchner, sino también por el pliego de condiciones que despliega De Gennaro en la negociación: reclama el control de la futura conducción y veta, expresamente, a Luis D'Elía como miembro de la mesa por el ala kirchnerista. Las condiciones no son aceptadas por el kirchnerismo.
Sigue el diálogo entre las partes, pero resuena la sugerencia de Kirchner de que Depetri sea candidato, ante lo cual De Gennaro daría un paso al costado -dice que sólo sería candidato si hay unidad- y se produciría un enfrentamiento entre los dos grupos que se combaten en ATE: Depetri y Micheli. Julio será un mes agitado porque en agosto deberán despejarse esas dudas para entrar a cumplir el proceso electoral que supone una votación nacional en una central que, dicen, tiene más de un millón de afiliados.
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