15 de marzo 2005 - 00:00

Salta J.J. Alvarez al generalato duhaldista; ¿también candidato?

Eduardo Duhalde
Eduardo Duhalde
Desde siempre, Eduardo Duhalde supo que en alguna estación de la historia su mayor fortalezase convertiría en su peor condena: que su criatura, imprescindible en la hora venturosa, le mordería la mano y, para sobrevivir, tendría que sacrificarla.

La criatura es la estructura aparatosa y viciada, pero al mismo tiempo aceitada e imbatible -o casi- que el catálogo de la política estigmatiza en términos genéricos como duhaldismo, sello que delata el origen y, sobre todo, la identidad de su creador.

Acorralado por Felipe Solá y -desde otro lugar- por Néstor Kirchner, este sábado el ex presidente mostrará un experimento de emergencia en el que pone en juego la supervivencia del PJ bonaerense: mandará al ring al neoduhaldismo, que imagina como la reforma partidaria se debe el PJ bonaerense.

Con éxito mediático, Solá se dedicó a achacarle todas las pestes y Kirchner, sin dar su DNI -pero transparentando a quien apunta- suele taladrarlo vapuleando las «viejas prácticas políticas». En ese potrero, Duhalde pierde una y otra vez. Entonces, la fórmula -ni ocurrente ni novedosa- para volver a tener siquiera la chance de un empate es poner otros jugadores.

Por eso el libreto que redactó Duhalde es puntual: staff y discurso renovado para ejecutar el postergado recambio de dirigentes e iniciar el debate largamente silenciado en el duhaldismo. Y, claro está, para intentar empardar al felipismo en la pulseada pública donde siempre le magullan la cara.

Del éxito de esa operación depende, les dijo Duhalde a los suyos, el destino de «su» peronismo, el que por casi dos décadas controló la provincia de Buenos Aires y apabulló con votos -salvo ante Graciela Fernández Meijide- a todo aquel que lo desafió.

Pero
¿cuánto de real y cuánto de simulacro hay en la maniobra? Duhalde tendrá que probar que la operación no es sólo un baile de apariencias para soportar el aguacero ácido de estas horas hasta que vuelva a alumbrarlo el sol de otro día peronista.

En rigor, requiere un gran esfuerzo de imaginación suponer que -excepto el ex presidente que tiene un futuro más o menos dorado en el Mercosur-los coroneles bonaerenses se deslizarán mansamente, sin pataleos ni arañazos, a la jubilación política.

Duhalde afirma que contagió a sus viejos compinches la necesidad de que, de a poco, ese proceso se vaya ejecutando. Por lo pronto, definió la forma y el fondo con que pondrá en marcha su experimento de supervivencia:

• Seleccionó un puñado de dirigentes que conducirá la agrupación Lealtad Peronista que este sábado, sin la presencia de
Duhalde ni Chiche, se lanzaráen el polideportivo municipal de Tres de Febrero, como herramienta para la todavía incierta interna peronista en la que busca combatir al felipismo. La lista se abre con el diputado, ahora secretario de Seguridad porteño, Juan José Alvarez, quien será proclamado jefe de una mesa a la que sentarán el titular de la ANSeS, Sergio Massa; el intendente de Dolores, Alfredo Meckievi; el diputado provincial Julián Domínguez; el diputado nacional Jorge Villaverde; y el platense Pablo Bruera, entre otros. También iría Baldomero «Cacho» Alvarez pero Duhalde no quiere que las autoridades de Lealtad ocupen, al mismo tiempo, cargos relevantes en el PJ.

• No figura ninguno de los apellidoshistóricos del duhaldismo (el lector puede citar a elección) que, sin embargo, estará en la platea el sábado cuando unos 3.500 dirigentes, sin bombos, choripanes ni fila de micros -como es un clásico de los actos duhaldistas- asistan a la
entronización de esa conducción que, en los hechos, convierte en leprosos a los que Duhalde no bendijo como aptos para integrar el neoduhaldismo. De todos modos, no implica que el resto debe irse detrás del biombo: de hecho, el cierre del show del sábado lo hará José María Díaz Bancalari, como presidente del PJ bonaerense.

• El ex presidente quiere que ese staff se convierta en
« gladiadores mediáticos» para contrarrestar los embates del felipismo y se constituyan en, como bromeó un excluido, la « esperanza blanca» del duhaldismo. Hay un dato: muchos -J.J. Alvarez, Meckievi, Domínguez-fueron ministros de Solá, otros fueron tentados para serlo -Massa-y los terceros -B. Alvarez-fueron sus socios políticos. «¿Si antes fueron lo suficientemente buenos políticos para ser sus funcionarios, hoy se convierten en malos por estar en la vereda de enfrente?», se preguntan, mordaces, los duhaldistas.

• En ese proceso, que mete el dedo en las contradicciones del felipismo,
J.J.Alvarez -que recién asumirá en mayo, cuando deje su cargo porteño-es clave: fue aliado en los Tres Mosqueteros de Alberto Balestrini y Julio Alak, los dos jefes más poderosos del armado felipista. Una manera de desmerecer la proclamada renovación del felipismo a la que adicionan un chascarrillo sobre Alak y sus numerosas reelecciones como intendente de La Plata: «Hace 20 años que vengo peleando contra la vieja política», le hacen decir para bastardearlo.

• A la antigua sintonía entre unos y otros, los duhaldistas sumarán un
«punteo» para detectar a los referentes que amontonó el felipismo. Citan, como paradigma, que José Luis « Patón» Pérez, ex menemista que fue compañero de fórmula de Luis Patti en las elecciones de 2003, asumirá un cargo en la provincia a pedido de Solá. «¿Ese es el peronismo renovador?», preguntan, contando las costillas del enemigo.

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