19 de septiembre 2002 - 00:00

Mucha gente de nuevo comiendo con Menem

Mucha gente de nuevo comiendo con Menem
Recuperó la energía Carlos Menem, seguramente por el fervor del público, acaso también por las virtudes del asado, la noche del martes: más de cien leales lo agasajaron en el Centro Recreativo del Ejército de Villa Martelli, quincho al que lo llevó el organizador del encuentro, Jorge Igounet, ex edecán del riojano y subsecretario en la SIDE durante el mandato 1995-1999. Hasta ese reducto castrense había llegado Menem con la sola compañía de Ramón Hernández y todo el cansancio de un día ajetreado. No se le notó después, en el discurso.

Alrededor de la mesa, una larga colección de allegados, la mayoría ex funcionarios de su gobierno. Entre ellos Jorge Rodríguez, Claudio Sebastiani, Alberto Pierri, Julio Márbiz, Roberto Dromi, Jorge Domínguez, Javier Mouriño, Adalberto Díaz García y dos sindicalistas del corazón, Antonio «Coco» Cassia y Pedro Goyeneche, de anteojos negros aunque fueran las 11 de la noche. También el ex senador Alberto Tell, quien inauguró una línea interna en las huestes del ex presidente: el «boloquismo», en alusión a Cecilia Bolocco, la esposa de Menem. Para evitar chanzas, Tell prefiere un eufemismo: habla de su aspiración a un «menemismo bioceánico».

Un club aparte fue el castrense: como si hubiera un cupo militar en el menemismo esa noche estuvieron el brigadier Andrés Antonietti, el almirante Jorge Ferrer, el brigadier Rubén Montenegro, el comandante Carlos Zabala, el comandante de Gendarmería Timar Musumeci y el prefecto Jorge Maggi. La presencia de estos hombres de seguridad resaltó la inasistencia de Carlos Corach, de quien se comenta algún distanciamiento con el círculo áulico del riojano.

Menem inauguró su discurso, cuando ya escaseaba el asado, con una nueva demostración de su voluntad de poder: «Si a esta altura de mi vida estoy aquí no es porque tenga ganas de jugar. El 25 de mayo o tal vez antes, estamos todos juntos en la Casa de Gobierno». Se frotó las manos el próspero Dromi, transpirando por la ansiedad de poder regresar a lugares vedados. A esta primera apuesta de Menem -doble, también sugiere que Duhalde se irá antes de tiempo-siguió otra compadrada: «No hay tiempo que sobre. En 40 o, a lo sumo, 50 días, habremos dado vuelta el país».

• Objetivos

A estas primeras definiciones, Menem le agregó un listado de objetivos sobre lo que sería su primera etapa en el gobierno. Dijo que lo primero que debe encararse es un programa alimentario que termine con 25% de indigentes que se registra hoy en el país. Más que obvio el mensaje para Chiche Duhalde, que tuvo un dolor de cabeza con las estadísticas a comienzos de esta semana. De inmediato el candidato prometió que se convertirá en «el jefe de la campaña contra la delincuencia». Explicó que «empezaremos por la prevención, después los llamaremos a recapacitar y finalmente iremos a buscar a los delincuentes a sus propias madrigueras». Alguien comentó por lo bajo que Menem está analizando la posibilidad de convocar a las Fuerzas Armadas para reforzar esa embestida.

A diferencia de otras ocasiones, el ex presidente evitó hacer referencias a sus competidores. Algo distinto de lo ocurrido en Córdoba, cuando dijo recordar «una noche en que Adolfo Rodríguez Saá vino a verme a Olivos, desconsolado».

En el asado de anteanoche fue más circunspecto. «Sólo les pido a los demás candidatos que le cuenten a la gente cómo estábamos en 1989, cómo estábamos en 1999, qué sucedió en el medio y cómo estamos ahora». Pocas alusiones a Duhalde, más que el diagnóstico «estamos en medio del desgobierno».

• Expectativa

Menem sostuvo que «los medios han comenzado a mirar lo que hacemos, eso es lo que me contaron y lo que yo mismo constaté. Pero a mí me interesa observarles lo que sucedió en La Matanza y en Córdoba durante el fin de semana pasado. A partir de esos dos actos, no necesito mirar las encuestas».

Finalizado el discurso del candidato, las conversaciones volvieron a las anécdotas y los comentarios sobre la campaña. La mayor expectativa la generaba un encuentro que se realizará en Rosario durante el fin de semana, que se preparaba ayer en el Sheraton de Pilar: allí fueron varios legisladores e intendentes de Santa Fe, organizados en torno a Menem por el ex senador Jorge Massat. Los concurrentes pidieron permiso a Carlos Reutemann antes de concurrir al encuentro. Lo consiguieron, claro, pese al malhumor del gobernador.

Del anecdotario, un episodio casi jocoso. Uno de los comensales recordó que durante el año 2000, pleno gobierno de Fernando de la Rúa, ya se había realizado un par de comidas en ese mismo reducto militar. En esa oportunidad estuvieron Menem y varios jefes castrenses retirados, que habían alquilado el local «ad hoc». Por eso llamó tanto la atención cuando, hacia la medianoche, hubo un llamado de la jefatura del Ejército comentando que «desde la SIDE nos piden explicaciones por la presencia de un ex presidente y varios militares en un asado. Creen que se está organizando algo raro». Al día siguiente, casi una broma, un oficial debió presentarse en su fuerza para rendir cuentas sobre esa inocente «conspiración».

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