25 de marzo 2004 - 00:00

Redobló el ataque a los gobernadores

En el empeño de sacar provecho del debate sobre la expropiación (así la llama Hebe de Bonafini) de la ESMA, Néstor Kirchner buscó en el discurso de ayer apropiarse de la exclusividad en la militancia en una guerra de la cual la historia sólo lo registra como testigo. Blanco de su ira fueron los gobernadores del PJ, a quienes criticó sin nombrarlos. «Esto no puede ser un tira y afloja entre quién peleó más o peleó menos o algunos que hoy quieren volver a la superficie después de estar agachados durante años que no fueron capaces de reivindicar lo que tenían que reivindicar», dijo en el párrafo más virulento del discurso con referencia a la queja que hicieron los cinco mandatarios de las provincias más ricas, es decir, independientes de la ayuda inmediata y directa de la caja que maneja el gobierno nacional.

También englobó a esos gobernadores a quienes vetó la ultristra Bonafini por cómo administran sus provincias -son Felipe Solá, Jorge Obeid, José Manuel de la Sota, Jorge Busti y Carlos Verna- en la corporación política de la que trata de despegarse en su carrera por acumular el poder propio que no logró en las urnas.

«Este paso -el desalojo de la ESMA- que estamos dando hoy, no es un paso que deba ser llevado adelante por las corporaciones tradicionales que por allí vienen especulando mucho más en el resultado electoral o en el qué dirán que en defender la conciencia y lo que pensaban o deberían haber pensado

Empleó el mismo olfato pampa con que desmarcaba en los años '90 -cuando sí fue protagonista más que testigo- de sus pares los gobernadores cuando debían negociar algún acuerdo fiscal, retirándose de las reuniones antes que los demás para criticarlos muchas veces por hacer en conjunto lo que él hacía individualmente (por caso, lograr un aporte extra de la Nación a Santa Cruz a cambio de una forma de pactos con que lo benefició Domingo Cavallo).

Fustigó en el mismo estilo a los dirigentes «de la corporación» por «haber estado agachados durante años». Ese insulto abre una brecha que costará cerrar frente a quienes hoy le van a reclamar a este presidente, que está en la vida pública desde hace 20 años, los testimonios sobre lo que hizo Kirchner para reivindicar lo que hoy niega otros hicieron en estos 20 años.

En la redada comprometió también a los radicales e independientes y demás protagonistas de la vida pública del país al decir que venía «a pedir perdón de parte del Estado nacional por la vergüenza de haber callado durante 20 años de democracia por tantas atrocidades».

• Costo político

En discursos de tribuna son comprensibles algunos excesos de estilo, aun de contenido si son leves. Y más si quien habla quiere simular el aire de estudiantina juvenil, a la que todo se le perdona. ¿Merecían esa frase los gobiernos que pagaron el costo político de emprender otras vías de superación de la dialéctica del odio que nació en la represión clandestina de las guerrillas? ¿El juicio a las juntas militares fue una forma de callar esas atrocidades? Ese tribunal se levantó en democracia y cuando las Fuerzas Armadas eran más fuertes que hoy.

Tampoco soluciones apuradas a punta de pistola como las leyes de punto final merecen este calificativo porque siguen siendo
señaladas como avances en su momento únicos en países que salían de dictaduras y transitaban hacia la democracia.

Esos juicios, esas leyes y hasta los indultos de la era
Menem -caminos que la experiencia demuestra fueron insuficientes- contribuyeron a la superación en la Argentina de las hipótesis de golpe militar, que es lo que hace posible que un presidente, recubriéndose con el solo ropaje de «compañero», recorra los pasillos del Colegio Militar derribando cuadros. Vale mencionarlo para avivar la memoria del Presidente.

Lo demás es nostalgia de quien juega al «si yo fuera presidente», habla de
«mis compañeros de la generación que creyó y que sigue creyendo en los que quedamos que este país se puede cambiar», expresa los temores porque «vimos la claudicación a la vuelta de la esquina», la crítica a los que «están agazapados y que esperan que todo fracase para que vuelva la oscuridad sobre la Argentina».

Sin pelear

La «recuperación» de la ESMA se produjo en dos planos: el avance masivo del público luego del acto de Kirchner tuvo un tono totalmente diferente al que, unas horas antes, realizaron algunos ex detenidos y funcionarios del gobierno. No todos los que estuvieron alojados en ese predio lograron la tarjeta VIP para ingresar en el lugar. Detrás de las rejas, un ex detenido, con larga militancia en Montoneros, expresó, con ironía mordaz, ese malestar: «No voy a andar a los empujones para entrar en la ESMA.Yo estuve seis años ahí adentro. Antes, te iban a buscar a tu casa y te traían en auto. No voy a andar ahora peleando para volver a entrar».

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