Largamente esperado, el show del 25 que se imaginó como embrión de una concertación plural mostró con pasmosa precisión que bajo el murmullo renovador asoma intacto el aparato político histórico del peronismo.
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Cuando, sobre las 16, Néstor Kirchner saludó desde el escenario, el acto ofrendaba una muestra de esa realidad que la Casa Rosada siempre quiso ocultar: inundada de banderas, la Plaza estaba copada por columnas del PJ, los gremios y los piqueteros.
Con la salvedad de estos últimos -aparecidos en la crisis y que, en su origen, nacieron ante la debacle de los aparatos tradicionales-, la «plaza del sí» sirvió para demostrar que, como engranaje de movilización política, el peronismo permanece intacto.
Es oportuno, sin embargo, detenerse en un detalle que no es menor: ni Carlos Menem ni Eduardo Duhalde lograron en sus horas de gloria amontonar al tumulto que ayer se congregó frente a la Casa Rosada para, cuando el sonido lo permitía, escuchar a Kirchner.
Una radiografía sobre quienes -y con cuántos «seguidores»- estuvieron en el acto de ayer resulta útil para identificar cómo se activa la «movilización» pro Kirchner y, en una lectura más preciosista, detectar a los que deben, todavía, ganarse la gracia presidencial.
Aplaudidores
Los «camioneros» de Hugo Moyano, pedestres referentes del ex duhaldismo, caciques gremiales y piqueteros de distinto rango y origen, y gobernadores llegados de todo el país, confluyeron para aportar su cuota de aplaudidores al festival del kirchnerismo.
Entre los gremios, los amigos «bien pagos» por Kirchner, aportaron las columnas más numerosas. Los « Camioneros» de Moyano, identificados con gorras y pecheras verdes, coparon 100 metros de Yrigoyen, a la derecha del palco. Por número, encabezaron el ranking. Detrás se ubicaron, más dispersos, UPCN del ex ultramenemista Andrés Rodríguez -ahora socio de Alberto Fernández en el PJ de la Capital Federal- la UOM en sus distintas tribus y la UOCRA. Más de uno, a su vez, interpretó la plaza como una procesión al final de la cual se lavarían sus pecados políticos. Ejemplos: Juan Pablo Medina, jefe la UOCRA, que apoyó con fruición a Chiche Duhalde en octubre, acercó una columna amplia. Lo mismo, con menos despliegue, hizo José Pedraza, de la Unión Ferroviaria, que se puso al frente de una caravana de ferroviarios sin decir una palabra de la causa judicial que lo atormenta. Luis Barrionuevo, en tanto, envió una comitiva reducida pero dijo presente con una bandera gigante. No tuvo casi presencia, en cambio, un sector que debería venerar a diario a Kirchner: el gremio de Obras Públicas de José Luis Lingieri juntó, apenas, a un puñado. Tampoco fue relevante lo de Juan José Zanola y sus bancarios. Más tumulto, también para explicitar su fe kirchnerista, Gerónimo «Momo» Venegas, acercó a su tropa de peones rurales de UATRE. La picardía genial fue Armando Cavalieri que «taponó» el ingreso por Diagonal Sur a la altura de la sede de la Federación de Empleados de Comercio, para que detrás de sus diezmada caravana se amontonasen columnas ajenas que luego al entrar en la plaza parecían invitadas por «El Gitano».
En el peronismo, en tanto, hubo dos grupos especialmente inquietos: de un lado, cada cual por su cuenta, los intendentes del conurbano que en octubre apoyaron a Chiche Duhalde; del otro, en un mestizaje con piqueteros, el Frente para la Victoria (FpV) bonaerense, encabezado por Felipe Solá, en abierta pulseada pública con el PJ oficial que preside José María Díaz Bancalari. Entre los primeros, se cuentan Baldomero «Cacho» Alvarez, que marchó desde Avellaneda, a pie, durante casi 40 cuadras, al frente de una columna que dijo integrada por 10 mil personas. Unos metros antes, otro ex duhaldista -sin estar presente- mostró una de las columnas más vastas: Manuel Quindimil, de Lanús, con reminiscencias 70 -no con la misma perspectiva que Kirchner- en grandes banderas con dibujos de Eva, Perón y Quindimil: casi la «trinidad peronista» del conurbano sur. Otro ex duhaldista que enfrentó al patagónico, con colorida presencia, fue Juan José Mussi, y sus columnas color naranja. También juntó muchos micros (en el conurbano, las movilizaciones se miden en esa moneda), Almirante Brown, donde manda Jorge Villaverde. Menos numerosas pero oportunamente ubicadas estuvieron las barras de Osvaldo Amieiro de San Fernando y de Oscar Zilocchi, de San Miguel, riquista que ahora mutó a kirchnerista. Lo mismo vale para Graciela Giannettasio, vice de Solá, que se puso al frente de una columna de Florencio Varela. Todos ficharon -y perdieron- en octubre pasado en el PJ de Eduardo Duhalde. Ayer, a pesar de haberse ya reconciliado con Kirchner, llegaron a la plaza forzados a «mover» más que los que ya eran kirchneristas antes de la elección.
La tercera pata de la movilización fueron los «socios» provinciales y los piqueteros. Desde las provincias, más allá de algunas presencias claras de delegados de Córdoba (José Manuel de la Sota) y Santa Fe (Rossi-Obeid, aunque hubo también una tibia presencia bajo una bandera que decía «Lole-Roxana», por Reutemann y la senadora Latorre), lo demás fue simbólico. Algunos casos: santacruceños de Juan Bontempo que viajaron 36 horas y durmieron en la sede de SMATA; tucumanos que llegaron portando inflables de Kirchner 2007; una numerosa delegación pampeana, con remeras de Carlos Verna; los gauchos salteños que trasladó la diputada Susana Canela. Postales de los que viajaron desde lejos y, con suerte, pudieron hacer notar su presencia, tapados por el despliegue de gremios, peronistas del conurbano y piqueteros. Agradecidos con Kirchner, que les dio literalmente trabajo -los jefes ocupan cargos en el gobierno- Luis D'Elía, Jorge Ceballos y Emilio Pérsico alinearon a sus seguidores para estar en la plaza. Sorprendieron, en el tumulto, otros clanes: por caso, el MUP, que levanta el nombre de Kirchner pero reniega de la «burocracia sindical y los intendentes».
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