Washington y Kabul (AFP, EFE) - El Pentágono decidió multiplicar por dos o por tres el número de efectivos de elite en el frente de batalla, de cara al principal objetivo, que es atrapar al empresario terrorista Osama bin Laden, escondido en las montañas afganas o paquistaníes. Ayer, en tanto, comenzó la quinta semana de bombardeos contra Afganistán con ataques masivos en el noroeste del país.
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Los aviones lanzaron más de un centenar de bombas durante cinco horas cerca de la frontera con Tayikistán, superando la totalidad de las utilizadas en todas las incursiones de la última semana mientras crece la polémica en torno de las víctimas civiles. En un cielo sin nubes, se observaba en el atardecer a los B-52 que lanzaban bombas sobre los cerros donde están apostadas tropas de los talibanes, provocando inmensas columnas de humo negro.
La ofensiva militar continuará durante el Ramadán, el mes de ayuno y reflexión para los musulmanes, según confirmó el secretario de Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld, de visita en Pakistán. El funcionario se entrevistó en Islamabad con el presidente Pervez Musharraf, quien le advirtió sobre las «grandes repercusiones negativas» que tendrán los bombardeos durante el período especial que comienza a media-dos de este mes.
«Nuestro deber es obviamente ser sensibles a los puntos de vista de la región (por los países árabes), pero también considerar que nos enfrentamos a una red terrorista que todavía existe», respondió Rumsfeld en una conferencia de prensa en Islamabad (ver aparte).
El Pentágono ratificó sus planes de abastecer con armas y apoyo logístico a la opositora Alianza del Norte. El objetivo es multiplicar por dos o por tres el número de tropas de elite destacadas en suelo afgano, señaló al canal ABC el general Tommy Franks, jefe del mando central de las fuerzas armadas, aunque no está previsto un despliegue masivo de tropas de tierra por el momento.
• Optimismo
El general Richar Myers, jefe de la Junta del Estado Mayor Conjunto, advirtió que a los talibanes «sólo les queda lo que llevan en la espalda, que no es mucho, porque bombardeamos todos sus depósitos de municiones». «La guerra marcha según lo planeado», aseveró el militar, a pesar de las voces críticas sobre los resultados de la ofensiva y de las denuncias del régimen de Afganistán de que se multiplican las víctimas civiles.
Rumsfeld acusó a los talibanes de «mentir activamente» sobre el número de civiles muertos y calificó de exagerada la cifra de 1.500 víctimas fatales denunciada por Kabul, aunque no dio mayores precisiones.
Por su parte, cerca de Mazar-I-Sharif los talibanes recuperaron el distrito de Al Kupruk, que había sido conquistado por la Alianza del Norte en lo que podía dar paso a la toma de esa estratégica ciudad. Además, los talibanes anunciaron la confusa muerte, en Kandahar, de un ciudadano estadounidense, detenido el pasado 26 de octubre y considerado un espía, aunque Washington nunca admitió que un norteamericano hubiera sido apresado.
Otro entredicho surgió sobre la supuesta muerte de 50 soldados estadounidenses en la noche del viernes al sábado, que según los talibanes fallecieron al estrellarse un helicóptero en la provincia de Gasni y al ser derribado otro por los talibanes. El Pentágono indicó que por causas del mal tiempo una nave cayó y sólo se produjeron heridos leves que fueron rescatados.
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