23 de abril 2004 - 00:00

Piqueteros forzados a desenmascararse

Piqueteros forzados a desenmascararse
Respetaron la forma: sacarse las pecheras, los pasamontañas, guardar los palos y doblar las banderas. Sin embargo, los piqueteros que ayer, a pesar de la queja de Juan Carlos Blumberg, se movilizaron a Tribunales, lo hicieron en soledad: tuvieron una marcha dentro de la marcha por Axel.

No eran más de 3.000 activistas, agolpados a un costado de una multitud de 90 mil personas, repartidos en dos columnas separadas, con jefaturas independientes: una la encabezó Raúl Castells, cacique del MIJD; la otra, Néstor Pitrola, del Polo Obrero.

Y, sobre todo, con premisas diferentes de las que, desde la escalinata promovió Blumberg y en la plaza avalaban, en un coro, que sin microsfletados ni capitanía política, llegaron desde barrios porteños, el conurbano y el interior del país, para plegarse a la cruzada por Axel.

De todos modos, en un punto, los piqueteros se emparentaron con Blumberg: hasta Tribunales arrastraron el dolor de sus propias víctimas, jóvenes en su mayoría, muertos en el conurbano, en muchos casos en manos de policías bonaerenses. «El gatillo fácil», repetían.

Por eso, cuando salían hacia Plaza de Mayo, donde un rato después tendrían su propia concentración, con banderas e identificaciones políticas, lo hicieron coreando una consigna recurrente: «A los pibes los mató la Policía».

En vez de sus banderas y pancartas clásicas -las amarillas del MIJD y las negras del PO-, quienes encabezaban las columnas portaban carteles con fotos de víctimas. El caso más reciente es el de Diego Duarte, un joven que desapareció en un predio del CEAMSE.

Fue
Castells, cuando llegaba al acto, quien graficó por qué, a pesar de las diferencias con Blumberg -reniegan en general de su petitorio-, marcharon ayer a Tribunales.

«¿Comparten los pedidos que hace Blumberg?», se le preguntó.
«En muchos puntos no coincidimos. Pero compartimos su dolor, como tantos padres que perdieron a sus hijos. Es un padre dolorido: no podemos pedirle que sea un estadista o un revolucionario», respondió el piquetero.

• Distancia

Amontonados, en un frente compacto, los piqueteros, a pesar de ser minoritarios, lograron hacerse oír sistemáticamente. Ubicados sobre el costado derecho del Palacio de Tribunales, reaccionaron cuando Blumberg pidió bajar la edad de imputabilidad de los menores.

Fue ése, a pesar de que los caciques quisieron apagar los silbidos, el momento de mayor tensión. En rigor, una histórica consigna piquetera apunta a que la Justicia y el gobierno
«criminalizan» la crisis social. Piden, de hecho, desprocesar a los 3.000 piqueteros con causas judiciales.

Lo llamativo es que, a pesar de conocer el perfil de reclamos de
Blumberg -que admite no compartir, salvo en puntos como la elección directa de fiscales-, los piqueteros se hayan acoplado a la movilización.

Una contracción para los militantes del Partido Obrero -brazo político del Polo Obrero, ayer presente-que ofertaban su periódico partidario que, con título catástrofe, castigaban a Kirchner por
«firmar el petitorio Blumberg», como si se tratase de un pacto satánico.

Quizá comparten el criterio de
Elisa Carrió que, ayer reivindicó a Blumberg. «No creo que sean marchas de derechas reaccionarias», dijo la jefa del ARI que, como los piqueteros, parece plegarse a todo movimiento que implica un reproche a Néstor Kirchner.

Más crítica, pero con probada diplomacia, la titular de Abuelas de Plaza de Mayo,
Estela de Carlotto, le pidió a Blumberg que no haya «exclusiones» en sus marchas. «Todo exceso puede irritar o molestar», dijo para cuestionar la negativa de Blumberg a la presencia piquetera.

Sobre el final,
Blumberg tuvo un gesto: mitad elogio, mitad reproche. Sin identificarlos, pero en una clara referencia a los grupos piqueteros, festejó que la marcha de ayer pudo hacerse sin «disgregaciones» ni diferencias políticas. «Todos juntos, en paz», cerró.

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