24 de junio 2004 - 00:00

Nueva etapa

Lo que se había previsto (en la Contratapa de este diario, el martes pasado) comenzó a cumplirse. Eduardo Duhalde inició una diferenciación explícita del gobierno en una cuestión por la que la administración Kirchner admitió ayer pagar costos políticos: la relación con los piqueteros y, sobre todo, la oficialización de un sector de éstos como fuerza propia. Quien salió a señalar esta desviación fue nada menos que Alfredo Atanasof, la mano derecha de Duhalde. Polemizó ayer duramente con Aníbal Fernández, el ministro del Interior, víctima principal de la nueva dureza duhaldista. De manera reservada, en cambio, los dos sectores en pugna pactaron ayer mantener activo el Congreso y anoche parlamentaban una tregua que incluiría desactivar la idea de un bloque kirchnerista.

Nueva etapa
El cambio de trato entre el gobierno de Néstor Kirchner y el PJ de Eduardo Duhalde, que se adelantó en la Contratapa de este diario el martes, comenzó a verificarse plenamente ayer. En aquella nota se anticipaba que el ex presidente había ordenado a los suyos mantener la adhesión a Kirchner, aprobarle las leyes en el Congreso pero, al mismo tiempo, no dejar pasar ninguna referencia agresiva de parte de los integrantes del gabinete nacional. Pues ayer comenzó a cumplirse con esta tercera prescripción: Alfredo Atanasof, la mano derecha de Duhalde, identificó al gobierno como «el que conduce al partido piquetero». Le contestó, Aníbal Fernández, el ministro del Interior, quien mantiene con el ex jefe de Gabinete una pésima relación desde hace años. En la Cámara de Diputados, mientras tanto, Eduardo Camaño, Graciela Camaño, José María Díaz Bancalari y su fiel Juan Manuel Urtubey acordaban sustraer la sanción de las leyes a cualquier disputa interna del bloque. El kirchnerismo, paulatinamente, comenzó a advertir que la pretensión de mostrar fuerza propia en la bancada puede poner en peligro la operatividad de la Cámara.

• Citas

A pesar de que a menudo tiene expresiones ingeniosas como polemista (calificó, por ejemplo, como «discusión de alta peluquería» a la que mantuvieron Cristina Kirchner con Chiche Duhalde), esta vez Fernández prefirió recurrir a las citas. Repitió la acusación que había formulado bien temprano el diputado Juan Manuel Irrazábal, un kirchnerista puro de Misiones, quien afirmó: «No creo que Atanasof sea el más indicado para opinar sobre cómo tratar a los piqueteros. Cuando el jefe de Gabinete de Duhalde decía que había que tener mano dura, pasó lo de Kosteki y Santillán».

El ministro del Interior usó el mismo argumento, aunque en su caso sonó distinto. Es que Aníbal Fernández fue ministro del gabinete de Duhalde en el que también revistaba Atanasof y, además, conoce que quien identificó al comisario Fanccioti -acusado de disparar a quemarropa sobre esos dos piqueteros fallecidos-fue, precisamente, Atanasof, revisando el material fotográfico que registraba esos hechos.

Más allá de estos detalles, la pelea entre el ex jefe de Gabinete de Duhalde y el actual ministro del Interior de Kirchner esconde mal una disputa por el liderazgo del PJ bonaerense con la mirada puesta en las elecciones de 2007. Fernández ya divulgó a través de la revista «Gente» que él piensa ser gobernador ese año y vencer a quien le pongan enfrente. Sea Cristina Kirchner o --como él también supone-Atanasof.

Si ésta es la lucha, el diputado duhaldista le aplicó dos golpes duros en las últimas semanas. Por un lado, le ganó de mano en la intención de eliminar la lista sábana, con un proyecto de reforma electoral que Atanasof presentó como proyecto de ley en la Cámara de Diputados. Fernández sigue elaborando su propia propuesta, ahora sometida a varios expertos que asesoran a Cristina Kirchner. La primera dama ya obtuvo un primer dictamen negativo sobre el plan del ministro del Interior (lo de la peluquería y esto último de «vencer a quien me pongan adelante» sigue causándole costos en el seno del gobierno al verborrágico Aníbal).

• Choque

Por otro lado, Atanasof se cruzó con el gobierno y con el ministro con el que peor se lleva, a raíz de otro tema de alto riesgo. Así como la eliminación de la lista sábana fascina a la clase media urbana, la expansión piquetera produce rechazo visceral en ese sector. El gobierno, que devora las encuestas, lo sabe. Por eso la jugada del ex jefe de Gabinete, minuciosamente articulada con Duhalde, pegó en una zona molesta para el gobierno. El propio Alberto Fernández reconoció ayer que «el gobierno no va a reprimir aunque eso tenga un alto costo político».

El caso de los piqueteros y la pésima jugada del gobierno de darle credenciales oficialistas a ese movimiento enviando a tres ministros a una de sus presentaciones estimulan especialmente la mordacidad duhaldista. No sólo porque con este modo de plantarse en la escena pública Kirchner repite un error similar al que ya come-tió en la ESMA (tal vez haya que esperar otro arrepentimiento, en un «off the re-cord» con un periodista comprensivo). También porque la posición frente a los piqueteros fue la que inauguró las tensiones entre el gobierno y el duhaldismo: tanto Duhalde como su esposa fueron castigados verbal-mente hace varios meses cuando sostuvieron que había que poner coto a la acción de ese movimiento.

Ambos bandos anoche comenzaron a parlamentar. Prueba de ello es que se retiraron de un programa de un canal del monopolio «Clarín», donde los Fernández (Aníbal y Alberto) y Atanasof iban a polemizar sobre piqueteros.

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