Mauricio Macri en campaña,
ayer durante la inauguración
de un mural en el
barrio porteño de La Boca.
Hoy se dedicará a dar
instrucciones a sus fiscales.
La campaña macrista insistirá en las últimas horas con reforzar la imagen del candidato. Aunque parezca obvio dicho así, el macrismo se ampara en ese concepto para mantenerse en la idea de no repeler los disparos que les lleguen de los dos principales rivales de Mauricio Macri, Rafael Bielsa y Elisa Carrió.
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En cambio, el candidato a diputado nacional por la Capital Federal anoche competía de otro modo con el canciller: por cuántos clubes de fútbol le brindarían sus votos. Bielsa ya estuvo en una ronda con titulares de esos clubes, y Macri tendía una mesa en Puerto Madero para unos cuarenta presidentes de distintas camisetas, como una respuesta a aquella reunión de Bielsa que le pegó en el corazón al empresario.
Ayer, en medio de la batalla por la caza de votos en el sur de la Capital Federal, Macri se dedicó a la actividad artística. El postulante inauguró murales realizados por estudiantes en el barrio de La Boca, donde aún cree que no tiene todos los votos que esa zona le debe ofrecer. Estuvo allí junto al pintor Marino Santa María, quien ha pintado artísticamente los frentes de un pasaje de la zona. Hoy el empresario, en cambio, se abocará a la tarea que más nervios le aporta en la campaña: organizar la fiscalización de las 7.000 mesas electorales que habrá en el distrito.
• Reclutamiento
El candidato tendrá una reunión con 700 fiscales generales, es decir, uno por cada escuela porteña. Ese reclutamiento de fiscales generales (además de los de mesa) lo hizo el macrismo entre las filas que reportan al peronista Cristian Ritondo (jefe de campaña), de otro peronista como Daniel Amoroso (sindicato del juego) y de propios de los partidos Compromiso para el Cambio y Recrear que conforman la alianza PRO.
A esos fiscales Macri hará especiales recomendaciones, ya que siempre cree que fue una de las materias en las que estuvo flojo cuando perdió la segunda ronda electoral a manos de Aníbal Ibarra en 2003.
Por eso les insistirá con que si es necesario descuiden hasta el almuerzo, pero nunca las urnas, en procura de que los votos estén bien contados e imputados.
Entre titulares y suplentes el PRO calcula que llegará a tener 9.000 fiscales para controlar los comicio en cada una de las mesas de la Ciudad.
Recién hoy los hacedores de la campaña del candidato porteño resolverán si finalmente los militantes contarán con un acto de cierre de campaña electoral o bien un agasajo que simule ser el final del proselitismo macrista.
Aún no lograban anoche ponerse de acuerdo sobre ese escenario en una disputa en la cual prevalecían dos ideas: Horacio Rodríguez Larreta (h) coincidía en «hacer algo que no sea un acto político», pero Ritondo se inclinaba por un almuerzo al aire libre, al estilo campiña para unos 2.000 comensales amigos.
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