10 de noviembre 2000 - 00:00

LAS RAZONES O SINRAZONES DEL DENUNCIANTE ALVAREZ

Los hechos públicosrodeados de heroici --dad o muerte, si son protagonizados por conocidos,inicialmente impactan. Luego comienzan a decantarse a su real valor. En esteúltimo tiempo en la Argentina hay gestos de ese tipo de no conocidos -por casodecenas de policías que murieron en cumplimiento de su deber de proteger a lasociedad por sueldos magros-que impactan pero no más allá del momento y lamemoria colectiva, con cierta culpabilidad, apura el olvido.

De los otros, de laheroicidad o muerte de las personas conocidas por el público y capaz de tocarsus sentimientos, el país ha tenido en poco tiempo tres casos: la muerte delcantante Rodrigo, el suicidio del cirujano René Favoloro y la renuncia del vicepresidentede la Nación, Carlos Chacho Alvarez.

De los 3, en eldecantamiento inevitable que sobreviene tras el golpe emotivo, muyprobablemente uno perdurará en emotividad hasta transformarse en hito, hastaser capaz de avanzar en recordación de las masas más allá del primeraniversario en que siempre se recuerda. Seguramente será la muerte de Rodrigo,un sentir popular que perdura como una injusticia del destino encaminándose ala muy restringida categoría de ídolo.

Los otros dos deimpacto en el momento, renuncia a la vida de Favaloro por suicidio y renuncia aun cargo público electo a los 10 meses de asumirlo por Alvarez, no parecenaguardarles el mismo luminoso destino porque, en definitiva, como empieza anotarse ya ahora en Alvarez y antes en el médico, tienen un ingrediente que noagrada: implican renunciamiento a la lucha, a la pelea en pos de las ideas quese sustentan. Inclusive, hacen pensar, cuando menos, en trastornos depersonalidad.

 

Elementalidades

 

Si se hila en loprofundo, se sale de preguntas tan elementales como ¿si el presidente De la Rúaterminó aceptando las renuncias del senador Genoud y del ex ministro AlbertoFlamarique, qué era lo que pedía Chacho Alvarez?, ¿por qué no lo hizo antes yse evitaba la dimisión del ofendido vicepresidente...?

La respuesta esobvia: si el presidente de la Nación aceptaba todas las imposiciones de suvicepresidente, si permitía que éste le digitara qué hombres sí y qué hombresno debían estar en su gabinete de ministros perdía el poder y, en ese temiblecaso, el que debía renunciar era De la Rúa y no Alvarez.

O sea que el hombredel Frepaso lo puso, con sus planteos, al Presidente en un callejón sin salida.Y se puso él mismo en esa situación. Eso es lo que empieza a meditar hoy lagente.

 

El arma: micrófonos

 

Ningún hombrepúblico -y menos si se mueve en caminos tan intrincados como los de lapolítica-puede tener seguridad en sus planes, razones u opciones si tienen queser expuestos con tan poco tiempo de meditación como el que les brinda elrenunciante vicepresidente, acosado pero también entusiasmado y predispuesto aexpandir continuamente sus pensamientos por todos los medios de comunicaciónposibles. 

En esa catarsis decrear definiciones y hacer surgir plan-teos casi improvisándolos frente amedios periodísticos, Chacho Alvarez terminó creando encrucijadas insalvables.

Su renuncia, endefinitiva, comienza a parecer una chiquilinada, algo que definió mejor quenadie quien es siempre dura referente pero que militó junto a Alvarez y loaprecia: «Es una actitud estudiantilsetentista», dijo.

 

Tras esa verborragiafrente a grabadores, micrófonos y cámaras, que lo aprisionó en un laberinto sinsalidas, Chacho Alvarez deja definiciones que no se borrarán: «No será fácil deahora en más pensar en comprar una ley en el Senado», dijo. Es cierto. Aunqueno haya sido ése el principal motivo de su alejamiento el pago alto de unarenuncia a la vicepresidencia de la Nación, a sólo 10 meses de haber sidoelecto, no puede derivar en el retorno a la inmoralidad de cómo se sancionaronmuchas leyes en el Congreso Nacional.

 

  Puerilidad

 

Deja empecinamientosinjustificables que lo acercan más a la definición de puerilidad que comienza ateñir su renuncia. No puede ser más que un caso de envidia personal suembestida casi tonta contra un buen ministro como fue Alberto Flamarique enestos 10 meses. El mismo Alvarez se encargó de aclarar públicamente que deninguna manera lo vinculaba a la presunción de sobornos en el Senado. O sea,simplemente lo odió porque llegó de su mano a ministro y terminó ganando imagenen el sector empresario productivo del país y recogiendo una confianza especialdel Presidente. Un ataque absurdo de Alvarez.

Quienes tratan dejustificar el alejamiento del promisorio y audaz Flamarique -sin duda elministro más efectivo que tuvo el gobierno de la Alianza en estos 10meses-invocan que actuó primero en el peronismo; lo vinculan a José LuisManzano; que luego se pasó al Fre-paso y terminó junto al radical De la Rúa.

