22 de julio 2005 - 00:00

Kirchnerismo se niega a sesionar con Bancalari

«Si no se acuerda el cambio de conducción en el bloque, el 3 de agosto no hay sesión.» Ese fue el mensaje que dio ayer un operador del kirchnerismo de Diputados al duhaldismo para intentar, una vez más, la renuncia de José María Díaz Bancalari a la presidencia de la bancada PJ. Esa sesión está convocada por Eduardo Camaño, presidente de la Cámara, para intentar destrabar la parálisis que ronda el Congreso desde que se inició la pelea entre los diputados K y el duhaldismo para forzar un cambio en la conducción y debatir uno de los proyectos que pidió el Presidente, la ley de educación técnica, cuando «denunció» el poco trabajo que se detecta en Diputados.

Ayer, por si faltaba agregar algún complemento a la guerra, Camaño -que lidera la resistencia duhaldista en Diputados-se despachó contra la campaña personal que Kirchner está haciendo en la provincia de Buenos Aires, en una réplica al Presidente por haber desembarcado en municipios duhaldistas: «El Presidente debe estar en campaña de gobierno, no en campaña política. Esta es la obligación que tiene, no puede atacar a sus adversarios; peor, atacar a aquellos que les permitieron llegar al lugar donde están. Esto no solamente no es bueno para el peronismo, sino que es malo para el país». Y defendió también a Bancalari por su decisión de integrar la lista junto a Chiche: «Ese día lo castigaron para siempre. Es como si hubiera sido la sombra negra. No lo dejan subir, no al Tango 01; no lo dejan subir ni siquiera a un avioncito de papel. Es como una venganza».

El conflicto estalló cuando Díaz Bancalari aceptó el segundo puesto en la lista de senadores bonaerenses, detrás de Hilda Chiche Duhalde. Desde ese momento, el kirchnerismo le reclama dar un paso al costado por no ser compatible su candidatura con el proyecto político de Néstor Kirchner, «al que representa como jefe de la bancada», dicen. En medio de tanta confusión institucional en los conceptos --típico de un momento donde los límites entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo son difíciles de detectar-, el duhaldismo replicó que la posición de Díaz Bancalari no era en ningún caso incompatible con el gobierno del bloque PJ.

Pero el kirchnerismo inició una junta de firmas para apoyar su posición y consiguió que públicamente -aunque con subterfugiosel propio Kirchner ordenara el cambio de conducción.

Por eso, como quien ya controlalos hilos del bloque, el kirchnerismoestuvo ayer operando directamente sobre la salida de Díaz Bancalari: «Le enviamos el petitorio con las firmas, tuvimos el tino de no poner la mitad más uno del bloque, ya que tenemos más apoyos, para no herir con una salida a la fuerza, y sabe que el Presidente lidera este cambio. Entonces, no sabemos por qué no renuncia honrosamente ya», alardeaba la conducción del subloque K.

Para el duhaldismo, el problema es que Díaz Bancalari está agotado por la puja. Y por eso, a pesar de seguir declarando ayer sus diputados que no habrá renuncia al bloque, algunos se animaban a predecir que el desenlace será en 48 horas.

Dos son entonces los escenarios que evalúa el oficialismo:

• Una renuncia rápida de
Díaz Bancalari y la constitución de una nueva mesa de conducción «consensuada entre todos y como transición para mantener el Congreso en paz hasta después de octubre», ofrecen. En esa mesa quieren sentar un representante por cada sector, pero ya hay vetados -como los actuales integrantes por el duhaldismo-, con lo que la propuesta se vuelve doblemente irritativa para los bonaerenses.

• Que
Bancalari no renuncie y resista en su cargo. En ese caso, prometen, forzarán un cambio de conducción en el que, al igual que el duhaldismo, no piensan resignar el sello oficial del PJ. Traducido: si no hay acuerdo, que se vaya el duhaldismo del bloque, ellos se quedan. El problema es que es lo mismo que hoy sostiene el resto de la bancada peronista.

La pelea fue abonada ayer por las declaraciones de Camaño, no sólo contra el Presidente, sino atacando al resto del kirchnerismo. De todas formas, la crítica al propio
Kirchner es inédita, pensando que llega del tercer hombre en la línea de sucesión presidencial: «El presidente Kirchner está muy metido en la política interna del peronismo en vez de gobernar. Su acción parece ser la destrucción del peronismo, y eso es algo que yo no voy a permitir», dijo.

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