Mediación

Política

Belicoso, en general intransigente, Néstor Kirchner está abocado, sin embargo, a una mediación. Se ha propuesto que dos almas enconadas depongan las armas entre sí: quiere que Estela de Carlotto y Hebe de Bonafini lo escolten para el próximo 24 de marzo. Ese día se conmemorará el golpe de 1976 y el acto recordatorio le ofrecerá al Presidente la ocasión que viene soñando: aparecer en el balcón de la Casa Rosada, con una plaza colmada que, tal vez, lo aclame. Será una aproximación tímida a una escena que hasta ahora le ha resultado esquiva. Por eso se ha prometido no hablar, apenas hacer un gesto. Ya es bastante, cuando falta mucho más de un año para que se ponga en juego su reelección.

Al parecer, es más difícil que conseguir una cumbre entre Néstor Kirchner y Tabaré Vázquez. Pero Alberto Fernández, el jefe de Gabinete, está empeñado en regalarle a Néstor Kirchner una foto histórica: la del propio presidente, en el balcón de la Casa Rosada, con Estela de Carlotto de un lado y Hebe de Bonafini del otro.

La indiferencia entre estas dos mujeres es tan grande que hasta impide percibir que se detestan: difícilmente puedan escucharse referencias a una de ellas en labios de la otra. Ni siquiera de modo indirecto. Por eso le resulta tan trabajoso al gobierno componer ese retrato para el próximo 24 de marzo, cuando se conmemoren los 30 años del último golpe militar. La escenografía para esos fastos la prepara, cuándo no, Enrique Albistur, el secretario de Medios de Comunicación para la Presidencia. En cambio, el responsable por el formato político de la concentración es el jefe de Gabinete, Fernández. A él le confió Kirchner poner a las organizaciones de Derechos Humanos en el centro de la ceremonia. Sin embargo, nadie pasará por alto que el propio santacruceño realizará ese día una primera aproximación a la Plaza de Mayo. Todavía será muda: no hablará, apenas un sobrio saludo desde el balcón. Nada que permita otras expansiones. La de decir, por ejemplo, «volvimos a la Plaza». Eso sería para otros aniversarios, más controvertidos. Pero como primer paso hacia la campaña de la reelección, prevista para marzo de 2007, ya es bastante. «Ya habrá otras plazas, con discurso y euforia», aseguran en la Casa Rosada, donde no terminan de resignarse a que un jefe tan poderoso goce de tan poco carisma a la hora de la algarabía popular.

La movilización que debe servir de marco a la aparición del Presidente rodeado de abuelas y madres de Plaza de Mayo en el balcón corre por cuenta de profesionales. Dirigentes del PJ Capital e intendentes de todo el conurbano bonaerense deberán demostrar que tienen un nuevo e indiscutido jefe. ¿Habrá un ensayo previo para el 1 de marzo, cuando se inaugure el período ordinario de sesiones? «Todos al Congreso, habla Kirchner». Esa consigna parece todavía prematura: sobre todo porque la primera vez que se la ensayó, en 2004, terminó siendo la imagen de un fracaso estrepitoso de ausentismo.

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