11 de mayo 2001 - 00:00

Peña desborda a sus fundadores

La «Peña Joaquín V. González» fue un invento menor de 8 amigos que para crecer decidieron el año pasado llenar una mesa de otros 8 amigos de cada uno para reunir al menos 60 personas. Los apellidos de los creadores dan más idea de Barrio Norte o peronismo de alcurnia que de «pueblo». Fueron Marilú Pérez Taboada -la más activa-, Archibaldo Lanús -ex embajador de la era Menem en París-, Marta Alarcia (diputada, hija de una entrañable de Carlos Menem, la ya fallecida «Gorda» Alarcia); Verónica Llambí, parienta de Benito Llambí, el recordado embajador que introdujo a Eva Perón y fue ministro de la segunda presidencia de Juan Perón; Helena Sorondo, Cora Alvear, Ricardo Romano y Guadalupe Noble -«Lupita»-, única hija de Roberto J. Noble, fundador del diario «Clarín»-.

Tuvieron su pequeña «peñacena». Pero en la segunda quedaron sorprendidos: concurrieron 180 personas. El orador fue el escritor y periodista menemista Jorge Asís. Tuvieron otras comidas y los fundadores llegaron a la primera conclusión: el local del tradicional Círculo Italiano donde nacieron le quedaba chico a la «peña».

Además el propósito inicial de un «foro de discusión de ideas» se iba deformando hacia algo bastante impensado: la gente quería reunirse y hablar sobre Carlos Menem y la era Menem, entre otras cosas porque -algo real y lamentable-consideraban que por determinados intereses, que los hay, o ideologías se estaba precisamente exagerando con el período presidencial de Menem. De una «foto general» pasó a ser una reunión periódica donde se podían escuchar realidades y transmitirse informaciones sobre el gobierno anterior «más allá de lo que dicen los diarios». Este enfoque acotado motivó algunos alejamientos del grupo fundador, por caso de «Lupita» Noble, que luego comprendió la necesidad de un sector de la ciudadanía -nada minoritario y quizá mayoría-y retornó.

Una Peña que no pretende ganar dinero cobra barato una comida, $ 25, aunque pagan hasta los periodistas que prueban el locro. Este miércoles se llegó a un máximo impensado por los creadores: 700 personas. Hubo una bandera «Patria y lealtad» aunque sin identificar a fracción alguna. Hubo que recurrir al Cosa Salguero pero, al parecer, este fenómeno de querer escuchar «no sólo maldades y mentiras del gobierno de Carlos Menem» crece vertiginosamente y no se sabe dónde harán las próximas cenas, de ingerir magro, pero sin que sea lo importante.

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