Londres desmintió haber aprobado volar a Malvinas

Política

El gobierno inglés negó ayer, a través de su embajada en la Capital Federal, que haya algún avance con la administración de Buenos Aires para establecer vuelos regulares entre la Argentina y las islas Malvinas. Fue la primera reacción de Londres a la resolución de la Secretaría de Transportes, publicada en el Boletín Oficial de ayer, por la cual se autoriza a la empresa estatal LAFSA a cubrir la línea Buenos Aires-Puerto Argentino con escala en Comodoro Rivadavia, ida y vuelta.

Voceros de la embajada británica en Buenos Aires se dijeron extrañados por esa decisión, ya que el único acuerdo para vuelos regulares que tiene autorización es con la empresa LanChile que, agregaron, se operan una vez por mes con escala en Río Gallegos.

Más socarrón el gobernador inglés de Malvinas, Howard Pearce, dijo que hablar hoy de vuelos regulares de la Argentina a Puerto Argentino es una « fantasía». Esa expresión de rechazo potenció la naturaleza simbólica de la medida del gobierno nacional que equivale a conceder algo que no posee a una aerolínea que no existe (LAFSA en realidad es una oficina que opera los vuelos de la privada y subsidiada Southern Winds).

Según esos voceros ingleses, existen acuerdos para vuelos privados, pero no se ha autorizado ninguno como el descripto en la Resolución 350/2004 que firma ayer el secretario
Ricardo Jaime. Agregaron, según la versión que recogió la publicación electrónica Mercopress, que el gobierno de Londres « espera respuesta de la Argentina a una propuesta británica de extender los vuelos charter entre el continente y las Malvinas, pero no hay ninguna autorización -insiste-para vuelo regular».

• Suspensión

El gobierno argentino suspendió las autorizaciones a vuelos charter luego que Londres voltease un preacuerdo para que en los viajes regulares ya existentes se permitiera alguna participación de una línea nacional. Eso lo habían negociado en Buenos Aires los dos gobiernos, pero nunca prosperó porque los isleños se quejaron de que se hubiera filtrado esa novedad a la prensa. La queja se basó sobre dos publicaciones de este diario, que reveló como primicia el contenido del acuerdo.

Desde entonces, el gobierno de Londres sospecha que la cancillería de
Rafael Bielsa no pudo, o no quiso, controlar el flujo de información de su despacho con la intención de bloquear cualquier acuerdo que pueda obligar al gobierno argentino a pagar algún costo en la opinión pública argentina.

La decisión que se conoció ayer, de autorizar a
LAFSA a volar entre Buenos Aires y Puerto Argentino se anota en la intención del gobierno de insistir en el reclamo que viene haciendo el país desde la administración de Carlos Menem para que se autorice a una aerolínea criolla a bajar en Puerto Argentino.

Eso lo hacen sistemáticamente todos los años todos los gobiernos desde la década pasada. Londres siempre rechazó esa posibilidad también como método.

La diferencia desde la asunción de
Néstor Kirchner es que replicó el rechazo inglés con una cancelación de la autorización para los vuelos charter; una represalia justa, si se quiere, pero que se aparta de la política anterior de los gobiernos argentinos de asentar la queja sin quebrar el diálogo. Es una manera más cercana a la que reclama el público de las encuestas que lee Kirchner, que saludan con simpatía cualquier agresión a los británicos y que el Presidente nunca se privaría de halagar.

La firma de esta autorización virtual para que LAFSA imagine que vuela a Malvinas potencia el carácter simbólico del gesto que mostrará al gobierno sosteniendo la bandera que ya alzó
Menem con la firmeza que no tuvo Menem. «C'est la différence».

Pero no todo se agota en los gestos. Pisar los vuelos a Malvinas para la empresa
LAFSA, operada por la Southern Winds, beneficia a ésta ante la pretensión de cubrir la misma ruta que ha planteado Aerolíneas Argentinas y que el gobierno ha desairado sistemáticamente. Más aún, es la diferencia más seria de esta empresa española con la administración Kirchner, a la que ve promoviendo a LAFSA o, como adelantó este diario, a la estatal LADE para vuelos a la China.

Esta empresa española -dominante en el mercado aeronáutico argentino-no levanta la voz porque, como dice uno de los considerandos de la resolución de ayer, el gobierno justifica esos gestos estatistas en que
«la incorporación de un nuevo operador en las rutas solicitadas contribuirá a incrementar, sanear y fortalecer la competitividad aumentando la oferta».

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