El subloque kirchnerista de la Cámara de Diputados está a punto de quebrarse aun antes de haber comenzado a funcionar. Un récord de internismo. Se trata de las críticas y peleas entre los cuatro grupos que se disputan la representación oficial de Néstor Kirchner en el bloque peronista. La directiva inicial que tuvieron los negociadores del kirchnerismo fue conseguir el control de 14 comisiones; en realidad, aspiraban a 12 y suficientes lugares en la mesa de conducción de la bancada para garantizar el control. Pero los 48 diputados que hoy integran el sector Casa Rosada de Diputados sólo consiguieron la jefatura de tres comisiones -otras dos son para sureños pero cercanos a Eduardo Duhalde-, cuatro lugares en la mesa -sobre un total de 17- y la vicepresidencia de la Cámara para el santacruceño Eduardo Arnold. Quedaron tantas exigencias por cumplir que el subloque, recién en formación, estalló en crisis.
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La negociación con el duhaldismo estuvo liderada por Arnold, el mendocino Alfredo Fernández y Osvaldo Nemirovsky, sobre los que pudo más la experiencia duhaldista en el tema.
Así quedaron Silvia Esteban en Educación, cuestionada por falta de antecedentes en la materia; Guillermo Amstutz en Comunicaciones y Hugo Perié en Derechos Humanos. Los kirchneristas suman a la lista a los chubutenses Eduardo De Bernardi en Intereses Marítimos y Julio Ingran en Defensa del Consumidor, pero lo cierto es que ellos todavía mantienen lazos de lealtad con Duhalde.
En la mesa de conducción, Kirchner tiene al fueguino Daniel Gallo, los misioneros Julio Humada y Juan Manuel Irrazabal y el santacruceño Daniel Varizat.
• Norma eterna
Existe una regla eterna en toda negociación en el Congreso: cuando hay más afuera que adentro la ruptura es inminente. La prueba de esto la dan, por ejemplo, Mónica Kuney, incondicional de Kirchner que no ocuparía finalmente un lugar en la mesa, o el chaqueño José Mongeló.
Ellos, para peor, están dentro del grupo que quiso sacar de la mesa de conducción al santafecino kirchnerista Julio Gutiérrez -por no ser de «paladar negro» a pesar de haberse peleado con su jefe y pariente político Carlos Reutemann para apoyar al santacruceño en la campaña electoral- y fracasó en el intento al ser Gutiérrez confirmado en la conducción.
En las divisiones del kirchnerismo tampoco son bien vistos algunos históricos del Grupo Talcahuano como Ricardo Falú, que retuvo la conducción de Juicio Político o el ya mencionado caso de Gutiérrez. Se los acusa, también, de haber arreglado su situación personal sin pensar en el grupo.
Afuera de este esquema quedaron los transversales como Miguel Bonasso, asiduo visitante de la Casa de Gobierno, pero que no encontró defensa en el Congreso, o Juliana Marino.
Todos, finalmente, incluyendo a quienes pelearon en sus provincias por Kirchner y ganaron, les critican a los negociadores haber sido pasados por encima por el duhaldismo y haber cerrado un esquema que el propio Presidente no convalida y ahora quiere renegociar.
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