7 de noviembre 2005 - 00:00

Peligran leyes por la pelea interna en el kirchnerismo

Alberto Balestrini
Alberto Balestrini
El kirchnerismo intentará esta semana lanzar formalmente su bloque Frente para la Victoria (FpV) en Diputados y cerrar un marco de alianzas con algunos subloques que actuarán dentro del conglomerado que será de ahora en más el oficialismo. Pero todo ese armado le servirá al gobierno para sancionar leyes después del 10 de diciembre, cuando asuman los nuevos legisladores. El problema para ellos no es ése ya que contarán entre propios y aliados con más de 120 diputados, sino lo que sucederá antes de esa fecha.

El gobierno le pidió a su bloque en Diputados que tanto el proyecto de Presupuesto 2006 como la prórroga de impuestos se votaran con la actual constitución de la Cámara, es decir, antes de la renovación. Hasta ahora parecía no haber inconvenientes, sobre todo con un duhaldismo que, si bien formó bloque aparte, no parece una amenaza para los planes del gobierno. Por lo menos es lo que predican la mayor parte de sus, hasta ahora, 23 integrantes.

El problema no parece ser ése para el gobierno, ni tampoco la oposición radical a algunos puntos de esos proyectos, sino la propia dinámica interna de la bancada kirchnerista, que hoy puede sumar con tranquilidad más de 100 diputados.

Por eso algunos peronistas no kirchneristas, pero que participan del bloque oficial, se sorprendieron cuando la semana pasada escucharon durante una reunión de esa bancada la posibilidad de postergar la votación del Presupuesto 2006 y la prórroga de impuestos hasta diciembre.

Hubo algunos que, incluso, hicieron algún planteo táctico: «Pero con el resultado de las últimas elecciones es imposible que ustedes tengan problemas para votar el Presupuesto o la prórroga de impuestos. Son temas que nadie deja de votar en el Congreso aunque se esté en contra. Sólo hay que negociar», fue el consejo. Al parecer, Carlos Snopek, presidente de Presupuesto y Hacienda, no opinó lo mismo en esa reunión sobre la posibilidad de vencer esas dificultades clásicas en toda votación.

A cierta inexperiencia en el manejo de leyes que deben negociarse, se suma en el kirchnerismo las peleas pendientes que deben resolver antes del 10 de diciembre. Es un síndrome lógico de cualquier fuerza que adquiere poder en dosis importantes, como le pasó al oficialismo en las últimas elecciones.

Decidir quién será el presidente del bloque Frente para la Victoria ya no es un ejercicio de estudiantina política, como fue, por ejemplo, desplazar a
José María Díaz Bancalari de la jefatura de la bancada PJ. A él, lo sacaron de su puesto casi con un soplido cuando integró la fórmula junto a Chiche. De hecho, se iba de la conducción del bloque PJ un duhaldista que era más kirchnerista que muchos de los que hoy juran lealtad eterna a la Casa Rosada. Se formó luego el cuarteto conductor en medio de un ambiente donde todo era fraternidad revolucionaria.

• Apuestas

Pero ahora, elegir a quién sucederá a los cuatro comandantes del bloque oficialista no es lo mismo. Las apuestas siguen girando entre los actuales jefes del kirchnerismo en Diputados: el porteño Jorge Argüello, el rionegrino Osvaldo Nemirovsci, el cordobés Carlos Caserio y el salteño Juan Manuel Urtubey -aunque no se puede olvidar que este último no entró al grupo como representante de Kirchner sino con el cargo de embajador de la oposición en el bloque, lugar que nunca ocupó.

Inmersos en esa pelea, mientras los kirchneristas definen quién será
«esa persona representante del interior que suma la confianza de los diputados y del Presidente al mismo tiempo» -como definen en la Casa Rosada al nuevo jefe de bancada que no quieren revelar y que algunos sostienen no coincide con ninguno de los cuatro-, los temas pendientes de votación parecen haberse demorado.

No es, además, la única cuestión a definir desde esta semana. Antes del 29 de noviembre -cuando juren los nuevos diputados y senadores y se elijan las autoridades de la Cámara- deberá estar nominado quién reemplace a
Eduardo Camaño. En esa carrera sigue todavía en punta el intendente de La Matanza, Alberto Balestrini, el mismo que se nominó desde que el kirchnerismo decidió que Camaño no podría seguir en su puesto.

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