29 de septiembre 2005 - 00:00

Nun, por la otra historia del rock

Néstor Kirchner recibe del Cielo los precios de la soja, del petróleo y las bajas tasas de interés. También en Cultura, del Cielo llueven aniversarios: como los 40 años del rock nacional. Y cae sobre José Nun, sociólogo secretario de Cultura y jubilado de una universidad canadiense, quien experto organiza actos y grabaciones sobre la Historia del Rock Nacional (ninguna novedad porque una multitud de empresas y organismos preparan lo mismo). Y, como sabe del tema -por eso es secretario de Estado-, ha llamado a sus íconos y afines en lo político para que se luzcan. Por ejemplo, se nutre con Mario Pergolini, habrá lugar para los ultrakirchneristas «Ratones Paranoicos» y, por supuesto, buscarán al cuñado de Javier González Fraga, Moris, para que cante «El oso», a Javier Calamaro, Lito Vitale o Fito Páez. Como si ellos fueran todo el rock nacional, algo así como el kirchnerismo dentro del peronismo (con algún trasvasado, tal vez, tipo Víctor Heredia o Mercedes Sosa siempre tan dispuesta a los recuerdos). Por supuesto, la otra Historia, como diría Litto Nebbia, quien por el momento sólo fue convocado para participar como « invitado» y no como protagonista en algunas de las grabaciones, más por necesidad o atención de ciertos músicos, que por preocupación oficial. Tan ridículo es lo que planifica Nun que convocó a Páez para que haga una propia versión de «La balsa» -quizás el tema emblemático del rock nacional- en lugar de convocar a Nebbia, el autor, cuando integraba la agrupación Los Gatos, una de las primeras con significado en el rock nacional. Nadie parece ocuparse de Nun, ya se sabe que Kirchner está con la «cumbia villera», de los desprecios que realiza por ignorancia a músicos como Nebbia, quizás el más «nacional y peronista» de todos, que sabe leer el pentagrama y hasta fue capaz de realizar un emprendimiento discográfico para justamente mantener vivo el rock nacional. Será por esa razón que no debe figurar en la historia. Kirchner siempre dice que él comete errores, nunca dice cuáles, tal vez ahora repare la tontería de su funcionario.

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