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• Costo político
En discursos de tribuna son comprensibles algunos excesos de estilo, aun de contenido si son leves. Y más si quien habla quiere simular el aire de estudiantina juvenil, a la que todo se le perdona. ¿Merecían esa frase los gobiernos que pagaron el costo político de emprender otras vías de superación de la dialéctica del odio que nació en la represión clandestina de las guerrillas? ¿El juicio a las juntas militares fue una forma de callar esas atrocidades? Ese tribunal se levantó en democracia y cuando las Fuerzas Armadas eran más fuertes que hoy.
Tampoco soluciones apuradas a punta de pistola como las leyes de punto final merecen este calificativo porque siguen siendo señaladas como avances en su momento únicos en países que salían de dictaduras y transitaban hacia la democracia.
Esos juicios, esas leyes y hasta los indultos de la era Menem -caminos que la experiencia demuestra fueron insuficientes- contribuyeron a la superación en la Argentina de las hipótesis de golpe militar, que es lo que hace posible que un presidente, recubriéndose con el solo ropaje de «compañero», recorra los pasillos del Colegio Militar derribando cuadros. Vale mencionarlo para avivar la memoria del Presidente.
Lo demás es nostalgia de quien juega al «si yo fuera presidente», habla de «mis compañeros de la generación que creyó y que sigue creyendo en los que quedamos que este país se puede cambiar», expresa los temores porque «vimos la claudicación a la vuelta de la esquina», la crítica a los que «están agazapados y que esperan que todo fracase para que vuelva la oscuridad sobre la Argentina».
Sin pelear
La «recuperación» de la ESMA se produjo en dos planos: el avance masivo del público luego del acto de Kirchner tuvo un tono totalmente diferente al que, unas horas antes, realizaron algunos ex detenidos y funcionarios del gobierno. No todos los que estuvieron alojados en ese predio lograron la tarjeta VIP para ingresar en el lugar. Detrás de las rejas, un ex detenido, con larga militancia en Montoneros, expresó, con ironía mordaz, ese malestar: «No voy a andar a los empujones para entrar en la ESMA.Yo estuve seis años ahí adentro. Antes, te iban a buscar a tu casa y te traían en auto. No voy a andar ahora peleando para volver a entrar».




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