Nuevo enojo oficial por los piqueteros en Salta y llamadas
La que debía ser una mañana de festejo por los resultados electorales se le agrió a Néstor Kirchner con una rabieta, además doble. Estalló en la mañana de ayer al ver los efectos en la prensa del informe del procurador de la Corte de Buenos Aires sobre uso de teléfonos de la Casa de Gobierno en crímenes, especialmente secuestros. Cree que esa noticia es una fabricación política hecha por sectores de la policía bonaerense como venganza a sus críticas a los comisarios de esa fuerza acusados de corrupción. Esa atribución intentaría extender responsabilidades criminales a reparticiones nacionales con intención política, Obvio que esto merecerá en las próximas horas una respuesta del gobierno de Felipe Solá. Un segundo enojo tuvo como blanco a ministros y secretarios de su gabinete que cree manejaron mal las relaciones con los piqueteros que terminaron con el incendio de la sede de la empresa Techint en Salta. Ordenó endurecer el trato con esos piqueteros y acompañar políticamente la denuncia que hará esa empresa por las tropelías salteñas.
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Aníbal Fernández también cobró, pero por solidaridad con el neuquino Parrilli. El ministro del Interior es uno de los hombres con más experiencia en la negociación con ese sector y se había comprometido ayer a recibir a los ex empleados de YPF cuya queja alimentó la agresión contra la firma Techint.
Eso y su reciente amistad con Parrilli, basada en el intercambio de teléfonos de dirigentes piqueteros, lo complicó en el reto presidencial.
Al ingresar al acto del gasoducto, el enojo con los piqueteros animó un primer diálogo con el titular de la empresa afectada, Paolo Rocca, que fue el primero en enterarse de un giro en la política del gobierno hacia las agresiones de los activistas y los cortes de ruta. « No los vamos a tolerar más, se acabó», tronó Kirchner ante empresarios y gobernadores. «Hay que llevar -agregó-los casos a la Justicia.» No faltó quien le reprochase un ánimo cambiante sobre ese punto, que mandó a Carlos Tomada a denunciar la toma del Ministerio de Trabajo y dos días después lo mandó a retirar la demanda.
«Se acabó», le escucharon repetir. Llevado por esa ola, Paolo Rocca anunció que él mismo ordenará a sus abogados a hacer la denuncia penal contra los activistas que incendiaron las instalaciones en Salta y que sacaron de caja al Presidente el día en que pensaba sólo en festejar.




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