26 de diciembre 2002 - 00:00

López Murphy festeja como si fuera ganador

Lo describió mejor que nadie Héctor Masnatta: «Terragno les arrebató el último escapulario que les quedaba». Este hallazgo en frases describe el daño que creen los radicales de paladar negro que les infligió Rodolfo Terragno al describir la bochornosa interna de candidatos como un campeonato del fraude a raíz de los urnazos pro Moreau de Formosa y Chaco; lo más escandaloso es que la UCR nació con el lema contra el fraude.

Su adversario Leopoldo Moreau -que mañana se confirmará como el ganador formal de la candidatura presidencial-, con más amor propio, se guardó la misma acusación que podría haber hecho sobre escrutinios resbaladizos que beneficiaron a Terragno en Mendoza, San Juan (un récord de 11 mil votantes), Córdoba o Bahía Blanca. Pero aunque se repitan algunas elecciones locales, ya hay un ganador desde afuera, Ricardo López Murphy, seguro beneficiario de la migración de miles de radicales moderados que huyen del chanchullo electoral de esta interna y que no se ven representados por Moreau en una elección.

Cuando se conozcan mañana los resultados oficiales de la elección, se podrá especular sobre cuántos afiliados a la UCR fueron a las urnas y cuántos independientes -jamás se sabrá fehacientemente este detalle por la naturaleza conversada de ésta y otras internas.

Ese dato lo quieren conocer los asesores de campaña de López Murphy para confirmar la existencia de un amplísimo padrón de radicales moderados que no se sienten representados ni en Moreau ni en Elisa Carrió. Menos en el socio principal de Terragno, Federico Storani, de quien recuerdan dinamitó la gestión de Fernando de la Rúa precisamente por designarlo a López Murphy como ministro de Economía en abril de 2002. No lo había impugnado cuando fue colega de gabinete con él más de quince meses («Fredi» en Interior, López Murphy en Defensa), pero lo hizo cuando entendió que debía sumarse al sector bonaerense que desde el PJ y la UCR de esa provincia le había bajado el dedo a la gestión de De la Rúa, que terminó ocho meses después.

Miles de seguidores de Terragno -hoy perdiendo la elección-también buscarán un nuevo destino para sus votos en la general, sin traicionar esencias partidarias ni convicciones, en el voto a López Murphy.

Terragno
primereó con las denuncias contra Moreau, aun antes de la elección sus escuderos anunciaban un pucherazo en el Chaco. Quiso demostrar, y lo está logrando con su victoria cultural, que Moreau es la vieja política. Debió esconderlo a «Fredi» Storani, su socio, como también a Aníbal Ibarra, artífice de la victoria porteña sobre lo que queda del aparato alfonsinista.

•Dinastía

Moreau ha querido exhibirlo a Terragno como un radical sin estirpe. «Somos de Alem, Yrigoyen y Alvear», repite. Deja afuera de esa serie dinástica a Raúl Alfonsín y a Fernando de la Rúa. Ahora busca mostrarlo a su rival como gerente del nuevo frondicismo: «Como Frondizi privilegia quedarse con la candidatura aunque eso cueste la división del partido».

Al gran beneficiario desde afuera hoy de la UCR de este cataclismo del partido,
López Murphy, le sobra estirpe: fue radical muchos años; hasta sus nombres son recuerdo de Balbín (Ricardo) e Yrigoyen (Hipólito). Si alguien sabe comprender estas señales son los radicales.

Este harakiri formidable del radicalismo que entrega su último escapulario, el de la transparencia en las urnas, el del partido que no nació para ganar elecciones, sino para que haya elecciones, no se entiende sin comprender el método de democracia interna de los partidos argentinos. Un método que intentó desmontar la suspendida ley que forzaba a todos los partidos a elegir candidatos mediante elecciones internas, abiertas y todas el mismo día:

• Primero los padrones. Los listados de electores fueron confeccionados con el empadronamiento general de los partidos ordenado con la salida del último turno militar en 1982. Ya entonces, en un país sin informática y flojo de papeles en materia de documentación personal, los padrones anotaron a miles de ciudadanos sin preguntarles su voluntad -a algunos era imposible porque ya estaban entonces muertos-.

