Negaron renuncia el gobierno y Scioli

Política

El gobierno y Daniel Scioli negaron ayer la posibilidad de una renuncia del vicepresidente a su cargo en un intento por pacificar la crisis que abrió la puja entre éste y Néstor Kirchner, que motivó el desplazamiento de todos los funcionarios de las áreas controladas por su adversario Scioli pero virtual reemplazante si viaja o si se enferma.

El énfasis que pusieron el jefe de Gabinete, Alberto Fernández -principal martillo de herejes del Ejecutivo-, y el propio Scioli en este punto tiene una razón que adelantó ayer este diario: Kirchner pensó durante varias horas el martes en rematar la relación con el vicepresidente reclamándole en público la renuncia al cargo.

Lo haría, según lo expuso a los visitantes a su despacho en la noche de ese día mientras Scioli aguantaba en la oficina que fue de Eva Perón, con el argumento de que un país en crisis necesita un gobierno unido y sin disensos.

La idea, imaginó sucesivamente esa noche Kirchner ante
Roberto Lavagna, Alberto y Aníbal Fernández, ayudaría además a Aníbal Ibarra en la elección del domingo, terminando de instalar la dialéctica Kirchner-Scioli como una metáfora de la pelea en las urnas de Ibarra con Mauricio Macri.

Para el público, dice esta especulación oficialista, es clara la identificación de Kirchner con el jefe frentista que busca la reelección.
Scioli no es Macri, pero éste cuenta inocultablemente con el apoyo de un voto de centroderecha y moderado que mira con afecto al vicepresidente.

Con el paso de las horas y tras mirar el resultado de una encuesta telefónica a medida de las que suele encargar, el Presidente revió la idea y decidió no avanzar más sobre el Abasto.
Ese sondeo le mostró que el público no aprobaba mayoritariamente el golpe anti Scioli.

Por eso, ayer, Alberto Fernández despertó temprano para decir a varias radios que al vicepresidente «lo eligió la gente y no tiene por qué renunciar». «El gobierno está absolutamente consolidado», afirmó el funcionario para diagnosticar que «no ha habido una polémica sino visiones diferentes».

•Traslado

Como él, Aníbal Fernández trasladó la cuestión a una decisión funcional, el mismo argumento que había usado ya Kirchner el martes para justificar el despido de Germán Pérez de la Secretaría de Turismo.

Según los Fernández, Kirchner descubrió en el tercer mes de su gestión que las áreas de Turismo y Deportes, que fueron la perla de la corona del último año y medio en la Argentina, no andaban bien, que el
modelo Scioli era ineficaz, que Pérez no era tan bueno como decían.

Para ponerle miga al argumento, echaron mano del medallero de los Juegos Panamericanos que había leído por «Canal 7»
Hugo Chávez el domingo para decir que la performance en Santo Domingo había sido pobre. Les faltó echarles la culpa a los funcionarios de ese sector de la escasez de nieve en las pistas de Bariloche y Penitentes con la consecuente caída del flujo turístico.

O sea que trataron de sumir la mayor crisis política de este corto gobierno en una polémica sobre técnica administrativa. Le toca ahora al gobierno explicar qué desprecia más: a los funcionarios de Turismo y Deportes, porque se los echa para castigar de rebote a un vicepresidente; o a la institución que inviste
Scioli, a la que se la procura sancionar quitándole algunos pocos funcionarios de su confianza.

La posibilidad de la renuncia de Scioli llegó a la mesa más mentada, la de
Mirtha Legrand, donde el venezolano Chávez compartió pantalla con Mauricio Macri. El extravagante mandatario dijo que en su país se hubiera entendido una renuncia del vicepresidente «porque lo nombré yo, no lo eligen», pero que en la Argentina no hubiera correspondido.

Reconociéndose personaje tácito de esta crisis,
Ibarra también puso en su boca los argumentos del g o b i e rn o : «Creo que Scioli no va a renunciar», expresó en un complejo de cines del barrio porteño de Recoleta. Advirtió que «no hay que sobredimensionar esta pelea».

Scioli, por su lado, buscó amparo en los mandos naturales y permaneció sitiado por movileros en su casa del barrio del Abasto, desde donde se comunicó con
Eduardo Duhalde, Chiche González y Felipe Solá. Tras la confirmación de la cita que tenían prevista en San Pedro y Ramallo, para respectivos actos de campaña, el vicepresidente se trasladó hacia esas localidades.

«El pedido de renuncia es una facultad del Presidente y punto»
, opinó Scioli sobre la decisión del jefe de Estado de echar a Germán Pérez y a los demás funcionarios de la secretaría. «Soy hombre de consenso, no de disenso, por eso sigo con la intención de recrear todas las fuerzas de la producción y del trabajo por el bien de nuestro país», manifestó. «Fue un gran esfuerzo estabilizar el país política, económica y socialmente. La responsabilidad de quienes hemos tomado la posta junto con el presidente (Néstor) Kirchner es hacer crecer a la Argentina en lo económico y llevar adelante las mejores políticas sociales», agregó, para rematar: «No voy a renunciar y sigo trabajando como todos los días».

Chiche Duhalde consideró que el conflicto «generó conmoción en la sociedad, pero como son dos hombres serios, el problema debe solucionarse rápidamente y nos tiene que encontrar a todos los argentinos trabajando juntos», expresó en el acto. «Pueden pensar distinto, por eso digo que no es bueno ver detrás de eso un complot o algo parecido», dijo la esposa de Duhalde.

Solá
, que no estuvo presente en el acto -sí su compañera de fórmula, Graciela Giannettasio- avanzó más al decir que «lo mejor, cuando hay diferencias, es explicitarlas para saber si la Argentina en serio que ambos quieren es la misma». Como todos los duhaldistas, Solá fue solidario con Scioli al expresar que el vicepresidente «no puso en juego la autoridad presidencial con sus declaraciones, pero el que debe decidir eso es el Presidente».

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