Piqueteros forzados a desenmascararse
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Fue Castells, cuando llegaba al acto, quien graficó por qué, a pesar de las diferencias con Blumberg -reniegan en general de su petitorio-, marcharon ayer a Tribunales.
«¿Comparten los pedidos que hace Blumberg?», se le preguntó. «En muchos puntos no coincidimos. Pero compartimos su dolor, como tantos padres que perdieron a sus hijos. Es un padre dolorido: no podemos pedirle que sea un estadista o un revolucionario», respondió el piquetero.
• Distancia
Amontonados, en un frente compacto, los piqueteros, a pesar de ser minoritarios, lograron hacerse oír sistemáticamente. Ubicados sobre el costado derecho del Palacio de Tribunales, reaccionaron cuando Blumberg pidió bajar la edad de imputabilidad de los menores.
Fue ése, a pesar de que los caciques quisieron apagar los silbidos, el momento de mayor tensión. En rigor, una histórica consigna piquetera apunta a que la Justicia y el gobierno «criminalizan» la crisis social. Piden, de hecho, desprocesar a los 3.000 piqueteros con causas judiciales.
Lo llamativo es que, a pesar de conocer el perfil de reclamos de Blumberg -que admite no compartir, salvo en puntos como la elección directa de fiscales-, los piqueteros se hayan acoplado a la movilización.
Una contracción para los militantes del Partido Obrero -brazo político del Polo Obrero, ayer presente-que ofertaban su periódico partidario que, con título catástrofe, castigaban a Kirchner por «firmar el petitorio Blumberg», como si se tratase de un pacto satánico.
Quizá comparten el criterio de Elisa Carrió que, ayer reivindicó a Blumberg. «No creo que sean marchas de derechas reaccionarias», dijo la jefa del ARI que, como los piqueteros, parece plegarse a todo movimiento que implica un reproche a Néstor Kirchner.
Más crítica, pero con probada diplomacia, la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, le pidió a Blumberg que no haya «exclusiones» en sus marchas. «Todo exceso puede irritar o molestar», dijo para cuestionar la negativa de Blumberg a la presencia piquetera.
Sobre el final, Blumberg tuvo un gesto: mitad elogio, mitad reproche. Sin identificarlos, pero en una clara referencia a los grupos piqueteros, festejó que la marcha de ayer pudo hacerse sin «disgregaciones» ni diferencias políticas. «Todos juntos, en paz», cerró.



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