4 de diciembre 2000 - 00:00

Menem propone hoy eliminar lista sábana

Muy de vez en cuando Federico Storani se levanta temprano, en general para atender a algún periodista que no quiere ser descubierto visitando su estudio jurídico. Pero, por lo general, el ministro del Interior duerme hasta bien tarde. Carlos Menem, en cambio, madruga como si fuera todavía presidente, una costumbre que ni Cecilia Bolocco ha logrado extirparle. Se notarán hoy las diferencias de hábito entre estos dos dirigentes políticos, cuando el riojano anuncie acompañado de quienes fueron sus principales escuderos políticos, Eduardo Bauzá y Carlos Corach una reforma electoral de la que Storani se enterará recién al mediodía. Al cabo de más de una década de debates, Menem propondrá el fin de la lista sábana para las próximas elecciones legislativas.

Apartado de sus inclinaciones tradicionales, al ex mandatario se le ha dado últimamente por impulsar modificaciones institucionales, lo que imprevistamente lo va convirtiendo en aquel Solón que tantas novedades impuso en Atenas. Ya se ha vuelto casi cansador con la prédica a favor del Colegio Electoral, en contra de la vicepresidencia (una picardía dedicada a sus tocayos Alvarez y Ruckauf) y en defensa del voto voluntario.

Ahora agregó, para sorpresa del gobierno, la propuesta de sustituir el sistema de representación proporcional (lista sábana) por otro mixto: además de los clásicos representantes de los distritos, el Congreso tendría también diputados elegidos por las circunscripciones en las que quedará fragmentada cada provincia. En el caso de la Capital Federal esa división se hará por barrio. En cada una de esas fracciones los candidatos competirán individualmente. Bastará que Menem realice hoy su anuncio para que se encienda la polémica.

Reflejo

En principio, porque la lista sábana refleja las jerarquías y representaciones de las burocracias partidarias. La defienden quienes creen que los partidos están amenazados por otro tipo de corrientes: las más informales de la opinión pública organizada por los medios de comunicación, por ejemplo.

Otra objeción que deberá recusar esta iniciativa de Menem es que, si se la aprobara, se inaugurarían dos tipos de diputados que compartirían el mismo recinto con la misma jerarquía: el que representa al pueblo de un distrito completo (Buenos Aires, Córdoba, etc.) y el que sólo expresa a una región o, en el caso porteño, barrio. ¿Mirarán los primeros por encima del hombro a esos colegas de menor radio de acción? ¿O los que representan al barrio o a una zona de su provincia acusarán al resto de ser beneficiarios del dedo de un burócrata de partido?

Otro problema lo tendrán las mujeres. El cupo femenino se podrá aplicar solamente en las listas sábana (no faltará el ignorante del derecho constitucional que dirá, maleducado, que «las mujeres son para las sábanas»; en política, claro). Cuando los comicios son uninominales, como en las circunscripciones, es imposible hablar de la integración femenina de 30 por ciento. La propuesta del riojano puede parecer revolucionaria, sobre todo para quienes dormían mientras se elaboró. Pero, en rigor, compromete a los distritos más grandes del país, aquellos en los que, efectivamente, se presentan listas sábanas: Buenos Aires, Capital Federal, Santa Fe y Córdoba.

Salvo la Capital Federal, todos esos distritos son hoy gobernados por el PJ. La propuesta de Menem contempla que si las legislaturas (en general de la Alianza) se niegan a reglamentar las subdivisiones que se van a establecer en las provincias, serán los gobernadores los que quedarán habilitados para diagramar esos mapas. Esta idea se derramará como ácido en la piel de la oposición, que recordará aquel croquis que estableció Juan Perón en los '50 para compensar las tendencias políticas de los barrios porteños con la pretensión de alzarse con el triunfo en la Ciudad de Buenos Aires. Para Storani la propuesta de hoy planteará todo un dilema.

El pretende que la reforma política que elaboró con Corach se apruebe este año. No consiguió sancionarla en las sesiones ordinarias y la incluirá en las extraordinarias. Esa premura lo obligará a tratar, quiera o no, estas innovaciones de Menem. No es un drama, al fin de cuentas. Peor suerte corre con Carlos Chacho Alvarez, quien amenaza con proponerle a De la Rúa una verdadera reforma que garantice la transparencia de la política, como si la del ministro fuera puro gatopardismo.

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