Lavagna, muy fértil para despertar a antagonistas
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No hubiese sorprendido tanto del clan que responde a Adolfo Rodríguez Saá, que pataleó cuando vio la semana pasada la foto de Sarghini, jefe del bloque Justicialismo Nacional, con Lavagna. Esa instantánea despertó en San Luis un reproche contra el bonaerense.
Alvarez, Sarghini, Camaño y De Narváez habían llegado, fascinados, surfeando sobre el protagonismo que les devolvió la irrupción de Lavagna como candidato no declarado. Suponían erróneamente que sus pares de bloque no podrían resistirse a la tentación.
Por el contrario, en vez de sumar adhesiones a la postulación del ex ministro, chocaron con una novedad: entre once comensales, había seguidores de cuatro candidatos a presidente: además de Lavagna, se levantó la postulación de Menem, Puerta y Macri.
Una horas después, en el Congreso, se sumaría el quinto. «Yo (a Lavagna) no le tengo respeto intelectual», diría Luis Lusquiños, diputado por San Luis, puño derecho de Adolfo Rodríguez Saá, en la reunión de bloque de ayer al mediodía. «Nuestro candidato es El Adolfo», afirmó.
Más allá de esos sacudones, todos los actores del truco de cinco que es el Justicialismo Nacional coincidieron en un punto: que no hay clima ni intención de producir una ruptura en el bloque, definición que es menos terminante en boca de los adolfistas.
Anteanoche, mientras los demás estaban en El General, regresado de Europa, Rodríguez Saá se rodeó de los suyos para perfilar una contraofensiva: «Si no nos dan la jefatura del bloque, nos vamos», le sugirieron. Ese pedido nunca fue pronunciado por Lusquiños en la reunión de bloque.
«Tenemos un acuerdo parlamentario que nos permite a cada uno tener su candidato», es la letanía que repite una y otra vez Sarghini para soplar lejos los nubarrones con riesgo de quiebre en la bancada que preside.
«No hay posibilidad de ruptura», suturó, a su vez, Adrián Menem. «Somos un bloque opositor y tenemos identidades distintas», se plegó más tarde Ritondo. Anoche, el adolfismo que ordena Hugo Franco, promotor de tensar la cuerda al extremo, exudaba furia contra Lusquiños.



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