4 de noviembre 2005 - 00:00

Por Kirchner, radicales se dividen en tres fracciones

Entre los acomodos previos a la elección de un nuevo jefe y la lectura, con ganadores y perdedores del 23/10, la UCR empezó a perfilar una fractura que, a simple vista, muestra tres bloques: 1) los pro Kirchner; 2) los anti-K que impulsan un frente; y 3) los ultras que quieren cercar el partido.

Esos alineamientos son el problema más caliente que debe abordar el radicalismo en los tiempos que vienen. Y figura como capítulo urgente en las negociaciones para definir cómo se formará la nueva conducción partidaria y la representación de los bloques en el Congreso.

En esencia, el plenario convocado para el 1 de diciembre, en el que se elegirá al nuevo jefe de la UCR, servirá de antesala para observar cómo se reacomodará el partido de cara a 2007. El dilema es, puntualmente, qué actitud tomar ante el gobierno de Néstor Kirchner.

El esquema de grupos, movimientos y postulaciones bosqueja el siguiente panorama:

• El coqueteo de Kirchner con gobernadores e intendentes de la UCR es una fiebre a la que los radicales todavía no le encontraron antídoto. El Presidente estableció vínculos directos con los mandatarios, sorteando deliberadamente la instancia partidaria, factor que enfureció a Angel Rozas, jefe del Comité hasta diciembre. Aquella sintonía es alimentada desde la Casa Rosada que imagina un armado multipartidario para 2007 del que participen, como aliados, sectores del radicalismo. En Buenos Aires la posibilidad de que Daniel Katz y Gustavo Posse formen parte de un bloque, en Corrientes, Santiago del Estero o Catamarca, entre otros territorios.

• El imán presidencial es lo que quieren anular los promotores de convertir a la UCR en un polo crítico al gobierno. El problema no es sencillo: si los -o al menos algunos-gobernadores terminan alineados con Kirchner, el radicalismo se reduciráa una fuerza testimonial
(Kirchner lo define el «fin de los partidos políticos») con una nada despreciable fuerza legislativa pero sin territorio. Además, tanto diputados como senadores -salvo excepciones-suelen responder directamente a los mandatarios. En esas condiciones, la UCR como partido y el Comité Nacional como institución, quedará vaciado y sin utilidad real. El plan, entonces, es que la elección de la nueva conducción está interrelacionada con la de las autoridades de los bloques y que todos esos cargos estén avalados por los gobernadores.

• Es allí donde surgen las distorsiones. Los dos candidatos con más chances de presidir el Comité Nacional, el mendocino
Roberto Iglesias y la bonaerense Margarita Stolbizer, comparten -aún con matices-un criterio: la UCR tiene que expandirse más allá de sus fronteras impulsando la conformaciónde un frente del que participen partidos provinciales, sectores del ARI, de Recrear e, incluso, socialistas. Los matices entre Iglesias y Stolbizer refieren a la amplitud y la orientación ideológica de ese espacio pero no sobre la cuestión central: ser opositores, quizá no violentos o cerriles, al gobierno de Néstor Kirchner. Con ese libreto, Iglesias estuvo ayer de «campaña» para presidir la UCR, almorzaron en Lalín con los radicales del Grupo Progreso» -lo coordina el ex diputado José Bielickidonde aprovechó para castigar a los radicales bonaerenses y porteños --apuntó, en rigor, a Raúl Alfonsín por los resultados electorales y defendió la idea de renovar la UCR para que no termine «reducida a expresiones locales de supervivencia».

• Sin embargo, del lado de enfrente, gobernadores -Cobos, Ricardo Colombi-; intendentes -Katz, Mario Meoni-y legisladores prefieren imaginar a una UCR de perfil progresista que se aproxime al campo magnético del patagónico. Anteayer, reunidos en La Plata, un grupo de intendentes y legisladores bonaerenses de lo que se llamó Grupo Olavarría y ahora busca nuevo logo, acordaron impulsar una «concertación» con el gobierno de Kirchner que en esta instancia sería institucional pero en el futuro podría tomar formato electoral. Fue la manifestación de un sector de la UCR bonaerense pero podría ampliarse y hacerse pública cuando en los próximos días se reúnan, en cumbre provincial, en 25 de Mayo. Sin embargo, a pesar de tener visiones distintas sobre Kirchner, los GO mantienen su alianza táctica con Stolbizer porque los une un objetivo supremo: terminar de voltear al eje Alfonsín-Moreau-Storani.

• Este trío es, en tanto, -quizá menos Storani, que espera encontrar un lugar en Diputados desde donde recuperar relevancia-el que concibe como perjudicial habilitar una alianza con sectores ajenos a la UCR. En realidad, es una actitud defensiva porque cada vez que a un no radical lo invitan a un acuerdo, pone como condición que no participen los viejos caudillos. Lo hicieron, por caso, Ricardo López Murphy y Elisa Carrió que pusieron como límite de sus acuerdos a los antiguos generales de la UCR bonaerense. Este bloque, que insiste con encorsetar a la UCR, quedó disminuido tras la elección del 23 de octubre, dato que se reflejó con la renuncia de Alfonsín a pelear por la jefatura del partido sin que eso implique que renuncie a influir en la futura decisión.

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