Menos de 24 horas después de que el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, vinculara la cumbia villera con el delito, el animador Daniel «la Tota» Santillán, conductor de «Pasión de sábado» y referente obligado de tales ritmos, recibió una insólita disculpa de Néstor Kirchner: «Yo banco a la cumbia villera», tranquilizó el Presidente a «la Tota» durante una breve reunión en Casa de Gobierno, donde fue invitado. Increíble.
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Asomándose, fuera de agenda, a la reunión que Santillán mantenía con el detractor de esa música y con el ministro del Interior, Aníbal Fernández, Kirchner fue más allá todavía y agregó: «¿Quién no vio alguna vez 'Pasión de sábado'?». Halagado, su conductor no dejó pasar la ocasión para invitar al Presidente a que concurra en vivo a alguno de los próximos programas, generando casi una afinidad similar a la que existió entre el Soldado Chamamé y Carlos Menem. Kirchner, que sólo había revelado en el pasado una debilidad semejante por «El show deVideomatch», no declinó el convite a participar en el show televisivo más importante de un género musical al que consagraron grupos como Los Pibes Chorros.
Ayer, también, luego de las declaraciones de Fernández, varias autoridades en la materia, incluido el propio «la Tota», opinaron sobre el fenómeno. Santillán identificó la cumbia villera con una parte de «la cultura de los pueblos», aunque admitió que con algunas de sus letras «está totalmente en desacuerdo». Menos mal, porque idolatran la droga y la violencia, justifican robos y denigran a la Policía. Pero a Kirchner le gusta...
Desde la Universidad, el titular de Cultura Popular y Masiva de la UBA, Pablo Alabarse, dijo en radio «La Red» que era «de una ignorancia supina vincular la cumbia villera con el delito». Según Alabarse, esa música «es una muestra de que están pasando cosas muy complicadas y preocupantes en la sociedad, y una expresión cultural que habla de una situación social de exclusión, abandono y expulsión del mercado de un sector social». Fernández, lamentablemente porque tenía el apoyo de los moderados y de las familias, se sintió obligado a atemperar su definición del martes con una serie de expresiones un tanto obvias, que no lo mostraron demasiado arrepentido: «La cumbia villera es una expresión musical, que no es menor, y que cuenta lo que pasa en esos sectores», zafó.
El rock, muchas veces a lo largo de su historia, debió enfrentar estas acusaciones (a veces, fomentado por sus propios creadores por razones de mente mercantilistas).
Así, se recuerdan los «mensajes satánicos» subliminales en discos de Kiss o de Guns N'Roses (había que escuchar la grabación en sentido inverso para oír el mensaje), y hasta los mismos Beatles, en algunos temas, recibieron similares cargos. Sin embargo, la condena a la cumbia villera recuerda mucho más el anatema que cayó durante un tiempo, en los Estados Unidos, sobre el « gansta rap», música nacida de los «slums» o barrios bajos marginales.
Aparte de todo ¿no tendrá cosas más importantes que hacer el presidente de la Nación que dedicar audiencias a apologistas de canciones de la droga cuando no recibió a Carly Fiorina de Hewlett-Packard que invirtió en Brasil 100 millones de dólares? Como dijo el cardenal Bergoglio: «Terminemos con las actitudes adolescentes». ¡Cuánta razón!
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