27 de julio 2004 - 00:00

La salida de Béliz mejora acuerdo Kirchner-Duhalde

Eduardo Duhalde
Eduardo Duhalde
Un festejo, contenido pero uniforme, planeó de punta a punta sobre la provincia de Buenos Aires por la salida, conflictiva y a los tumbos, de Gustavo Béliz del gabinete de Néstor Kirchner, movimiento que además elimina un factor de tensión entre el Presidente y los bonaerenses.

Jamás, desde Eduardo Duhalde para abajo -incluyendo a Felipe Solá y los intendentes-, el PJ de Buenos Aires digirió la designación del porteño en un ministerio extremadamente sensible como el de Seguridad, materia siempre ácida y conflictiva para los bonaerens es. Ni hablar de la tortura que fue la relación entre el ex ministro y Juan José Alvarez cuando éste fue por dos meses ministro de Seguridad de Felipe Solá.

Fue Béliz quien saturó los micrófonos con pestes sobre el nexo, siempre sospechado pero nunca probado, entre caciques peronistas y bandas de delincuentes. Y esa mención recurrente, que Kirchner nunca ordenó interrumpir, tenía como objetivo último al propio Duhalde.

Pero, más que nada, hacía blanco en los intendentes. Por eso, el júbilo por la expulsión de Béliz fue más ostentosa entre los caudillos del conurbano quienes ayer no ocultaban su felicidad.

El fin de semana, el ex presidente Duhalde -que hoy parte a Brasil-comentó con sus íntimos los cambios que apuró Kirchner. No se ensañó con Béliz pero deslizó un comentario sobre el regreso de Iribarne al cargo en que él lo designó durante su interinato.

«Me compadezco de Alberto. Es un momento muy difícil para estar en ese lugar»
, analizó el bonaerense.

A pesar de eso, Duhalde no fue ajeno a la nominación de Iribarne. Fuentes duhaldistas confiaron ayer que el ex presidente mantuvo un contacto, el sábado último, con el presidente Kirchner.

Por entonces,
Béliz no había esparcido su inquina contra el gobierno. Recién después de eso, Duhalde disparó una interpretación odiosa para Olivos: en una ronda reservada, reprochó que Kirchner manejó «sin tacto» la salida de su ministro y, por eso, pagó el costo de las críticas de Béliz.

• Remanso

A pesar de eso, al esfumarse el porteño del gabinete nacional desaparece un factor de continua tensión entre Kirchner y el PJ de Buenos Aires. Surge, además, como un remanso en la siempre serpenteante relación entre el Presidente y su antecesor.

No es, claro, el único cortocircuito entre ambos, pero sin
Béliz hay uno menos.

También para
Solá la remoción del porteño fue un alivio. «El trabajo en conjunto entre provincia y Nación en el tema seguridad no sólo va a continuar, sino que va a mejorar», dijo, y recordó su buen nexo con Iribarne -con quién compartió aula en la adolescenciay Horacio Rosatti, el santafesino que reemplazó a Béliz.

Solá
lidió con Béliz en la peor hora: en cada secuestro, desde el despacho del porteño -que, según los duhaldistas, fue la mayor usina de ataques contra la provincia-orientaban todas las sospechas sobre policías bonaerenses. A pesar de eso, y tras reconocer sus diferencias con el ahora ex ministro, lo consideró un «hombre de bien».

Quien menos celebró el recambio fue
León Arslanian. A pedido de Kirchner, el ministro bonaerense había logrado un trato templado con Béliz que se interrumpió cuando dos semanas atrás desde la Casa Rosada tentaron a Arslanian para reemplazar al porteño.

El miércoles pasado, antes de subirse a un avión con destino a EE.UU.,
Arslanian descartó esa posibilidad. Por ese lado, Solá recuperó tranquilidad: a pesar de que su trato con Arslanian es fluctuante, hasta ahora logró apagar la hoguera de la inseguridad.

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