El plenario del peronismo fue claro con Fernando de la Rúa: está dispuesto a acompañar al Presidente en su convocatoria a la unidad nacional lanzada desde San Miguel del Tucumán. Pero a condición de que primero sumen a esa foto Raúl Alfonsín y quienes lo acompañarán en su campaña electoral en la provincia de Buenos Aires -léase Federico Storani y Leopoldo Moreau-, y el Frepaso en la persona de Darío Alessandro, por ejemplo. «Primero, todos ellos en la foto; luego sí, nosotros», dijo, sonriendo, uno de los gobernadores, experto en gritar falta envido con un seis, mientras guiñaba un ojo.
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Con razones basadas en lo ocurrido hasta ahora, el peronismo cree que, de lo contrario, corre el riesgo de que, después de ser sumado con toda la pompa, aparezca Alfonsín, «Fredi» Storani, «el Marciano» Moreau y hasta Elisa Carrió haciendo campaña con ese compromiso que implica el más duro ajuste aplicado por este gobierno. Y hay que recordar que Ricardo López Murphy provocó un terremoto cuando anunció las medidas que pensaba aplicar, la mitad de severas de las que pronostica Cavallo. Fue cuando Storani dio un portazo y se fue del Ministerio de Interior. «Si sin razón ya lo hacen, ¿se imagina qué pasaría?», apuntó otro, con marcado tono provinciano. Y los primeros en advertir la eventual zancadilla fueron los sindicalistas, que de elecciones y de internas saben mucho.
A tres meses de una elección donde se decidirá la renovación de la totalidad de las 72 bancas del Senado y las 129 que conforman la mitad de Diputados -definiendo el Poder Legislativo que controlará el Congreso hasta las presidenciales de 2003-, los peronistas no están dispuestos a dar ninguna ventaja. Por más que la convocatoria venga orlada con exhortaciones al patriotismo y a exhumar el misticismo. También los radicales son expertos en elecciones, internas y de las otras. La sospecha del peronismo respecto de la actitud de hombres como Alfonsín y del radicalismo en general -y su real voluntad por acompañar a De la Rúa y al resistido Domingo Cavallo; no olvidar que fue el ex presidente y ahora candidato a senador quien se negó a integrar al cavallismo a las listas de la Alianza-se ve alimentada por lo que los gobernadores denominan «operaciones de todo tipo», que sigue haciendo la Alianza en sus provincias. En realidad, los radicales, porque frepasistas van quedando cada vez menos. Fue el cordobés José Manuel de la Sota el que puso el grito en el cielo cuando los senadores provinciales de la Alianza se negaron a convalidar su propuesta de un plebiscito para reformar la Constitución de Córdoba y eliminar el sistema bicameral para que sólo sobreviva la Cámara de Diputados local. «Nos ahorrábamos millones de pesos y no lo quisieron aprobar. ¿Con qué autoridad me van a venir a pedir que ajuste las cuentas provinciales cuando la Alianza me niega su apoyo para hacerlo?», se enojó ante sus pares el cordobés.
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