Poco edificante espectáculo durante informe al Congreso
Ayer se realizó la visita mensual de rutina del jefe de Gabinete, Alberto Fernández, a la Cámara de Diputados para rendir cuentas sobre la marcha del gobierno, como exige la Constitución. Hace dos meses el ministro hasta se lució, como consignaron los diarios. Ayer, en cambio, hubo un espectáculo desagradable, con exageraciones del convocado, griterío de pie de opositores, imputaciones políticas, agresividad manifiesta en las partes y arqueo de «archivos» personales, o sea, sobre el pasado. Del tema principal a informar, que es el uso de los «superpoderes», se habló poco y sin precisiones que podían haber interesado a la ciudadanía. Por suerte las visitas educativas de escolares al Congreso de la Nación están suspendidas los días miércoles en que hay sesiones. Pero lo desagradable de ayer en el Parlamento se difunde por televisión al país, con lo cual el daño institucional se provoca igual. El jefe de Gabinete concurrió ayer temprano al Congreso para una sesión donde debía explicar la forma en que el gobierno maneja el gasto. Hubo una concurrencia extraordinaria de diputados en el recinto, aunque algunos se retiraron desairados como el bloque del ARI y el macrista Jorge Vanossi. Durante cinco horas la oposición cruzó agresiones con el funcionario.
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Pero antes de ese momento, el ARI eligió retirarse del recinto, como también lo hizo el macrista Jorge Vanossi. «Atento a las circunstancias de que el informe del señor jefe de Gabinete reproduce una vez más las características que hemos observado en las escasas oportunidades anteriores en las que compareció a esos efectos ante la Cámara de Diputados, he decidido retirarme de la sesión dada la total inutilidad que exhibe el mecanismo adoptado», dijo después Vanossi en un comunicado.
Chironi respondió muchas de las chicanas que lanzó Alberto F.; recordó, entre otras cosas, que Néstor Kirchner había emitido una declaración en 1993 respaldando la reelección de Carlos Menem e hizo una defensa de la política sobre derechos humanos y juzgamiento a militares durante el gobierno de Raúl Alfonsín.
Fue porque minutos antes Fernández había hecho alarde nuevamente de la defensa de los derechos humanos en el gobierno Kirchner como si la historia argentina al respecto hubiera comenzado allí.
Exaspera no sólo a los radicales que el gobierno minimice la oportunidad y el esfuerzo político de la decisión de Alfonsín de impulsar los juicios a las juntas militares, reivindicando sólo el accionar de Kirchner al respecto. Incluso un arista decía ayer en el recinto: «A 23 años del retorno a la democracia es muy fácil ir al Colegio Militar a descolgar cuadros. Nos gustaría saber si Kirchner en el 83 se hubiera animado a los juicios a las juntas cuando los militares aún tenían todo el poder».
La forma en que Alberto Fernández trató ese tema fue el detonante de la mayor pelea en el recinto: «Siempre valoramos mucho el juzgamiento de los militares que hizo la Cámara Federal. Alfonsín sabe cuánto lo quiero y lo aprecio», dijo y enseguida golpeó fuerte de nuevo a la sanción de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, y también los indultos de Menem.
El momento más duro para el jefe de Gabinete llegó de la mano de Chironi: «Es muy fácil hablar de los derechos humanos habiendo compartido listas con Elena Cruz (la actriz y legisladora porteña que defendió públicamente a Jorge Rafael Videla)», dijo el jefe radical en el recinto.
«Yo no sabía que ella estaba en la lista», dijo el jefe de Gabinete. Se ganó en ese momento dos reacciones inmediatas. La macrista Paula Bertol, conocida por su calma en el recinto, se paró y desde su banca le gritó: «¡Mentiroso!». Al mismo tiempo Marina Cassese, del Justicialismo Nacional, hizo exactamente lo mismo. Mientras Federico Pinedo intentaba calmar a Bertol, Sarghini le tiraba de la pollera a Cassese para que se sentara.
«Cuando la escuchamos hacer declaraciones fuimos a la Justicia a pedir que no la dejaran asumir el cargo, pero nos rechazaron la presentación porque la Alianza prefirió hacernos pagar el costo político de tenerla en el recinto», siguió Fernández explicando. Bertol, más calma luego en el Salón de Pasos Perdidos, explicaba: «El miente. Lo sé porque en esa lista yo estaba en el puesto 40. Alberto Fernández negoció con Fernando Ciro la candidatura de Elena Cruz. No entró el marido porque no había cupo para más hombres en la lista. Todo eso lo acordó el jefe de Gabinete que ahora dice que no sabía nada».
En realidad, el informe de Fernández estuvo plagado de chicanas políticas. Un ejemplo fue la respuesta que dio a la macrista Nora Ginzburg, preocupada por la seguridad en la marcha de hoy de Juan Carlos Blumberg: «Una diputada dijo que estaba preocupada por la seguridad pública. Es un tema complicado porque por más que las estadísticas muestran una cosa, la percepción ciudadana es otra. La diputada dijo que le daba miedo una declaración mía respecto de que los que iban mañana (por hoy) se hacían responsables por su participación, pero a mí mucho más miedo me daba Mathov cuidando la Plaza de Mayo el 20 de diciembre de 2001». El comentario no gustó en el recinto.




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