13 de diciembre 2001 - 00:00

Menem convocó a militantes de todo color

«Los vamos a acompañar hasta la puerta del cementerio, no más allá.» La frase del final cerró una noche feliz para Carlos Menem. En la peña Joaquín V. González, celebrada en la Rural, escuchó cantar «Se siente, se siente, Menem presidente». Lo más importante: 290 mesas con diez ocupantes cada una, o sea, casi tres mil almas.

Hasta Víctor Alderete sonreía porque en cada mesa por la que pasaba recibía abrazos y el sumum fue cuando le pidieron que pose para una foto casera, rodeado de jóvenes de la Juventud Peronista. Paco Mayorga, el ex secretario de Turismo, era otro de los renacidos.

Recreando la «estética menemista», no faltó la farándula. Osvaldo Piro y Juan Carlos Mare-co estaban entre los comensales. Piro fue nombrado por Menem apenas empezó su disertación, porque el ex presidente recordó que era el Día del Tango. En una de las mesas no faltó la acidez, al recordar que su ex mujer, Susana Rinaldi, había fracasado como candidata a senadora por el partido de Lilita Carrió, pió otra dama entusiasta, Adelina de Viola.

Mareco se retiró emocionado, porque estos últimos años no lo trataron bien. Enfermo, tuvo que vender su departamento y su auto para subsistir. Cuando terminó de hablar Menem -largo discurso, casi media hora-, estaba con lágrimas en los ojos.

Esa conjunción de actores, empresarios -casi más gente de la UCeDé que del PJ-, representantes de artistas, militantes, dirigentes de fútbol (estaba Juan Destéfano, ex presidente de Racing), ex futbolistas, es lo que ayer Menem llamó Movimiento Nacional Popular, que «es más que el Partido Justicialista».

Uno de los párrafos más festejados fue cuando el ex presidente trató de «piromaníaco» a De la Rúa (en rigor, dijo «piromaniaco»). «Primero enciende la chispa y después dice que apaga los incendios.»

Le aconsejó que no gobierne con un «espejo retrovisor» hablando de la herencia recibida, porque la política es mirar hacia adelante. Reiteró su preferencia por la dolarización. «Hay dos monedas en la Argentina. El peso, que es la moneda de los pobres; y el dólar que es la moneda de los ricos.»

Sobre bajar los gastos de la política, insistió en la regionalización del país.

En una de las mesas, un integrante de la Cámara de Exportadores e Importadores de la Argentina escuchaba con atención. De repente, hizo un comentario: «Me llamó Menem y me dijo que vuelva a armar el equipo». El equipo no era otra cosa que un grupo de empresarios que viajaba al exterior ofreciendo productos argentinos. «Menem nos decía que para vender primero hay que comprar, y siempre destrababa los obstáculos que teníamos para exportar», recordaba.

Saúl Rotztein, radicado en Estados Unidos, quería llevarlo a hablar al «Council of Americas», porque allá «tiene una credibilidad bárbara». Rotztein trajo hace poco a la Argentina a Steve Forbes, el editor de la revista que lleva su apellido.

Las anécdotas se agrandan con el paso del tiempo. Hechos irrelevantes de la gestión de Menem pasaron a ser anoche trascendentes en el relato de muchos de los presentes. Todo cambia.

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