1 de abril 2004 - 00:00

Peronistas ya se miran en el espejo de Juárez

Aníbal Fernández
Aníbal Fernández
El bloque oficialista del Senado exigió anoche la presencia de Aníbal Fernández, a cambio de asegurarle al gobierno la aprobación de la intervención federal a Santiago del Estero. En el PJ reclamaron que el ministro del Interior explicara por qué hace 15 días dijo que no había motivos suficientes para recetar el remedio federal y ahora sí. «Tendría que contarnos qué pasó en estas dos semanas», clamaron a coro el pampeano Rubén Marín y los riojanos Eduardo Menem y Jorge Yoma, tras una fuerte y previsible polémica.

«¡Vamos a cargar con un muerto mañana (por hoy), si no votamos lo antes posible este proyecto!», dramatizó Miguel Angel Pichetto, como es costumbre cada vez que llega una demanda presidencial. « Hasta los radicales van a levantar la mano», trató de disparar el espíritu oficialista (hacia Olivos, claro).

«¡Y cómo no van a aprobar la intervención los radicales -dijo la sanluiseña Liliana Negre de Alonso-, si son los que perdieron todas las elecciones con el PJ de Santiago!». Por lo visto no fue un buen argumento el del jefe de bancada.

Antonio Cafiero
, a esta altura, se puso nostálgico y, para sorpresa de muchos, sacó a relucir un añejo compromiso afectivo. « No me pidan que vote a favor, porque nunca voy a actuar en contra de don Carlos Juárez», simuló emocionarse.

• Retrospectiva

Sin ir demasiado lejos, Ramón Saadi memoró cuando le intervino Carlos Menem su distrito. «A mí me hicieron una operación mediática», se quejó en amarga retrospectiva. Aunque no quedó clara su posición en este caso.

La sanluiseña Negre aprovechó para transmitir, una vez más, lo que ya saben en el gabinete de Kirchner. « En mi provincia, hay agentes de la SIDE infiltrados que están agitando el conflicto social contra mi gobernador», acusó, sin que nadie se hiciera cargo. Al igual que Menem, Marín, Yoma y la cordobesa Haidée Giri, pataleó por la endeblez de los fundamentos, pues, entre otras cosas, se aduce como causal de intervención la «morosidad administrativa y judicial» en Santiago del Estero.

Los representantes santiagueños, por su parte, habían clamado por la intervención. A pesar de que
Elisa Castro accedió a la banca en su condición de compañera de Juárez, quien no asumió para continuar en el cargo de gobernador que tenía en 1999, y de que Rubén Mera heredó el escaño del veterano caudillo del NOA, ambos fueron los mejores portavoces de la iniciativa de Kirchner en el bloque.

Así le pareció al santacruceño
Nicolás Fernández. «Me basta con que ellos, nuestros compañeros de Santiago del Estero, estén pidiéndonos que sancionemos la intervención», se plantó el único representante del terruño presidencial que asiste a las citas de la escudería PJ.

Cuando se arguyó sobre la falta de independencia que envuelve a los poderes Legislativo y Ejecutivo provinciales, muchos guardaron silencio -entre ellos, los santafesinos
Carlos Reutemann y Roxana Latorre, que no abrieron la boca salvo para picar unos sándwiches triples que sirvieron como tentempié-, y unos pocos deslizaron: « El último que apague la luz», en alusión a que no se sienten, precisamente, independientes del gobierno de Kirchner.

• Aceleración

No quedó explícito, pero sí implícito, en este acalorado debate a puertas cerradas, que el Congreso peronista de Parque Norte terminó de acelerar el principio del fin de los Juárez. Muy pocos se atreven a deslindar el pedido de intervención del Ejecutivo de la bronca que desataron en Néstor Kirchner los silbidos contra su esposa, la senadora Cristina Fernández, en aquella deliberación partidaria. «Ahora van por ellos, pero ¿quién nos garantiza que no van a ir por otros gobernadores justicialistas?», reflexionaron varios legisladores en voz baja.

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