24 de febrero 2003 - 00:00

PJ porteño: el mismo día de la interna se quedó sin candidato

La nominación de Daniel Scioli como vice de Néstor Kirchner convirtió las internas del PJ porteño en un absurdo. Scioli, a quien avalaban como aspirante a jefe de Gobierno las dos listas que competían por cargos electivos y partidarios, quedó ayer consagrado para pelear por la herencia de Aníbal Ibarra. Ahora deberá renunciar a la postulación para acompañar al gobernador de Santa Cruz en las presidenciales del 27 de abril. La situación obligará, entonces, a que el congreso partidario del distrito elija a un reemplazante para Scioli. En ese sentido, se empezó a hablar de Roberto Lavagna como sustituto. El ministro de Economía, que no aceptó secundar a Kirchner, habría acordado presentarse como candidato a jefe de Gobierno.

El PJ porteño cumplió ayer la formalidad de consagrar a Daniel Scioli como candidato a jefe de Gobierno, a pesar de que el secretario de Turismo está muy cerca de convertirse en vice de Néstor Kirchner. La situación convierte en absurdas las internas de la víspera: salvo que ocurra un hecho inesperado, el justicialismo local deberá encontrar un reemplazante a Scioli en el marco del congreso partidario, lo cual hace volver todo a fojas cero.

Por ahora, nadie imagina una figura providencial, capaz de lograr consenso y que tenga, por si fuera poco, peso para dar pelea a Mauricio Macri, Aníbal Ibarra -que irá por la reelección- y otros aspirantes al Ejecutivo del peronismo extramuros.

Scioli
llegó en condiciones inmejorables a la contienda, no obstante la proliferación de tribus domésticas y un proceso de descomposición intestino de varios años. Con Jorge Argüello, Eduardo Valdés, Alberto Iribarne, Alberto Fernández y otros admiradores de Kirchner autoexcluidos de la lidia, las dos listas que compitieron por candidaturas a diputados nacionales y de la Ciudad de Buenos Aires, así como a cargos partidarios, coincidieron en llevar la dupla Scioli-Pierini.

Así las cosas, el interés estaba centrado en la cantidad de votantes -sobre todo, independientes- que avalarían al secretario de Turismo, y en la posibilidad de que los sindicalistas Omar Viviani (Taxis), Daniel Amoroso (Casinos) y Amadeo Genta (Municipales) alcanzaran la minoría y obligaran a abrir las papeletas lideradas por los inamovibles Cristian Ritondo (Diputados), Diego Santilli (Legislatura metropolitana) y Miguel Angel Toma (presidencia del distrito).

En cuanto al primer aspecto, había satisfacción con los 40 mil asistentes a las urnas que contabilizaban los seguidores de Scioli. De todas maneras, ahí se quejaban del efecto desmovilizador que pudo haber provocado que trascendiera la proyección del candidato a jefe de Gobierno como compañero de fórmula del gobernador de Santa Cruz. Esta novedad dejó sin sentido las internas, a ojos de muchos caciques justicialistas.

En materia de números, había una puja previsible. Los gremialistas se adjudicaban anoche algo más que el 25% exigido para conseguir la 4ª ubicación en la nómina que encabezan Ritondo, Raquel Kismer de Olmos (a) «Kelly» y el portero Víctor Santamaría. Amoroso, desde el búnker del sindicato de juegos de azar, mencionaba un porcentaje de 30% de adhesiones y se consideraba escolta de Santilli. Ritondo y compañía descartaban de plano cualquier modificación a la lista que presentaron. Se adjudicaban ahí entre 80% y 75% de las voluntades y apenas les concedían 15 por ciento a sus contrincantes, amén de contar 10 por ciento de sufragios en blanco.

En las circunscripciones, hubo algunas sorpresas. En Belgrano, José Luis Acevedo -puntero de Santilli- se jactaba de una victoria histórica frente a Raúl Padró, hasta ahora mandamás de la 16ª y referente de la boleta de Viviani, Genta y Amoroso. Resultó fundamental en esta parroquia la afluencia de independientes a las urnas, sin los cuales hubiera sido difícil doblegar el «aparato» del polémico ex concejal de Capital Federal.

Otros socios del primer candidato a legislador de la Ciudad también celebraban anoche la supremacía de
Federico Saravia, hijo de Matilde Menéndez (ex titular del PAMI), y de Tito Rossato en Palermo (17ª) y Las Heras (18ª), respectivamente. La última de estas capillas es la patria chica de Santilli.

AVATARES PORTEÑOS


• Carteles con la leyenda «Toma presidente» sorprendieron a muchos desprevenidos que circularon por adyacencias de la Plaza de Mayo desde el jueves por la noche. Obviamente, no se referían a un cuarto candidato peronista dispuesto a competir con Carlos Menem, Néstor Kirchner y Adolfo Rodríguez Saá en las elecciones del 27 de abril, sino al aspirante a encabezar el PJ porteño. Había que leer la letra chica del afiche o estar bien informado para entenderlos.

• Los muchachos que se encargaron de la pegatina no escatimaron carteles en las paredes vecinas a la SIDE, domicilio laboral de Miguel Angel Toma. ¿Habrá sido para asegurarse el cobro del trabajo o, simplemente, se trató de un descuido que revela quiénes habían colgado los carteles?


• El taxista Jorge Omar Viviani, rival de la boleta de Toma-Ritondo-Santilli, mandó a sus colegas del sindicato a sufragar por la boleta que aquél encabezaba en sociedad con el municipal Amadeo Genta y el croupier Daniel Amoroso.

• Algunos de los choferes llegaron en vehículos de una mandataria, supuestamente vinculada con Viviani, además de varios radiotaxis. No obstante, tuvieron problemas para emitir el voto, ya que algunos de ellos no figuraban en los padrones partidarios o de independientes. Llamó la atención que los taxis no hayan sido utilizados para tareas habituales en anteriores internas, por caso, hacer tours de votantes desde domicilios particulares y unidades básicas hasta las mesas habilitadas.


• Los comicios empezaron a las 9, una hora más tarde que lo previsto. Al parecer, hubo problemas con el traslado de urnas hasta las 60 escuelas con cuarto oscuro (32 para afiliados y 28 exclusivas para ciudadanos independientes). Además, los fiscales llegaron tarde en algunos establecimientos.

• Al promediar la jornada electoral, se notificó un solo incidente, en La Boca (4ª circunscripción).Aparentemente, la escaramuza verbal se produjo entre miembros de una misma lista que, en el pasado, acostumbraban ubicarse en veredas opuestas.

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