• La depuración de los padrones generales se ha hecho de manera despareja en diversas provincias y según la voluntad de los jueces federales pero de manera continua. Los padrones de afiliados, en cambio, han crecido con nuevos inscritos sin registrar muchas bajas por renuncia o por fallecimiento. Sirvieron siempre para mostrar al gobierno -que administra fondos públicos para subsidio de la actividad partidariapartidos grandes.

• En los últimos años de desarrollo informático los padrones han pasado a ser dominio de empresas que son propietarias de padrones partidarios fantasmas que actúan en internas de partidos grandes o sirven para la creación de esos partidos chicos para armar alianzas y candidaturas de urgencia en tiempo relámpago. Hoy el interesado en iniciarse en la actividad política como candidato por una módica suma puede comprar un partido a alguna de esas empresas de informática, incluso eligiendo la ideología a su gusto. Se usa mucho lo popular-cristiano, de centroderecha y lo conservador-popular o laborista. Hay de todo en la góndola. Con uno de esos padrones se tiene de inmediato la inscripción provisoria -mera adhesión de un sector del padrón-; para el padrón definitivo de afiliados ya es otro precio.

• ¿Cómo se hace una interna radical? Son elecciones charladas, conversadas. Se miran encuestas, se simulan movimientos en locales, se hace alquilar vehículos, se pagan choripanes para fiscales y se respeta más o menos el porcentaje de adhesiones que logra cada candidato. Se suele apreciar mucho la voluntad mostrada por cada sector en la movilización de los votantes, se estima mucho el respeto a los códigos. La ficción comienza cuando se le agregan ceros al número de los votantes, una forma de aparentar que el partido sigue siendo «mayoritario», que puede ensayar la representación de las grandes voluntades nacionales.

• A esa ficción sigue otra: nunca anunciar un resultado el mismo día de las elecciones. Se hacen en domingo y en algunos distritos respetan, como en la Capital Federal, la afición al turf de los afiliados con un cierre de urnas recién a las 22. Entre la clausura de los comicios y la publicación del resultado media otra batalla: ganar las tapas de los diarios del lunes. Siempre ha conmovido, desde una percepción periodística, el énfasis de los dirigentes en capturar titulares del día después como si modificasen la realidad. Entre los radicales sí funciona: quien gane en centimetraje a la mañana siguiente puede imponerles condiciones a los demás y volcar en su favor un resultado que a esta altura viene ya demasiado charlado. En esto ha sido imbatible un Federico Storani, inquilino de páginas monopólicas durante años y envidiado por sus correligionarios por vara tan alta al dominar el día después.

• Lo que pasó en la puja
Terragno-Moreau es una ruptura de los códigos básicos de estas internas charladas. El ex jefe de Gabinete de Fernando de la Rúa tiene de socio a Storani y suma su predicamento en el oficio periodístico, muchos amigos, manejo de los tiempos y las rutinas del oficio. Era una tentación no denunciar al aparatista Moreau de fraude en las internas si ya la asociación de éste con Duhalde era objeto de críticas por radicales y no radicales. Tuvo el desenfreno de adelantar el pucherazo de Chaco y Formosa sabiendo que Moreau nunca le reprocharía los urnazos de Bahía Blanca, Capital Federal o Mendoza. Según el moroísmo, el terragnismo desesperó cuando vio que no se cumplía su previsión de ganarles a sus adversarios por 30 mil votos y esa diferencia quedaba reducida a unos 14 votos. Sabiendo, cree el terragnismo, que en el Chaco se produciría la elección que desbalancearía en favor de Moreau, denunciar fraude era casi una necesidad.

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