3 de diciembre 2002 - 00:00

Para horror de otros, Menem atrás de Lula

Hasta para la izquierda fue una sorpresa el discurso del mandatario electo del Brasil. Es que dentro de la larga disertación, Lula recordó casi afectuosamente el período en que los militares gobernaron su país, pues los integró en el medio siglo que Brasil creció en forma acelerada (señalando, claro, que no se distribuyó la renta). Más duro, en cambio, se mostró con sus antecesores demócratas de las dos últimas décadas: «El país -reconoció- quedó estancado». Advertía como futuro hombre de Estado, bajo el lema «Orden y progreso» sobre esta realidad, al tiempo que lamentaba para la región los últimos años inmersos en recesión y bajo el ataque inflacionario. Para el «trabalhista», los peores castigos para una nación. Carlos Menem, si bien no es simpatía de Lula, podía sonreír frente a este recuerdo y, tal vez, el propio Eduardo Duhalde hasta podría asociarse: él, finalmente, participó como vice de ese ciclo activo y estable de la Argentina.

Podría pensarse que Lula, seguramente asesorado por Itamaraty al extremo, deslizó por error estas observaciones. Pero, al avanzar en otros capítulos substanciales del discurso, no casualmente se detuvo en otorgarle mayor entidad al Mercosur (para él, hoy congelado) en base a instituciones comunes, políticas, sociales y económicas. Dijo que propenderá a la creación de esos institutos, sobre los cuales Menem ha firmado más de un libro y su ex ministro Roberto Dromi ha escrito varios tomos prácticos. De los que hoy hablan en el gobierno para mejorar el Mercosur -lo mismo que de la izquierda- no se conoce ninguna línea publicada, ninguna investigación, sólo declaraciones.

• Ingenuidad

Lula, con alguna ingenuidad, sostuvo que saluda al capital extranjero, siempre que sea «productivo». Pensamiento duhaldista sencillamente inexplicable en la voz presidencial del visitante, aun por diplomáticos brasileños. Pero debía quedar bien con su anfitrión, no hablar de la rentabilidad y, por el contrario, sostener -más inocentemente aún- que detesta a los «especuladores que ponen sus dineros en países que ni siquiera saben dónde están situados». Como si Internet no sirviera o el que compra bonos o acciones antes debe hacer un curso de geografía para determinar sus inversiones. Se supone que Itamaraty aún no tomó las riendas totales de las palabras del nuevo presidente. O, en todo caso, que como gremialista Lula habla igual que los industriales de San Pablo, para los que «productivo» significa devaluación, subsidios, cuotas arancelarias, economía cerrada. Importó, al margen de este despiste paulista o casi bonaerense, su persistencia en negociar frente a los Estados Unidos (o el ALCA) en bloque, como Mercosur.

• Tropiezo


Quizá, no por conocido, lo más interesante del mensaje, por provenir del mayor protagonista del club. En eso, tal vez, sí tropieza con Menem, no demasiado afecto a ese tipo de negociaciones grupales (podría decir «promiscuas» alguien que adhirió a las «relaciones carnales»). En cambio, como la moneda y el Parlamento comunes también se incluyeron en la propuesta de Lula, debe recordarse que estos temas no curiosamente fueron abordados por el menemismo en su momento (lamentablemente, quizás, haya que insistir en la bibliografía al respecto del riojano y Dromi, por no hablar de los papers de Guido Di Tella). Tal vez no era esto lo que esperaban de Lula quienes lo auspician localmente y gustan fotografiarse como símbolo del «cambio», en franca oposición al cambio que ocurrió en los noventa en la Argentina. Tal vez ni siquiera Lula advirtió lo que se leía detrás de su discurso. Más bien, muchos habrán querido sostenerse en la monserga habitual del «camino común», la «solidaridad», la «reconstrucción» y otras habitualidades que se repiten desde que en los '80 se creó el Mercosur y que, en general, condujeron a la nada.

Dejá tu comentario

Te puede interesar