Casi con seguridad se aprueba hoy en el Senado la designación de Carlos Bettini como embajador en España. Pocas veces, con anterioridad, un nombramiento de esta índole tuvo tantos tropiezos. Curiosos, por otra parte. Es que Bettini, hombre de Montoneros en la década del '70 -registra la mayor cantidad de desaparecidos en su familia- y luego de fuerte desarrollo empresario en el exilio español, aparece cuestionado por sectores del alfonsinismo y por algunos legisladores progresistas. Mientras, su postulación es respaldada por kirchneristas, duhaldistas, menemistas y hasta por hombres no precisamente de izquierda. Casi una confusión política.
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Los sindicalistas Alicia Castro y Ariel Basteiro han llevado la principal carga contra Bettini, quizás por la participación de éste en el directorio de Aerolíneas Argentinas cuando se privatizó la compañía y por intereses que aún sobrevuelan en el negocio aerocomercial. Otros críticos son radicales que no pueden verse entre sí -Rodolfo Terragno y Raúl Alfonsín-, pero que en esta ocasión han coincidido en un punto de encuentro. En su defensa, también como rareza, aparecen otros que tampoco se pueden ver ( Eduardo Menem y Jorge Yoma), al tiempo que el compañero de fórmula de Ricardo López Murphy, Ricardo Gómez Diez, sostiene la propuesta de Néstor Kirchner. Si se mira de lejos o, de cerca, la cuestión es un galimatías.
Lo cierto es que Bettini ofrece un perfil casi ambiguo, pues muchos no saben si podría ser mejor embajador de España en la Argentina que de la Argentina en España. Y la impresión es correcta, hasta tal vez sería inconveniente esa imagen si los dos países estuvieran en guerra. Pero, la realidad es que los dos estados gozan de altibajos en las relaciones, pero ambos requieren de una imprescindible y pacífica relación. En consecuencia, como designación política, lo de Bettini -al margen de resultados posteriores ofrece flancos interesantes, al menos en comparación con otros favores de la política:
• Es íntimo y eventualmente socio de Felipe González, líder del socialismo español que hoy preside la Península.
• Se reconoce públicamente la relación que mantiene con Juan Carlos Rodríguez Zapatero, jefe de Estado español, quien vía su canciller Miguel Angel Moratinos y a pesar de las objeciones locales ha manifestado su beneplácito por la posible llegada de Bettini como embajador (hecho que, en otras circunstancias, a Kirchner quizás le hubiera bastado para abdicar de su inicial proposición).
• La vicepresidenta del gobierno español, María Teresa Fernández de la Vega, fue huésped de Bettini, en la Argentina, las tres veces que ella visitó el país.
• Más interesante, sin embargo, es la presencia de la madre de Bettini y de su propia hermana en la casa real de España, con casi 30 años de antigüedad en sus cargos, y con obvia y preferente atención de los dos monarcas. No es común entonces que un embajador reúna ese tipo de vínculos al país que lo envían, bajo ningún concepto podrá alegar falta de información o contactos. Lo que tal vez cuestionen quienes lo observan es el tipo de contactos que este diplomático pueda ejercer en el futuro. Prevenciones, cuestionamientos empresarios, posibilidad de negocios personales, dudas en fin sobre la actividad futura de Bettini. De eso parecen asustarse los sindicalistas del aire y los radicales, quienes hasta se han olvidado que la madre del candidato le donó la casa a Ricardo Balbín donde vivió (ya que consideraba que un candidato a presidente no podía presentarse a elecciones generales sin tener un inmueble a su nombre).
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