Con el mismocriterio -y más aún-habría que descalificar también al propio Alvarez, que seinició en el peronismo juvenil y terminó enfrentado al mismo Juan Perón; seunió a Octavio Bordón de derecha y terminó repudiándolo; se unió al peronismode Carlos Menem y concluyó odiándolo; se unió en Alianza con el radicalismo yterminó alejándose. Además de mostrar tal trayectoria la permanenteinestabilidad o juego de apertura de espacios sólo personales Alvarez demostróque el zigzagueo que le atribuyó en política a Flamarique era injusto. Esteministro no fue tan importante por lo que hizo, por caso la reforma laboral queterminó sacando del Congreso como un híbrido. Lo fue porque intentó la únicamedida real-mente audaz e importante de 10 meses de la Alianza: el proyectooriginal de reforma laboral que, de haber sido sancionado tal cual (y podíahacerlo porque lo apoyaban los fuertes gobernadores peronistas), el país noseguiría en recesión, el gobierno tendría imagen de activo y hasta revolucionario,las inversiones hubieran retornado, el desempleo disminuido por la mayoractividad y los salarios aumentado por reducirse los costosos emolumentosestériles que hoy se lleva el sindicalismo burocrático.

 

    Empecinamiento

 

El ataque de Alvarezcontra Fernando de Santibañes tampoco tiene asidero racional. Y reiterarloahora desde el llano aumenta el deterioro de Alvarez tras su renuncia. Sólo sejustificaría este empecinamiento con el titular de la SIDE, se piensa, en unsolo motivo: sus elucubraciones. Chacho Alvarez pensó -y piensa-que el únicointerlocutor político con las fuerzas productivas, empresariales e inversorasnacionales y extranjeras debió ser él, Carlos Chacho Alvarez, a quien sin muchosentido se le adjudican tendencias al Fujimori peruano o a Chávez, elsemidictador actual venezolano. Alvarez aspiró siempre a ser «el FelipeGonzález argentino» y estar similares 12 años en la cabeza de un gobierno,desde el arranque con una base política socialista para ejecutar una gestión delibreempresa con apoyo empresario, como hizo el otrora líder español. Porsupuesto, con planes sociales exagerados y déficit fiscal hasta que se endeudetotalmente el Estado y tenga que venir una economía ortodoxa -José María Aznarhoy en España-que normalice y recupere las arcas públicas, lo normal y repetidotras toda etapa «distribucionista».

El error grande deAlvarez en este sentido es que equivocó los tiempos: Carlos Menem en 10 añoscumplió las dos etapas políticas de todo país, acumuló primero sobre losdespojos en que recibió el gobierno en 1989, pero de inmediato repartió -yantes de tiempo-en sus últimos pocos felices años de gestión. Por tanto, estaépoca y esta etapa de un gobierno argentino no son de «reparto» sino de«acumulación» (que no se logra por lo que hace más utópico, al menos en elcorto plazo, el sueño de Alvarez por el cual alguna vez se unió a OctavioBordón -»para que me atraiga al sector empresario», declaró- y lo enfermabaahora la posibilidad de que De Santibañes o Flamarique pudieran atraer miradasdesde el capitalismo).

 

    Mejora indirecta

 

De la Rúa zafó bien,aunque degrada en imagen buscando competirle al renunciante en declaraciones amedios y presentaciones televisivas. En esta absurda vorágine a cambio de nadadejó ir lo mucho que podría aportarle Flamarique, por un burócrata radical desiempre en la Secretaría General de la Presidencia. Hasta se peleó con su amigoNicolás Gallo sacándole el Ministerio de Infraestructura para que el titular deEconomía, José Luis Machinea, no tenga excusas de entorpecimientos a la hora derendir examen de resultados.

En realidadindirectamente De la Rúa acertó: su poco político amigo Gallo lo llevaba a unagrave encrucijada al exagerar la obra pública planeada para satisfacer amigosque habían financiado parte importante de la última campaña proselitista quellevó al triunfo electoral. El favor pasó y Machinea sin compromisos, adiferencia de Gallo, no necesita quintuplicar a la construcción aquel aportepreelectoral.

Finalmente en susgolpeteos sin mucha lógica en la mayo-ría de sus declaraciones Alvarez dejaideas para meditar a la sociedad argentina. Ideas, más allá de depurar elCongreso, que se tornan interesantes y que prenden porque tocan algo que muchagente empieza a pensar: por ejemplo, que con su persistente y secreto accionardesde las sombras el radical «Coti» Nosiglia sigue ganando espacios en elgobierno de De la Rúa. La figura nueva más prominente del nuevo gabinete es suex cu-ñado Chrystian Colombo. Su primo es el senador por Misiones, MarioLozada. Pero eriza muchas pieles que Nosiglia avanza también en todas lasactividades, por caso en el PAMI, en el menemismo por su eterna relación con elsindicalista de los «gordos» Luis Barrionuevo y hasta en el fútbol porqueencabeza hoy la embestida contra el titular de la AFA, Julio Grondona.

En ambientespolíticos del Frepaso se recrea a «Coti» Nosiglia con la repetida pero certerafigura del «monje negro» que alguna vez fue el monje ruso Rasputín, frente alpoder decadente de los zares. Chacho Alvarez no sólo ha sido enemigo mortal deNosiglia sino que ahora alerta sobre su poder creciente desde lastrastiendas. 

 

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