25 de abril 2005 - 00:00

Poco serio: en Diputados sesión cada dos semanas

Oscar Lamberto
Oscar Lamberto
Los diputados están a punto de tomar una medida concreta para solucionar la crisis que golpea desde hace tiempo al Congreso nacional y que lo muestra paralizado, sin iniciativa y como un mero apéndice del Poder Ejecutivo: van a sesionar sólo cada 15 días. Creen que así se podrá esconder la abulia reinante entre los diputados y las internas entre bloques que hacen caer las sesiones por falta de quórum. En idioma callejero se diría: «Muerto el perro, se acabóla rabia». No podrá fracasar por falta de quórum una sesión que nunca se intentó comenzar y así mermarán los papelones, muy habituales últimamente.

Oficialmente, el peronismo dio a conocer el viernes pasado -siempre sin dar nombres y «en off», como es costumbre desde hace tiempo- un sesudo análisis sobre la necesidad de «espaciar la sesiones», de acuerdo con el léxico oficial. Se explicó que para lograr mayores y mejores consensos que permitan debatir los temas en el recinto, la idea es convocar a los plenarios del cuerpo cuando existan en agenda leyes «realmente importantes que convoquen la mayor cantidad de diputados para evitar la falta de quórum».

Pero mas allá de esos esfuerzos para explicar lo inexplicable, hay varias razones que justifican el deterioro que vive el Parlamento argentino desde hace años, ahora agravado por costumbres que violan la división de poderes -como la sumisión absoluta a los designios del Poder Ejecutivo- y que hacen perder autoridad al Congreso día a día.

• Pérdida

El cóctel es letal para el sistema: los diputados no tienen incentivos para legislar porque saben que casi ningún proyecto que no responda a la línea oficialista podrá ver la luz; además, como se está en un año electoral, quienes terminan su mandato en diciembre ya perdieron la «fuerza de voluntad» y pasan poco por sus oficinas; no hay temas de fondo que debatir, mas allá de cuestiones formales, porque el Ejecutivo, en realidad, no ha enviado nuevos proyectos -«Vamos a tratar de tener proyectos fuertes en cada sesión para evitar que se caiga y mantener el mayor número de legisladores interesados en participar de los debates», dijo un vocero del bloque a través de la agencia oficial «Télam»-. La interna bonaerense y las elecciones en el resto del país terminan de embarrar el camino para conseguir quórum frente a temas complicados.

De todas formas, constitucionalmente no podrían tomarse como serios ninguno de los argumentos esgrimidos para reducir el número de sesiones. Y la realidad diaria de Diputados indica que temas divertidos hay como para incentivar a los legisladores.

En la última sesión, los diputados debatieron las modificaciones a la Ley de Procedimiento Tributario, uno de los puntales del Paquete Antievasión II. Se debe reconocer que
el tema es llano de por sí, técnicamente muy complicado y sólo comprensible por iniciados. Pero la Constitución dice que las leyes deben hacerlas los legisladores.

El problema surgió cuando
Carlos Snopek, presidente de Presupuesto y Hacienda, intentó modificar el dictamen de reforma a la Ley de Procedimiento Tributario antes de llevarlo al recinto. En ese momento, otro peronista, el santafesino Oscar Lamberto, le envió un e-mail fulminante recordándole que sólo podría volver a modificar el proyecto en el recinto.

Allí llegó la ley y cuando se comenzó a debatir,
Snopek explicó los cambios sin demasiada claridad, mientras el radical Miguel Angel Giubergia, segundo de Presupuesto y Hacienda, le aceptaba cada una de sus propuestas.

El problema fue que
el resto de la Cámara no sabía de qué le estaban hablando, cuando el hecho era de gravedad mayor ya que se estaba reformando una ley tributaria con serias implicancias en el Impuesto a las Ganancias.

Las quejas llegaron a tal nivel que el presidente del bloque radical,
Horacio Pernasetti, pidió la vuelta del proyecto a comisión, desautorizando a Giubergia.

• Explicaciones

Otros peronistas llamaban por celular a la AFIP pidiendo a funcionarios explicaciones para saber qué votar y el cordobés Luis Molinari Romero apeló a que se agilizara «el trabajo en las comisiones para que haya proyectos concretos en condiciones de ser tratados en el recinto». En realidad, fue un ataque directo a los errores que se denuncian desde hace tiempo en la comisión más importante del Congreso.

Fue a partir de ese momento que se propuso espaciar las sesiones para
generar más y mejores consensos y menos papelones en el recinto, situación que sirvió de excusa para ocultar, también, las ausencias en el recinto, la falta de motivación para legislar y la interna bonaerense que, a pesar de las caras de unidad que se quieren mostrar en el bloque, sigue dominando la escena.

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